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Reportaje:Atenas 2004

"No hay estocada imparable"

El honor de la esgrima española recae en exclusiva en el sablista Fernando Medina

Fernando Medina, único tirador de la esgrima española en Atenas, tenía un abuelo militar que instó a su madre a que le inculcase alguna disciplina marcial. Ella, presta, le puso a tirar sablazos a los 6 años. "El sable", explica Medina, "es un arma de caballería. De ahí que los toques sólo puntúen de cintura arriba. El caballo es intocable".

El sable esgrimido en los Juegos no hiere la carne, pero sí el honor. Si hoy Medina no consigue tocar 15 veces al alemán Wiradech Kothny antes de que su oponente lo haga no tendrá premio ni consuelo. "Esto es un torneo eliminatorio", dice, sobrio, con barba de candado. "Si no te impones a todos tus rivales, sólo me consolarán mi madre y mi esposa".

A punto de iniciar la competición de los duelistas por excelencia, Medina habla con gusto y conocimiento. Llega a Atenas entre los diez primeros del ránking de la Copa del Mundo, tras pasar por Sidney 2000 y Atlanta 96 sin pena ni gloria, y con la tranquilidad del soldado bien adiestrado. Con su primer adversario, Kothny, va emparejado. Cuando cruzan sus armas, se equilibran como imágenes ante un espejo. Medina le derrotó en Teherán hace un mes, pero la vez anterior se impuso Kothny. Si vence, Medina sospecha que el cruce le deparará lo peor: el temible ucraniano Lukachenko, campeón mundial. "La cosa se pondrá más dura", admite; "Lukachenko es frío, no anuncia sus acciones, se mantiene imperturbable...".

El sable es una hoja triangular y flexible con una punta aguda. A diferencia del florete y la espada, tanto su punta como su costado afilado pueden ser utilizados para sumar toques de cintura hacia arriba. "Entre caballeros está mal visto tirar a las piernas porque está el caballo", insiste Medina, "pero se puede tocar todo lo demás: el dedo, el antebrazo, el pecho, el lóbulo, el bíceps, el tríceps...".

Dicen que el corazón de los sablistas no va tan rápido como los del florete, pero de ellos no se pone en duda su agresividad singular. Como el arma les permite más opciones, atacan más y los asaltos son vibrantes, pero efímeros: "Pueden durar 90 segundos, pero lo normal es que oscilen entre los 20 y los 40 de acción real".

"El repertorio es infinito", explica Medina, que, a sus 30 años, habla del sable sin atisbo de duda. Su arma, alemana, forjada en el selecto acero maragin, no pasa de los 105 centímetros de largo ni de los 500 gramos de peso. Pero sirve para hacer virguerías. "No hay estocada imparable", concluye; "hay infinitas posibilidades de ataque e infinitas posibilidades de defensa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004