Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:ROBERT MABRO | EXPERTO MUNDIAL DE PETRÓLEO | ENTREVISTA

"El mercado del petróleo es un casino como la Bolsa o las divisas"

Robert Mabro, nacido en Alejandría, Egipto, hace casi 70 años, es el presidente del Oxford Institute for Energy Studies. Este economista, que vivió las grandes crisis del petróleo en 1973 y 1979, cree que las subidas actuales de precios ya suponen un verdadero choque para la economía mundial. A Mabro no le sorprendería que el petróleo suba hasta los 60 dólares por barril, ya que los mercados de crudos son "un casino" como las Bolsas o los mercados de cambio

Robert Mabro tiene todas las cifras en su cerebro. En su apartamento de París, donde pasa algunos días al mes, cada pregunta es una oportunidad para reflexionar en voz alta. El diálogo al que se presta evoca al de los griegos. He aquí sus meditaciones sobre el mercado mundial del petróleo, recogidas el lunes 18, antes de la nueva oleada de subidas en los mercados.

Pregunta. ¿Se resiste usted a hablar de shock, una palabra utilizada en 1973 y 1979 para definir lo que pasa ahora en el mercado del petróleo?

Respuesta. No, para nada. Sí, todo cambio fuerte de precios, sea hacia arriba o hacia abajo, es un shock. Por más que se quiera disfrazar, estamos viviendo un shock, no hay duda. No veo ningún problema con esta palabra. La cuestión es saber qué duración tendrá. ¿Es un shock de tres meses, seis meses, un año, tres años?

"Si el invierno es fuerte en EE UU y el norte de Europa habrá una falta de fuel para calefacción, lo que provocará una subida de dicho producto y éste tirará hacia arriba el precio del crudo"

"El problema con Venezuela es que la compañía estatal no termina de controlar el sector petrolero. Además, gran parte de sus ejecutivos la ha abandonado, y los que quedan no están motivados"

P. ¿Piensa usted que los precios seguirán desbocados a corto plazo?

R. Veo con certeza altos precios durante este invierno. Pueden subir todavía más respecto a los niveles actuales. Por ejemplo, en diciembre o enero próximos no me sorprendería que subieran hasta los 60 dólares el barril. Los 80 dólares por barril es el precio equivalente, en términos reales, a los 40 dólares por barril de 1980. Si el invierno es fuerte en Estados Unidos y el norte de Europa habrá una falta de fuel para calefacción, lo que provocará una subida de dicho producto, y éste tirará hacia arriba el precio del petróleo crudo. Si no es el caso, si las temperaturas son más benignas, los precios se van a estabilizar en torno a los 47 dólares por barril. Más difícil es saber ahora qué va pasar más tarde, avanzando en el año 2005.

P. ¿Qué factores van a influir?

R. Dos. Si la tasa de aumento de la demanda en China se ralentiza, y si, al mismo tiempo, en segundo término, entra en el mercado petróleo de otros países, como, por ejemplo, Angola, las cosas pueden ir a mejor. Pero no estoy seguro. Porque hay otros factores, y éstos trabajan en sentido opuesto. Yo no creo, para señalar uno de esos factores, que la situación en Irak vaya a estabilizarse de forma rápida. Tampoco creo que los problemas en Nigeria permitan desbloquear la producción, ni que Rusia pueda forzar su capacidad para seguir aumentando su producción unos 500.000 barriles al día como este año, algo que fue posible por la extracción en campos petrolíferos fáciles. Y además, los norteamericanos están un poco locos. Cada vez que están en desacuerdo con algún país decretan sanciones sobre las compras de petróleo contra esa nación. Es el caso, ahora, de Sudán. Si el embargo se materializa dejarán de entrar al mercado 350.000 barriles al día, lo que es más que el aumento de 250.000 barriles al día que vendrán de Angola. Ya no le digo nada si empiezan con otros embargos. Pienso en Siria. No es importante lo que produce, pero si seguimos esta política...

