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Crónica:FÚTBOL | 23ª jornada de Liga

El Madrid gana el partido imposible

El conjunto de Luxemburgo, incapaz durante 80 minutos ante el trepidante juego de Osasuna, recibe dos regalos de Sanzol

El Madrid dejó claro en El Sadar que gana los partidos fáciles, los difíciles y los imposibles. Como éste. Osasuna tuvo la oportunidad de destrozarle con un fútbol sencillo, intenso, profundo y poderoso. Es decir, como siempre. Porque el encuentro no se salió ni un milímetro de lo previsible. Fue el mismo Madrid que tantas veces ha fracasado en Pamplona, el mismo equipo inhibido, sin respuesta a la avalancha de Osasuna, que acribilló la portería de Casillas. Marcó un gol, remató dos veces al larguero, exigió del portero un par de intervenciones prodigiosas, perdió tres ocasiones sencillas frente a la portería y regaló la victoria al Madrid. Se la regaló Sanzol, el portero, por decir algo. Tuvo manos blandas en el primer gol y no tuvo manos en el segundo. El Madrid, que parecía destinado a sufrir su tradicional descalabro en El Sadar, se encontró con una victoria crucial, la más difícil en la impecable trayectoria del equipo bajo la dirección de Luxemburgo. Si puede ganar un partido así, puede ganar cualquiera.

OSASUNA 1 - REAL MADRID 2

Osasuna: Sanzol; Izquierdo, Josetxo, Cruchaga, Clavero; Puñal, Pablo García; Valdo, Morales (Milosevic, m. 77), Moha (Delporte, m. 82); y Webó (Aloisi, m. 53).

Real Madrid: Casillas; Salgado, Helguera, Samuel, Roberto Carlos; Beckham, Gravesen (Solari, m. 60), Guti (Owen, m. 73); Zidane; Raúl y Ronaldo (Borja, m. 90).

Goles: 0-1. M. 35. Morales pasa a Webó, que con un zapatazo bate a Casillas. 1-1. M. 76. Owen, de cabeza tras un rechace. 1-2. M. 79. Sanzol no bloca y Helguera marca a placer.

Árbitro: Pérez Burrul. Amonestó a Josetxo, Puñal, Salgado, Gravesen, Pablo García, Roberto Carlos, Delporte y Clavero.

17.000 espectadores en El Sadar. Mateo Garralda, capitán de la selección española de balonmano, hizo el saque de honor. Crónica, por TV.

Durante 80 minutos, el Madrid no dio ninguna respuesta al fragoroso juego de Osasuna. No hubo ninguna novedad en este aspecto. Es un equipo que tiene marcado en rojo este duelo. En El Sadar se crea una mística especial y el resto es predecible: Osasuna empotra al Madrid en su área, lo saca del campo, le abruma con ocasiones de todos los colores y, generalmente, se impone con contundencia. Ocurre cualquiera que sea la generación de jugadores, cualquiera que sea el entrenador y cualquiera que sea la alineación del Madrid, con figuras o sin ellas. Luxemburgo desplegó a su equipo más lujoso y tampoco hubo manera de parar a Osasuna. De nuevo volvieron los insuperables problemas de Roberto Carlos con Valdo, autor de un partidazo. Tampoco fue novedoso el sufrimiento de los centrales ante Morales, un tallo de impresión que toca cualquier cosa que vuele. Tocó el largo lanzamiento de Pablo García y ningún defensa prestó atención a la jugada, culminada por Webó con un zurdazo impresionante.

Esa jugada resumió el sencillo ideario de Osasuna y el déficit defensivo del Madrid. Lejos de mantener un mayor número de defensas que de delanteros rivales en aquel lanzamiento desde el medio campo, el Madrid permitió un inaudito uno contra uno. Samuel con Morales. Perdió. Helguera con Webó. Perdió. Nadie estaba allí para corregir, para prever cualquier emergencia. No estaba Míchel Salgado, por ejemplo, ni el medio centro defensivo. Total, que el Madrid convirtió una falta frontal en algo parecido a un contragolpe implacable. Son las cosas de este equipo. La jugada tuvo otra lectura añadida. Frente a delanteros como Morales es mejor no entrar al cuerpo a cuerpo. Es el típico jugador que alarga la jugada porque desvía el balón con la cabeza. Por lo demás, sus limitaciones son considerables. Tiene por pie una teja y ni tan siquiera es un rematador. Sólo es peligroso porque genera segundas jugadas, así que no conviene preocuparse con él, sino con sus desvíos. El caso es que la defensa del Madrid no se enteró del asunto en toda la noche.

Nada se puede reprochar a la actuación de Osasuna. Pablo García fue un mariscal en el centro del campo. Los extremos hicieron un trabajo notable en los flancos, especialmente Valdo, que se impuso sin concesiones a Roberto Carlos, siempre débil en El Sadar. Webó y Morales no dieron tregua a los centrales. Y los defensas permanecieron atentos a cualquier distracción, que no se produjo. El Madrid sólo vio a Sanzol con prismáticos. Cuando por fin se acercó para comprobar cómo era el portero se encontró con que no había portero. Eso sucedió a última hora y resultó decisivo en la victoria. Hasta eso momento, el Madrid dependió de Casillas, excelente en varias intervenciones. Donde no llegó Casillas apareció el larguero, especialmente en un tiro espectacular de Valdo. Del resto se ocupó la torpeza de los delanteros locales, incapaces de convertir en goles varias llegadas al área sin apenas oposición.

Del Madrid no hubo noticias hasta los goles. Fuera de la estupenda actuación de Casillas, nadie alcanzó el aprobado. Salió Gravesen como medio centro y Guti como interior izquierdo. La cosa se puso tan complicada que Luxemburgo les retiró del campo en el segundo tiempo. Al entrenador no le valía nada. Colocó a Solari en el eje, ante la sorpresa del jugador, y confió en la baraka. Parecía un mago de feria con su gorro-turbante, un mago bien relacionado con la suerte. Que se lo digan después del partido de El Sadar. Su equipo fue un desastre, pero dos faltas fueron suficientes para cambiar el destino del duelo. Dos faltas y dos errores del portero de Osasuna. Del resto se ocuparon Owen, cuyo papel comienza a tener sentido con algo parecido al efecto Owen, y Helguera. Los dos aparecieron en el momento oportuno para dejar la pelota en la red y dar la victoria al Madrid en un partido imposible de ganar. Pues lo ganó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de febrero de 2005