La revuelta del PP de Ourense contra Rajoy se extiende a Lugo

El presidente de la diputación lucense apoya las críticas de Baltar

Santiago de Compostela - 24 sep 2004 - 22:00 UTC

El tamaño de la herida en el PP gallego se agranda día a día y ya alcanza a dos de las cuatro provincias de la comunidad. El líder histórico del partido en Lugo y presidente de esa diputación provincial, Francisco Cacharro, salió ayer en defensa de la dirección del PP de Ourense, que ha dado un ultimátum hasta el lunes antes de escindirse, y responsabilizó de la posible ruptura a la ejecutiva nacional.

Con la irrupción de Francisco Cacharro, el presidente de la Xunta, Manuel Fraga, se enfrenta al peligro de una rebelión generalizada de sus más veteranos barones provinciales.

Cacharro formaba con el presidente del PP de Ourense, José Luis Baltar, y con el que fuera delfín de Fraga, Xosé Cuiña, una alianza que durante algunos años controló la organización regional y la mantuvo como un terreno vedado a las directrices de la cúpula nacional. Los tres basaban su fuerza en el dominio de los grandes caladeros del voto rural, decisivo en las cuatro mayorías absolutas consecutivas que ha logrado Fraga desde 1989.

El presidente de la Diputación de Lugo, sin embargo, se había distanciado de sus aliados y de sus escaramuzas con el sector del PP gallego afín a Mariano Rajoy. Ni siquiera tuvo inconveniente en abandonar la presidencia provincial del partido, aunque se mantuvo al frente de la Diputación, en la que gobierna desde 1979.

Todavía el pasado lunes, cuando estalló la rebelión en Ourense después de que Baltar anunciase a Fraga su propósito de dejar el partido, Cacharro se limitó a señalar que él nunca rompería con el PP. Pero ayer, el presidente de la Diputación de Lugo, que también es senador, convocó a los medios de comunicación para arremeter contra la dirección nacional del partido, a la que culpó de la crisis por las "purgas" promovidas en Galicia y por invadir las "competencias de los órganos territoriales".

Aviso a Madrid

"Que se dejen desde Madrid de querer gobernar el partido en las comunidades autónomas", clamó ayer el presidente de la diputación de Lugo.

Aunque no revelase ninguna intención de romper con el partido, Cacharro justificó la rebelión de Baltar. "Si a alguien le dicen que le van a cortar la cabeza, parece lógico que se defienda", argumentó. Y frente a la postura de la dirección nacional, que ha pedido a Fraga que no ceda ante los rebeldes, reclamó un "esfuerzo de generosidad" para evitar que la ruptura se consume el próximo lunes.

El tercero de los barones rurales del PP gallego, Xosé Cuiña, que fue destituido por Fraga hace más de un año como consejero de Obras Públicas y cuyo feudo está en Pontevedra, guarda todavía silencio, aparentemente al margen de la revuelta.

El agravamiento de la crisis se produjo horas después de que el vicepresidente primero de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, fracasara en su intento de convencer a Baltar para que desista de su propósito declarado de abandonar el PP para formar un nuevo partido en Ourense.

Aunque la versión oficial destacó la "cordialidad" del encuentro, fuentes de ambos sectores reconocen que, lejos de ofrecer avances, sólo contribuyó a enquistar las posiciones.

En medio de ese clima, la coordinadora de Participación y Acción Sectorial del PP, Ana Pastor, ex ministra de Sanidad, que ayer se reunió con un grupo de alcaldes de Pontevedra, insistió en rebajar el conflicto a la categoría de "discrepancias".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0024, 24 de septiembre de 2004.

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