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Crítica:SAN SEBASTIÁN | LIDIA

'Victorinos' en almíbar

Los temidos victorinos ya no lo son. Lo de alimañas de antaño, pasó a la historia. Éstos son gente buena y noble. Se diferencian de los aborregados toros artistas porque aún conservan casta, raza, listeza, picante y fuerza en el porcentaje suficiente para transmitir emoción sin sobresaltos. Los dos primeros lidiados ayer, de puro dulce, eran almíbar. Para la ocasión se contó con tres especialistas en la materia.

Uceda Leal hacía su presentación en San Sebastián. Trajo como carta de referencia la del toreo puro. Lo intentó. Pisó sitio, dio distancia y presentó los engaños como Dios manda. En el que abrió el festejo fundamentó la faena sobre la mano izquierda. A hermosos naturales, con hondura, con verdad, le siguieron otros enganchados, embarullados. Estas circunstancias no le permitieron cerrar las series con limpieza. En uno de los remates fue alcanzado y volteado, afortunadamente sin consecuencias. Volvió a la cara del toro con la misma mano y con la misma actitud. Con todo, y por ese pintón, estuvo por debajo de su oponente. La única serie que interpretó por redondos fue la más aclamada de su actuación. En esta ocasión, él, que es un matador consumado, la espada fue su cruz. Le privó de un sonoro triunfo. En el otro, con iguales maneras, cuajó una faena más completa, sin altibajos, serena y templada.

Martín / Uceda, Dávida, Cid

Toros de Victorino Martín, desiguales de presentación, encastados, nobles y blandos. Uceda Leal: tres pinchazos -aviso-, pinchazo estocada trasera, dos descabellos (ovación y saludos); media estocada trasera, descabello (oreja). Dávida Miura: estocada desprendida (oreja); media estocada, descabello (silencio). El Cid: tres pinchazos, estocada contraria, descabello (palmas); estocada caída (ovación). Plaza de Illumbe, 15 de agosto, 8ª de feria. Tres cuartos de entrada.

A Dávila Miura le tocó por primero el más almibarado del encierro. Se infló a dar pases a diestro y a siniestro. Por cantidades industriales. A veces, gustándose. Al público también debió gustarle. Más por la cantidad que por la calidad. La cuestión es que le dieron premio. En el otro lució capote. Verónicas, rematadas atrás, y terminando en la boca de riego. Quizá fue éste su momento más artístico de la tarde. La faena de muleta quedó en agua de borrajas. No se entendieron ni toro ni torero.

El Cid tuvo la mala fortuna de tocarle por primero el menos toreable. Quizá la escasez de fuerzas puso al toro a la defensiva. Ni un pase pudo robarle. En el que cerró festejo y feria, salió dispuesto a justificar su inclusión en el cartel. Por la mala lidia recibida llegó el de Victorino avisado a la muleta. No importándole tal circunstancia al diestro, entregó cuanto llevaba dentro. Primero, por naturales, saliendo apurado en los remates. Porfión con la derecha, se llevó un par de sustos. Por este pitón el toro cortaba el viaje. Éstos fueron los momentos más emocionantes de su actuación. La afición reconoció el esfuerzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 2004