P. ¿Y Venezuela?

R. El problema con Venezuela es que la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) no termina de controlar el sector petrolero. Aunque la situación política se ha estabilizado, la crispación social de la clase media contra el presidente Hugo Chávez, que representa a las clases populares, sigue siendo muy fuerte. Una gran parte de los ejecutivos e ingenieros, gente técnicamente competente, ha abandonado PDVSA, y los que quedan no están motivados. O peor, se sienten motivados contra Chávez. Ahora, hay que decirlo todo: la producción de petróleo sigue centrada en los viejos pozos de hace cuarenta años. No se ha invertido nada para defender los niveles de extracción. Y la caída de la producción en los antiguos pozos comenzó antes de la llegada de Chávez al poder aun cuando los opositores te dicen lo contrario. Pero, aparte de todos los factores que hemos mencionado, se añaden los huracanes en Estados Unidos y el Caribe. Siempre los ha habido, pero ahora pasa que, por ejemplo, el huracán Iván provocó a mediados de septiembre pérdidas de producción de 460.000 barriles al día. Se han reparado los pozos, y la recuperación alcanza ya los 150.000 barriles al día. Ahora bien, dejemos Venezuela y asumamos por un instante que en el año 2005 haya un aumento de la producción y una reducción de la tasa de crecimiento de la demanda de petróleo. Pero contra esto, insisto, tenemos la situación geopolítica, que no tranquiliza al mercado. En tanto que éste sienta amenazas geopolíticas, será difícil que los precios bajen...

P. El presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, cree que el problema es sobre todo la falta de petróleo crudo ligero, de mayor calidad. ¿Es así?

R. Soy un poco escéptico con esta historia de los crudos ligeros y pesados. Es verdad que tenemos una situación paradójica. El 1 de enero de 2004, el barril de brent [mar del Norte] estaba en 30 dólares. Estos días estaba por encima de los 50 dólares. Es un aumento del 67%. Cuando hay una subida tan fuerte, normalmente hay un problema de escasez; un problema, por así decir, con el petróleo físico. ¿Ha visto usted en alguna parte del mundo colas de coches en las gasolineras como en los años setenta?

P. No.

R. Yo tampoco. Nadie las ha visto.

P. Escasez, por tanto, no hay.

R. No hay un problema físico.

P. ¿Entonces?

R. Se dice: ah, el problema es que, como ha habido un aumento formidable de la demanda, no hay más capacidad excedentaria de producción. Bien. Pero también se añade que el mercado demanda más crudos ligeros y sólo hay petróleo pesado. La verdad: las compañías petroleras no han realizado las inversiones necesarias para poder elevar la calidad de los crudos pesados y obtener crudos ligeros.

P. ¿Por qué?

R. Porque han tenido un comportamiento irracional. Todo el problema de la economía moderna es que la corporación, sea del petróleo, de los laboratorios farmacéuticos o de las empresas químicas, ya no trabaja como antes. No creen en la necesidad de establecer estrategias a largo plazo. Los accionistas y los bancos de inversión que escriben los informes quieren resultados espectaculares inmediatamente. La gente que trabaja en estos bancos no son analistas de verdad, son imbéciles. Parecen trabajar con la idea de aquí te pillo, aquí te mato. Si uno ingresa el dinero hoy en el banco te dan un 4% o un 5% de interés. ¿Por qué la inversión de la industria te va a dar un 20%? Las compañías petroleras no trabajan para rentabilidades del 4% o el 5%, quieren el 20%. No tiene lógica. Cuando la demanda de crudos ligeros aumenta, la producción debería incrementarse..., pero, en cambio, no podemos. No tenemos más esa capacidad. Mire, la capacidad excedentaria es decisiva para garantizar la estabilidad de los mercados del petróleo. En 1985 podíamos producir 13 millones de barriles al día más de lo que demandaba el mercado. Hemos ido bajando año tras año. Nada se ha hecho hasta ahora para impedirlo. Necesitaríamos contar al menos con tres millones de barriles al día. Y apenas si llegamos a la mitad.

P. Por tanto, el shock actual no era algo inevitable. ¿Es éste su punto de vista?

R. El problema central es un problema de inversión. Veamos la producción de petróleo crudo. La industria petrolera está formada por dos grupos. Las compañías privadas (Exxon, British Petroleum, Shell, Total, y otras más pequeñas como Repsol y otras) y las empresas nacionales (la mexicana Pemex, PDVSA, la saudí Aramco, Kuwait y otras). Las privadas tienen el dinero, pero no tienen mucho acceso a las reservas de petróleo. Y las compañías nacionales, en cambio, tienen muchas reservas. ¡Unos tienen el dinero, pero no invierten porque carecen de reservas, y los otros, que tienen reservas, no invierten porque carecen de dinero! Ahora, cuando uno analiza los productos refinados de petróleo, las compañías privadas no quieren invertir en refino porque consideran que la rentabilidad es baja. Mi objeción: no se puede analizar esto como si fuera un salchichón, donde la loncha del refino ofrece un nivel mediocre de ganancias. No. Hay que ver la industria del refino como un complemento de la producción de crudo.

