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Reportaje:Atenas 2004 | PIRAGÜISMO: DOS MEJOR QUE UNA

La leyenda del hombre solitario

David Cal, gallego que pasa días y días sin hablar, arrasa en las eliminatorias y aspira a dos medallas

"Llevo con él desde los 14 años y siempre le he visto entrenarse y competir con cara de nada", asegura su entrenador, Jesús Morlán; "todavía no sé si pasa nervios por dentro". Así es David Cal, nacido en Cangas de Morrazo (Pontevedra) hace 21 años, el hombre que hoy y mañana intentará conseguir la primera medalla individual de la historia del piragüismo español, la quinta en total. Competirá en las finales de C-1 en los 1.000 metros y en los 500. Cuando a principios de semana debutó y consiguió clasificarse para las dos finales, ni siquiera se inmutó. Parecía tan consciente de que aquello era algo normal que casi ni lo expresó. "Estoy contento", dijo con un gran esfuerzo. Y se enchufó los cascos de su MP3.

"Pasa días enteros sin hablar", explica Morlán; "como persona, es introvertido, cansino, pacífico. Le cuesta todo y no tiene iniciativas para nada. Nunca te regala una sonrisa. No gesticula. Pero le flipa entrenarse, luchar y sufrir en una canoa. Cuando iniciamos la preparación olímpica, me daba miedo tener que pasar tantos días solo con él porque creí que se iba a apagar. Sin embargo, se compró un cochecito y se fue a Gijón y Oviedo. Estaba más contento. Incluso más comunicativo". A David le cuesta hablar y expresarse y vive encerrado en sí mismo. Pero hay una persona con la que se entiende a la perfección: la también componente de la selección Teresa Portela, paisana de Cangas de Morrazo: "Se conocen desde la escuela. Hablan, pero, si te acercas, se callan y se van".

Su historia no es muy distinta a todo eso. David siempre fue un chico introvertido, solitario, muy tímido. Comenzó a palear casi sin darse cuenta en el club de su pueblo natal, Hio, y al poco tiempo ingresó en el club de Cangas de Morrazo, muy cerca de su casa. "A los 14 años acudió al Centro de Alto Rendimiento para realizar unas pruebas", recuerda Morlán; "era muy normal. Incluso pequeño y gordito; un barriguita, vamos. Pero, cuando entró en su canoa, descubrimos algunos detalles que nos interesaron: tenía una cadencia de palos muy rápida, se entregaba a fondo en los entrenamientos, lo escuchaba todo, quería aprender y tenía una gran ambición". Decidieron quedárselo un año y su progresión fue tan importante que siguió con ellos dos más. Sin embargo, a los 16 años había que tomar una decisión. En el CAR de Pontevedra sólo aceptaban chicos hasta la edad cadete. Entonces David decidió que quería irse a la residencia Blume, en Madrid. "Pero no le quisieron. Prefirieron apostar por otro chico, un murciano que tenía mucha más estatura", comenta Morlán. Cuando en 1999 participó por primera vez en una competición internacional, fue bronce en C-1 en 1.000 metros en los Mundiales júniors de Croacia. Sólo un año más tarde, en 2000, ganó el C-1 en los 500 de los Europeos júniors de Francia y fue bronce en los 1.000.

Y entonces la federación descubrió que había un gran piragüista porque en un control preolímpico quedó segundo en su clase. "Le seleccionaron para Sidney, junto a Teresa, y yo les acompañé", cuenta Morlán; "Él iba de reserva. Ella llegó a las semifinales. Como no competía, David nunca tenía ganas de hacer nada". Sin embargo, el peor momento de su carrera estaba a punto de llegar. Fue en 2001, cuando ganó una prueba de control para formar parte de la selección y la federación le obligó a incorporarse al grupo de élite en el CAR de Sevilla. Fue un error de bulto: "No se adaptó. No congenió ni con el entrenador, que no le preparó un trabajo específico, ni con sus compañeros". Su progresión se frenó en seco. Y él decidió dejarlo todo y largarse a su casa.

"En febrero de 2002 llevaba ya tres meses parado, sin entrenarse", comenta Morlán; "el presidente del CAR y yo mismo fuimos a buscarle a su casa y le ofrecimos de nuevo que se entrenara con nosotros. Le dijimos que se olvidara de Sevilla". Y lo hizo. Volvió a coger los palos y su canoa. Pronto dio muestras de su calidad. En 2003 acudió a los Mundiales de Estados Unidos y fue subcampeón en C-1 en 1.000 metros. "Y ahora ojalá gane alguna medalla", dice Morlán, "porque en la Xunta le quieren y, si es medallista olímpico, le darán un trabajo. Ya sé que no será de portavoz del Gobierno. Pero algo habrá que resuelva su futuro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de agosto de 2004