Entrevista:JOSÉ BLANCO | SECRETARIO DE ORGANIZACIÓN DEL PSOE | ENTREVISTA

"El partido debe tener un papel decisivo en el Gobierno"

Ha conseguido modular ligeramente su acento gallego. Se enfrenta a las preguntas como si estuviese ante un selecto auditorio. Ha perdido espontaneidad de forma alarmante, pero no su flema y su buen carácter. Abandona enseguida el monocorde tonillo de las respuestas blindadas, seguro como está de que ya no puede equivocarse. El suyo es el suave perfume de la satisfacción colmada.

Pregunta. Desde nuestra primera y larga conversacion, hace ya cuatro años, no sé qué le habrá parecido a usted más espectacular, si la transformación del PSOE o la suya propia.

Respuesta. Mire, las dos cosas han ido aparejadas. Nosotros éramos una generación de políticos que cuando asumimos la responsabilidad en el XXXV Congreso éramos unos desconocidos para la inmensa mayoría de la gente. Ese desconocimiento generaba desconfianza y era normal que así fuera; lo que hemos logrado, a lo largo de estos cuatro años, es que esa desconfianza inicial por parte de la sociedad, pero también en el interior del partido, haya ido cambiando poco a poco. No le voy a negar a usted que hemos tenido que afrontar muchas dificultades.

"No se puede confundir el pensamiento de algunos con el pensamiento de la mayoría. Y, desde luego, esta dirección ha sabido escuchar a la mayoría del partido y de la sociedad"
"Nosotros hemos reivindicado como nadie la etapa de Felipe González en la modernización de este país. No renegamos de nuestro pasado; nuestro proyecto es incluyente"
"La satisfacción que me produjo haber podido dirigirme a todos los españoles anunciando la victoria socialista, me hizo olvidar las circunstancias adversas de estos cuatro años"
"No me molestaría que me comparen con Alfonso Guerra, porque, junto a Felipe, ha protagonizado la mejor historia del partido socialista, que nosotros ahora queremos superar"
"En la enseñanza de la religión prevalecerá el sentido común. Y a través del diálogo podrá haber un punto de encuentro y respeto mutuo entre el Gobierno y la jerarquía católica"
"Había un deseo unánime de superar una etapa política tremebunda como la de Aznar. Y le aseguro que tampoco habrá 'zapaterismo' mientras estemos en la dirección del PSOE"

P. Me gustaría conocer cuáles eran sus reflexiones cuando sostenía con mano de hierro a un PSOE desorientado frente a un PP inexpugnable.

R. Mi reflexión de esos tiempos difíciles era que resultaba imprescindible, ante todo, mantener la confianza en uno mismo; una confianza que era fe en un proyecto político que apenas comenzaba a andar. Lo que nos resultó más difícil fue romper la inercia predominante, en el sentido de que no había nada que hacer y tratar de implicar a una sociedad que quería cambio, pero que dudaba de que el cambio se pudiera producir con nosotros. El tiempo ha demostrado que estábamos acertando en nuestra estrategia, pero sobre todo ha demostrado que la ansiedad es muy mala consejera. Y lo cierto es que esta dirección nunca tuvo ansiedad, porque es verdad que había mucha gente que tenía mucha ansiedad; una ansiedad que venía motivada por una forma de hacer política del PP que cada día generaba más rechazo y más deseos de que esa situación política terminara.

P. Acepta usted que parte de esa ansiedad también estaba motivada porque mucha gente no daba por Zapatero ni un duro y por usted ni medio.

R. Pues yo le tengo que decir que el partido ha sido muy generoso con esta dirección. Incluso a pesar de la incomprensión que les producía las decisiones que tomábamos. Es verdad que hemos tenido que superar muchos obstáculos y hacer frente a muchas dificultades. Siempre he tenido confianza en dos cosas: el trabajo y la intuición. Creo que soy una persona trabajadora y que tengo un olfato político que me hizo posible percibir con claridad que una cosa era la percepción que podían tener los creadores de opinión, sobre el camino emprendido por el partido socialista, y otra cosa bien distinta era saber que nosotros nos sentíamos cómodos y respaldados por la política que estábamos haciendo. Ahí está la clave de nuestra fortaleza, la clave del acierto de Zapatero.

