Reportaje:CRÓNICA VERDE

Alas en rojo

La Sociedad Española de Ornitología teme por la supervivencia de un centenar de aves

Durante más de dos años un nutrido grupo de ornitólogos, repartidos por toda la geografía nacional, ha examinado la situación de las aves en España, de manera que pudieran identificarse aquellas especies y subespecies que sufren algún tipo de amenaza. El operativo, puesto en marcha por la Sociedad Española de Ornitología (SEO) con el respaldo del Ministerio de Medio Ambiente, permitió recopilar abundante información y, sobre todo, actualizar los datos que ya se habían recogido en 1992, cuando se publicó el Libro rojo de los vertebrados de España.

En total, 160 expertos han examinado la situación de las cerca de 400 especies y subespecies (taxones) de aves que habitan en nuestro país, para centrar su atención en un grupo de 175, aquellas que reúnen los requisitos establecidos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para considerar que están sometidas a algún grado de amenaza que hipoteca su supervivencia. Si a este grupo le restamos aquellos elementos de los que se precisa más información para evaluar su estatus (25) y aquellos otros que padecen un riesgo menor (32), el interés de los ornitólogos se concentra en 99 especies y subespecies que, en España y de acuerdo a la catalogación de la UICN, se encuentran en "peligro crítico" (15), en "peligro" (39) o son "vulnerables" (45).

Dicho de otra manera, y una vez concluida la investigación, se puede afirmar que el 57% de la avifauna española se enfrenta a problemas de conservación, y que muchos de los factores de riesgo que ya se pusieron de manifiesto hace doce años siguen sin resolverse. De hecho, y pesar de lo mucho que ha evolucionado la política ambiental en todo el país, hay especies que claramente han visto cómo empeoraba su situación. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la alondra ricotí, la terrera marismeña, la tarabilla canaria, el herrerillo común, la chova piquirroja o el cuervo canario.

También es cierto que hay aves cuya situación ha mejorado desde 1992, como es el caso de la garcilla cangrejera, la cigüeña negra, el morito común, la espátula común, el flamenco, la malvasía, el elanio común, el buitre negro, el quebrantahuesos o el águila imperial, todas ellas, por cierto, presentes en Andalucía. Hay, incluso, especies que han conseguido librarse de esa condición de amenazadas, por lo que, al menos de forma temporal, no se consideran en peligro, como ocurre con la cigüeña blanca o el calamón común.

Toda esta información se ha recogido, de manera pormenorizada para cada especie o subespecie, en el Libro rojo de las aves de España, que acaba de publicar el Ministerio de Medio Ambiente, y en el que, además de certificar el estatus de estos animales, se repasan los principales factores que inciden, de forma negativa, en su supervivencia.

En lo que se refiere a Andalucía, inquieta, sobre todo, comprobar cómo de los quince taxones calificados "en peligro crítico", siete han llegado a tener, o tienen, algunas de sus poblaciones más importantes en el sur de la Península Ibérica. Así ocurre con el avetoro común, que como reproductor se considera extinguido de las zonas húmedas del Bajo Guadalquivir desde hace más de una década, y que en todo el país apenas mantiene una población de unos 25 machos territoriales. El ánsar campestre de la tundra, que llegó a ser el ganso más frecuente en gran parte de España, lleva desaparecido como invernante cerca de 20 años, aunque todavía se ven algunos ejemplares aislados en las marismas del Guadalquivir, intercalados entre los grandes bandos de ánsares comunes que acuden a este humedal.

El tarro canelo, que llegó a concentrar alrededor de 500 ejemplares invernantes en Doñana y su entorno hasta los años sesenta, es hoy una especie prácticamente desaparecida tanto de este territorio como del resto de la península, y tan sólo mantiene una exigua población de seis parejas en la isla de Fuerteventura. Muy parecido es el caso de la cerceta pardilla, que llegó a ser la anátida nidificante más común en las marismas del Guadalquivir hasta finales del siglo XIX y que hoy apenas reúne 50 parejas en años benignos. Sin salir de los humedales sureños, los especialistas de la SEO también citan el caso del porrón pardo, al borde de la extinción con un núcleo nidificante que oscila entre una y diez parejas, y de la focha moruna, que en años particularmente favorables sólo ha conseguido reunir unas 80 parejas.

Para terminar, el torillo andaluz, aseguran los redactores de El libro rojo de las aves, "es sin duda una de las especies más enigmáticas del viejo continente, porque nada o casi nada se sabe de su tímida existencia en nuestro país". De este ave, considerada como las anteriores "en peligro crítico", sólo se tienen "indicios de su existencia en Huelva y Cádiz".

El doble de cigüeñas

Mientras que un buen número de especies se enfrentan a una peligrosa reducción de sus efectivos que podría, incluso, conducirlas a la extinción, otras, que también pasaron por momentos delicados, disfrutan ahora de un cierto esplendor. Quizá el caso más llamativo sea el de la cigüeña blanca que, en España y en una década, ha duplicado su población, pasando de las 16.643 parejas censadas en 1994 a las cerca de 33.000 que se anotaron en la primavera del pasado año. Gracias a este crecimiento sostenido, nuestra zancuda más popular no figura ya en el libro rojo. Diferentes circunstancias explican este fenómeno: desde una mayor conciencia social hasta una fácil disposición de alimento gracias a los vertederos urbanos, pasando por la corrección de algunos elementos que amenazaban a las cigüeñas, como ciertos tendidos eléctricos, o unas condiciones meteorológicas benignas en los momentos de cría o invernada. También ha influido un llamativo cambio en la conducta migradora de esta especie, que cada vez se siente menos atraída por los cuarteles de invierno africanos y permanece así en tierras españolas todo el año. De hecho, en 1995 se mantuvieron durante el invierno en España unas 7.500 parejas de cigüeña blanca, lo que suponía menos de la mitad de la población, mientras que el pasado año fueron 32.000 las que renunciaron a emigrar, el 97 %.

En Andalucía la población de cigüeña blanca ha pasado de las 1.551 parejas censadas en 1994 a las 3.409 del pasado año. El incremento más llamativo se ha registrado en la provincia de Sevilla, que hace una década albergaba a 426 parejas y hoy ofrece cobijo a 1.391 parejas. Aunque en Almería y Granada esta especie sigue sin nidificar.

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