P. ¿Hay, por tanto, una anarquía quizá mayor que en el pasado?

R. Las compañías de petróleo habían invertido mucho dinero en la industria del refino antes de la crisis de 1973. Y se encontraron con una gran capacidad excedentaria de refino de productos petroleros. En los años ochenta comenzaron a reducir su capacidad. Después ha habido dificultades para cambiar la tendencia. En EE UU, por ejemplo, es casi imposible obtener permisos para construir refinerías, ya que la reglamentación sobre medio ambiente es muy estricta. Por tanto, se intentó mejorar el refino añadiendo capacidad a las plantas ya existentes. Y también en EE UU hubo otro problema. A causa del aumento de la contaminación, las normas de gasolina son diferentes según las regiones. No puedes producir un solo tipo de gasolina para todo el país. Por tanto, no conoces exactamente la demanda. Eso lleva a que las empresas lleven mucho cuidado a la hora de establecer las cantidades para no verse pilladas y perder. Recapitulemos: la industria petrolera está muy lejos de operar en una situación equilibrada. Más bien todo está desequilibrado. O no hay demasiado crudo, o, por el contrario, hay mucho crudo. O falta lo que interesa, el crudo ligero. Es verdad que existe la tecnología para subir de grados el crudo pesado y obtener el ligero [cracking], pero entonces no tenemos suficiente capacidad para ello. El gran problema es que esta industria quiere economizar dinero. Y, por ello, ya no tienen stocks [existencias] suficientes. Y cuando miras el nivel de stocks privados adviertes que han disminuido de manera notable. Entonces, los analistas observan. Y dicen: "Ah..., eso quiere decir que no hay producción suficiente, voy a apostar por una subida de precios". Es un poco absurdo. Un ejemplo. Yo voy al supermercado una vez por mes para comprar lo que necesito y hago mi stock. Entonces me digo: ¿por qué una vez al mes y no cada semana? ¿Qué pasa entonces? Mi stock medio disminuye. En vez de cubrir un mes, ahora es una semana. Cuando veo esta merma del stock, ¿acaso digo que no hay mercancías en el supermercado? No. Es mi comportamiento el que ha cambiado, no es que el mercado lo haya provocado. Vayamos al petróleo. No es que el mercado vea los stocks una semana, y verifique que han disminuido, y concluya: no hay suficiente producción. ¡No es así! La producción puede ser normal, suficiente, pero las compañías han reducido sus stocks por razones comerciales, para optimizar resultados.

P. Y están también los stocks estratégicos de los países. ¿Sirven para algo?

R. Los importantes están en Japón y en EE UU, sí. Pero no son utilizados para enfrentar problemas comerciales. Es para casos de crisis. Y cuando llegan esos casos, tampoco se usan. ¿Por qué? Porque no sabemos cómo va a evolucionar la crisis. Quizá la situación pueda ser más grave dentro de un mes, entonces guardamos los stocks estratégicos. Tanto éstos como los stocks comerciales han disminuido sistemáticamente en las últimas décadas. Por tanto, el sistema es curioso: primero, no existe más una fuerte capacidad de producción excedentaria de petróleo ligero, que quiere el consumidor, pero sí la hay para los productos que nadie quiere. Es eso, la anarquía.

P. La incertidumbre geopolítica en Oriente Próximo, ¿causa o factor adicional?

R. Yo no diría la incertidumbre, más bien la certeza geopolítica de que todo va a peor en una región clave para el mercado internacional del petróleo. Por supuesto no es la causa. Ésta radica en las compañías petroleras y la baja de la capacidad excedentaria de producción.

