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Reportaje:

Muertos sin flores

Los familiares de los desaparecidos del 'O Bahía' entierran simbólicamente a los suyos tras el fin de los rastreos

"Mañana enterramos a mi hermano", anunciaba ayer por la tarde Anselmo Domínguez. Anselmo empleó premeditadamente el verbo enterrar, aunque la ceremonia que despedirá hoy en Cambados (Pontevedra) a Antonio Domínguez Baúlo, de 56 años, maquinista del O Bahía, será un funeral sin cuerpo presente. A falta de un ataúd al que ponerle flores y proporcionarle sepultura, la familia dará su adiós a Antonio con lo más parecido a un entierro. "De alguna forma, tenemos que poner fin a esta situación de duelo permanente", explica su hermano. Un duelo que duró dos semanas de espera inútil. Como tantas otras veces, el mar se ha negado a devolver los cuatro cuerpos arrebatados.

En el hotel de las proximidades de Corme (A Coruña) donde llevaban dos semanas aguardando noticias, los familiares pasaron en vela la noche del martes al miércoles. Los buceadores penetraron al fin en el casco del O Bahía esa madrugada, hundido a más de 70 metros de profundidad en las proximidades de las islas Sisargas, en la Costa da Morte (A Coruña). Entre los restos del barco se suponían los cadáveres de cuatro de los fallecidos en el naufragio, y las familias siguieron expectantes la operación. "Nos iban informando de todas las novedades", afirma Anselmo Domínguez, designado portavoz de las familias. "Supimos cuándo llegaban al barco, cuándo lograban entrar y lo que acababan de ver. Fue una conmoción saber que no habían descubierto nada. Teníamos esperanzas, porque el Gobierno cumplió su palabra y puso todos los medios para recuperarlos".

Los familiares regresaron a última hora del miércoles a sus casas, a despedir a los suyos del mejor modo posible y a intentar "rehacer la vida". "Qué otra cosa pueden hacer, ya está todo esperado", sentenciaba Estrella, una vecina de Corme que hizo compañía a las familias durante toda la noche. Estrella comprendía muy bien su sentimiento, porque ella era la cuñada de uno de los 12 tripulantes del mercante Zafir, hundido en el estrecho de Messina en febrero de 2000 y cuyos cadáveres nunca fueron recuperados. Antes de regresar, las familias se despidieron de la gente del pequeño puerto de Corme y de los periodistas: "Sabemos que gracias a vosotros se ha mantenido la guardia". Parientes de los marineros habían rechazado indignados una oferta monetaria de una cadena privada de televisión para un programa teóricamente informativo.

El final del operativo de búsqueda fue anunciado ayer por la subdelegada del Gobierno en A Coruña, Obdulia Taboadela, a pesar de que se mantendrán durante algún tiempo los rastreos en superficie. "No queremos alentar esperanzas. Lo más probable es que no aparezcan nunca porque nuestro mar a veces no devuelve a sus víctimas, pero las familias ya han sufrido mucho y no conviene añadir más estrés emocional al dolor de la pérdida", señaló Taboadela.

En la madrugada de ayer, los buceadores del buque holandés Bar Protector realizaron una nueva inspección general. En el interior del pecio llegaron a abrir una bodega cuya escotilla estaba atrancada por la fuerza de la presión. Al amanecer, izaron por tramos las redes del pesquero y las revisaron cuidadosamente en cubierta. El resto de la jornada lo dedicaron a escudriñar el fondo marino donde reposa el O Bahía. Durante un tiempo que no se ha precisado, se mantendrá la presencia en el mar de dos lanchas de Salvamento Marítimo, apoyadas desde el aire por un helicóptero y desde tierra por patrullas de la Guardia Civil y de Protección Civil.

Antes de marcharse, los familiares vieron los vídeos grabados en el pecio por los submarinistas. Después de que la semana pasada se recuperase el cadáver de uno de los tripulantes, los deudos se impusieron no contemplar más imágenes para evitar choques emocionales. Pero, antes de poner el punto final, quisieron cerciorarse de la inspección con sus propios ojos. Saber que se había hecho todo lo posible tuvo, según cuentan, cierto efecto liberador. "El rastreo se hizo a conciencia", afirma el portavoz de las familias. "Al menos nos vamos sin la inquietud de temer que los cuerpos siguiesen atrapados allí". Las familias han expresado su agradecimiento al Gobierno, especialmente a la ministra de Agricultura y Pesca, Elena Espinosa.

La primera jornada tras el regreso a casa acrecentó ayer la sensación de vacío. "Allí estábamos muy unidos", confiesa Domínguez. "Nos apoyábamos mutuamente, nos sentíamos muy bien tratados y de alguna manera compartíamos el esfuerzo y la esperanza de los buzos que arriesgaron sus vidas. Esto va a ser más doloroso individualmente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2004