Arte refinado
Estudio de Gurgenidze.
Revista 64, 1994.
Hay dos cosas fáciles de ver: el primer movimiento, 1 h7, y la respuesta 1... T - d3+ con la idea de llevar la torre a h3 si el rey no lo impide. Si lo impide, la torre puede seguir dando jaques. Pero pronto descubrimos que los recursos de las negras parecen terminar en cuanto el monarca blanco llegue a la casilla g5, ya que el peón de c4 evita el jaque en d5. Es entonces cuando empieza la sinfonía de trucos por parte de uno y otro bando. Y la guinda final la pone el aparentemente despistado caballo en d8, que en realidad es la clave del estudio. La jugada más difícil, por su diabólica profundidad, es la segunda del blanco: 2 Rg2!!, ya que no vale 2 Rg4? por el sibilino truco 2... Td4+ 3 Rg5, Th4! 4 R - h4, g5+ 5 Rh5 (o bien 5 R - g5, Rg7, y ganan las negras) 5... Rg7 6 Cf7, R - h7 7 C - g5+, Rg8 8 Ce4, b2, ganando. Pero, ¿qué extraña idea anida detrás de llevar el rey a la segunda fila, permitiendo la captura del peón de d2 con jaque? Veamos qué pasa: 2... T - d2+ 3 Rg3, Td3+ 4 Rg4, Td4+ 5 Rg5, Th4! (un momento: ¿no estamos igual que en la variante a la segunda jugada del blanco, cuando las blancas perdían por el truco sibilino? ¡No, la diferencia está en que el peón de d2 ya no existe! Y ahora veremos por qué ese detalle insignificante a primera vista es la sustancia de esta deliciosa creación: 6 R - h4, g5+ 7 Rh5!, Rg7 8 Cf7, R - h7 9 C - g5+, Rg8 10 Ce4, b2 11 Cd2. Todo es ya cristalino: el caballo sujeta con firmeza a los otros amenazantes peones negros, y al blanco le quedan dos peones. Si el rey negro se queda en el rincón para evitar que corone el de h2, el monarca blanco irá a comerse el de d7, y coronará el de c4. De modo que todas las piezas y peones cumplen alguna función en esta preciosa joyita.
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