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Reportaje:

Martínez de Irujo se encumbra

El pelotari navarro logra en San Sebastián el título manomanista tras imponerse 22-12 al francés Xala

Sin la brillantez esperada, pero con una solvencia similar a la demostrada durante el campeonato, Martínez de Irujo se alzó ayer con la txapela del Manomanista tras barrer a un inexistente Xala por un contundente 22-12. El francés es uno de esos deportistas ciclotímicos del que se pueden esperar grandes cosas, pero que siempre guarda una sombra de incertidumbre en su juego. Ayer fueron los nervios o la presión, tal vez generadas por una semana de martirio tras el aplazamiento de la final, las que acabaron con las esperanzas francesas de conseguir su primer campeón individual.

A saltos entre sus errores y los mejores golpes de su repertorio, Martínez de Irujo desequilibró durante los primeros tantos. Sin embargo, con 8-1 en el cartón, al de Ibero pareció sucederle lo que también tanto temía: temblor de manos, angustia y poco aire en los pulmones. El miedo de los debutantes se cernía sobre ambos y colapsaba sus ideas. La ventaja que Irujo había logrado en el primer tramo del choque, basada en sus variadísimos saques (profundos en pared izquierda, cortos y bajos al ancho o incontestables en el medio de la pista) y sus dejadas, se diluyó con sus propias escapadas.

Al rematador de Ibero le sobraron sus ganas de acabar con el partido por la vía rápida. Rehuyó cualquier amago de peloteo y se dedicó a cortar de aire todos los golpes de Yves Xala. La precipitación y las ganas de agradar, combinadas con el agarrotamiento propio de los primeros compases pudieron haberle costado un grave disgusto ante un rival más centrado, pero Xala ayer no lo estaba. Su mano izquierda no llegó a gozar con esos pelotazos marca de la casa que llegan con facilidad al rebote. El francés no encontraba postura y sólo su volea con la zurda le mantenía pegado al partido. El de Biarritz se acercó hasta el 9-5, después de tres fallos consecutivos del navarro. Pese al atenazamiento, Martínez de Irujo disponía de una cómoda ventaja. Sólo existió un momento crítico, cuando se pasó de un amplio 14-7 a un incierto 14-12, tras un magnífico dos paredes de Xala.

La cátedra movió entonces mucho papel con intención de cubrirse, ya que lo que a priori resultaba un paseo dominical se estaba convirtiendo en un campo minado por los errores del propio pelotari navarro. Hasta ocho tantos había regalado, casi la totalidad de los logrados por Xala. Las ganas de acabar un partido tan incómodo tenían la culpa.

En este momento, el botillero de Martínez de Irujo, Miguel Urzainqui, pidió tiempo, sentó a su pupilo, le miró fijo a los ojos y le exigió calma. Mucha calma y concentración, apretándole firmemente las rodillas. En este momento, el partido enfiló su recta final.

El motor del de Ibero comenzó a carburar con toda normalidad y su cabeza se enfrió. Gozó con la derecha, jugó tres buenas dejadas y apuntilló con su saque a su rival francés. Hasta hubo tiempo para la polémica, cuando éste reclamó un posible estorbada que no fue sancionada por los árbitros y que suponía el 17-12 para el pelotari azul. No hubo tiempo para mucho más, sólo para la algarabía de la parroquia navarra que se había desplazado hasta San Sebastián en la caída del cartón 22, tras una bonita dejada del delantero navarro.

El delantero de los adjetivos

El campeón más joven, el que menos tiempo ha tardado en dar el salto que supone pasar del campo aficionado a colocarse la txapela manomanista, un ciclón en los cuadros delanteros, aire nuevo en la pelota profesional, un modo distinto de ejecutar los rudimentos de la pelota,... Los calificativos se acaban para definir a un delantero atípico que consiguió ayer el primer título importante de su carrera.

Tal vez alejado de su mejor juego y sin el mismo nivel demostrado durante el resto del campeonato, pero con la constancia y la garra propia de los mejores campeones.

A Martínez de Irujo le pasaron factura los nervios y las cinco semanas de preparación exclusiva para la final, sin ningún partido programado durante este tiempo. A él, pelotari de frontón y que sólo ha conocido la dureza de los entrenamientos y los gimnasios durante este año, le ha pesado mucho la falta de actividad y la presión de la espera, pero se ha sobrepuesto con hombría y desparpajo. Por eso no podía creerse el título cuando el partido ya estaba acabado, ni apenas respondía a los periodistas: "Tengo que ver lo que significa esto de ganar el campeonato del mano a mano, porque todavía no me lo creo, de verdad", comentaba emocionado. "He estado un poco nervioso y no he jugado a mi mejor nivel, aunque Xala tampoco ha estado bien durante el partido", proseguía algo más reflexivo antes de enfundarse la txapela.

Pese a los errores cometidos, el título ya está ahí, registrado en la historia y sólo hace falta que el propio pelotari lo digiera. Ahora va a tener el tiempo necesario. Le espera una semana en el Caribe junto a su novia tras este tormento de más de un mes.

Después, llegará el verano con sus festivales, en los que tendrá que refrendar su buen momento de forma y en los que podrá lucir la camiseta y la faja roja, que le acompañará durante toda la temporada. A Xala le queda el honor de haber sido vencido por un pelotari que promete secar los diccionarios de adjetivos en su carrera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de junio de 2004

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