P. ¿Qué ha cambiado respecto de los años setenta y ochenta?

R. Hay varias cosas que son diferentes. El precio del petróleo en el mercado internacional ya no es establecido por las compañías petroleras como lo era antes de 1974. Y desde 1986, tampoco lo fija la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Los precios de referencia del mercado internacional se forman en Nueva York y Londres en los mercados del West Texas Intermediate y del Brent, respectivamente. Cualquier intento de entender por qué los precios se mueven en una u otra dirección o por qué razón están altos o bajos debe partir de analizar el mercado de futuros, donde se concentran las expectativas sobre evolución de la oferta y la demanda. Es así. Una parte del dinero que antes alimentaba las Bolsas internacionales, el mercado de bonos o el inmobiliario, ahora está en los mercados futuros del petróleo. Algunos operadores trabajan con una visión de más largo plazo que otros. Los que prestan atención a un periodo de seis meses tienen varios factores en cuenta. Por supuesto, Irak: existen temores de que la insurgencia iraquí pueda destruir las instalaciones petroleras; Arabia Saudí y una posible interrupción en los flujos del crudo; el fuerte incremento de la demanda de China, país en el que durante sólo un trimestre la demanda puede incrementarse en un millón de barriles al día; la preocupación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, que se interpreta, casi siempre de manera incorrecta, en términos de precios. Muchas otras cosas han cambiado. Es cierto que antes existía un oligopolio de las grandes petroleras, pero con su disolución también ha desaparecido cierto concepto de servicio público, en el sentido de que las compañías se creían en el deber de asegurar los productos a sus clientes. Ahora estamos ante la competencia encarnizada de las grandes cuatro: ExxonMobil, ChevronTexaco, BP y Total. Pero aun así, con cuatro, tampoco resulta muy difícil dominar el mercado. No es necesario conspirar ni cometer prácticas ilegales. Todos estos factores y su influencia sobre lo que lord Keynes llamaría el "espíritu animal" de los operadores en el mercado de futuros presionan los precios hacia arriba. La especulación ya forma parte de la estructura del mercado. Sabe usted que se puede ganar mucho dinero con estos movimientos. El mercado del petróleo también es un casino, como las Bolsas o las divisas...

P. Ha mencionado el factor Irak en el mercado de futuros. ¿Qué papel desempeñó el petróleo en la invasión de EE UU?

R. Soy ockhamiano; es decir,sostengo las ideas de William de Ockham, de la escuela franciscana, año 1300. Al aplicar su método digo: supongamos que Irak no tuviera petróleo, pero tenía en el poder a Sadam Husein. ¿EE UU hubiera invadido o no después del 11 de septiembre de 2001? Yo digo: sí, probablemente. Es decir: la causa no es el petróleo. Pero hay petróleo. Es todavía mejor, sí; pero no es la principal razón. Creo que hubo dos: el 11 de septiembre de 2001 creó la necesidad de una respuesta. Afganistán fue una guerra contra el terrorismo. La base de Osama Bin Laden estaba allí. Pero, en segundo término, para la Administración de Bush no resultó suficiente. Necesitaba algo más espectacular. Y Sadam Husein, por su debilidad, era el blanco perfecto.

P. La Administración de Bush confiaba en que Arabia Saudí lograría mantener los precios bajos. ¿Una ilusión?

R. Arabia Saudí es la OPEP; es el país que puede, como ya hizo en marzo de 2003, alcanzar la plena capacidad de producción en pocos días para satisfacer la demanda. Tienen capacidad excedentaria. Es fundamental. Sin Arabia Saudí no tendríamos la OPEP. Pero, claro, el petróleo crudo que puede aportar no resuelve el tema. Porque la demanda es fuerte en petróleo ligero, para convertirlo en gasolina.

P. La OPEP, ¿qué puede hacer?

R. Vamos a ver: primero, ya no fija los precios. Pero está siempre, como es lógico, preocupada por su nivel y su volatilidad. Lo único que puede hacer, en segundo lugar, es coordinar su evolución a través de señales a los mercados de futuros. ¿Cómo lo hace? Mediante anuncios sobre su política de producción. Si reduce sus cuotas, por ejemplo, es porque le preocupa las percepciones a la baja en el mercado, cosa que puede provocar una caída de precios. Y cuando habla de aumentar la producción quiere significar su inquietud sobre el alto nivel alcanzado por los precios. La OPEP no funciona en tiempos de tensión del mercado. Me hace gracia cuando ministros como el británico Gordon Brown claman: ¡ah..., los precios son muy altos, la OPEP debe hacer algo! ¡Pero si la mayoría de sus integrantes no tiene ya capacidad excedentaria de producción y los que la tienen venden lo que el mercado no demanda!

P. Las compañías petroleras, ¿cambiarán su política?

R. Soy muy escéptico respecto a las compañías petroleras. Todo lo que hacen es en función de sus accionistas. A su vez, los Gobiernos de los países industriales tampoco son un punto de referencia. ¡Han abandonado en los últimos veinte años la política energética! Los departamentos o secretarías de Energía se han disuelto en casi todos los países. ¡Un ministro canadiense me llegó a decir, en el Banco Mundial, que si uno quiere saber cómo funciona el mercado del petróleo debía observar el mercado de zumo de naranja! Reflejaba de una manera extrema la filosofía de los años ochenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de octubre de 2004