P. Me pregunto si usted tuvo la tentación de tirar la toalla.

R. Tuve dos momentos decisivos en estos cuatro años. El primero fue cuando entré por primera vez en el despacho y me pregunté si yo sería capaz de responder a aquel reto que tenía por delante. La respuesta me ha venido dada por el resultado del trabajo de un equipo humano espléndido y que ha sido una pieza clave para el triunfo electoral. El segundo momento fue cuando surgieron algunas dificultades. Lo más grave fue cuando dos traidores fueron desleales con la confianza que había depositado en ellos el partido. Quiero dejarle claro que cuando yo asumí la responsabilidad de secretario de organización, ya le había advertido a Zapatero que en el momento en que ya no le resultara útil sabía que podía contar con mi renuncia. Cuando estalló la crisis de Madrid se lo recordé. La verdad es que no se planteó la necesidad de que yo dimitiera. No pude superar en mucho tiempo la rabia por haber perdido la oportunidad de gobernar Madrid.

P. Pero muchos le señalaron como responsable de que las cosas fueran así. Usted había dado por zanjada la crisis que habían venido provocando determinados poderes fácticos en la FSM. Y no se tomó en serio a aquellos siniestros personajes.

R. ¡Eso no se corresponde con la verdad! Las personas de las que estamos hablando eran personas de una larga trayectoria en el partido socialista. Y cometió una injusticia el que dijo que yo había sido determinante en que ellos estuvieran en las listas electorales. ¡Si ya eran diputados y alguno tenía un cargo cuando yo llevaba pantalón corto! ¿Traicionaron la confianza del partido en ese momento? Sí. Pero eran personas que llevaban mucho tiempo haciendo trabajo político en la FSM. Me sentí muy dolido cuando algunas personas me señalaron con el dedo, porque es cierto que yo soy el responsable de las listas electorales,pero no es menos cierto que el PSOE tiene un proceso de elaboración de sus candidaturas en el que los órganos federales prácticamente no intervienen.

P. Lo que sí parece claro es que usted no se los tomó en serio cuando fueron a explicitarle sus condiciones.

R. Los traidores no avisan el día anterior al que van a cometer una traición. Y quien dude de que eran unos traidores es que no entiende nada de lo que pasó. No es cierto que me expusieran condiciones para no llevar a cabo un estrategia traidora que tenían bien meditada.

P. Después usted dejó de ser portavoz del partido y se dijo que su estrella se apagaba.

R. Es que ése no es el mejor ejemplo que puede usted poner. Fui yo quien decidió constituir un comité electoral y encargar las funciones de portavocía a otra persona. Pero era una decisión que yo mismo había tomado para tratar de que el PSOE fuera más eficaz. Las cosas que uno leía no se correspondían con la realidad, pero el tiempo pone las cosas en su sitio.

P. Aquellos comentarios de "Pepiño ha caído en desgracia" le dejaban frío.

R. ¡Hombre! Es verdad que esos comentarios a uno le duelen, porque somos personas de carne y hueso. Pero en política uno sabe que tiene que estar a las duras y a las maduras. Y creo que, a pesar de todo, yo he sabido demostrar tesón, frialdad y encaje.

P. Lo que no se puede negar es que usted se dispuso a hacer las listas electorales y a preparar el grupo parlamentario socialista para lo que preveían que iba a ser una larga travesía.

R. No lo hemos debido hacer tan mal si las candidaturas del partido se han aprobado por unanimidad en el Comité Federal.

P. ¿Unanimidad "a la búlgara", como se decía antes?

R. ¡No, no! Era la expresión de un partido que tenía ganas de ganar, que tenía confianza en su dirección. Fue una tarea en la que fuimos capaces de conjugar una larga experiencia de gobiernos anteriores con una amplia renovación de las candidaturas, formadas por gentes que si tenían algo en común era la confianza en un proyecto ganador.

P. ¿Ganador? Pero si su gran mérito fue haber formado un grupo parlamentario cohesionado y preparado para perder.

R. Pero es que usted no puede confundir el pensamiento de algunos con el pensamiento de la mayoría. Y, desde luego, esta dirección ha sabido escuchar a la mayoría del partido y de la sociedad. Seguramente que hubo muchas personas que se erigían en intérpretes únicos de la sociedad, confundían su mundo con el mundo. Fue precisamente lo que le pasó a Aznar. Y le diré una cosa que tiene mucho que ver con esa percepción tan negativa a la que usted se refiere de forma tan reiterada: los problemas de los partidos se solucionan de fuera adentro. Es la sociedad la que marca el camino y el rumbo de los partidos. Y quien sabe escuchar y entender a la sociedad es al final el que tiene un proyecto mayoritario. Nosotros hemos sabido interpretar a la sociedad.

P. Otro gran mérito suyo ha sido la contundencia a la hora de mandar. Tanto criticar los métodos del guerrismo y resulta que usted ha aprendido que es vital ejercer el poder con autoridad.

R. Y con diálogo. Creo que nuestro mérito es saber escuchar. En un partido tan grande y tan diverso ya no sería posible la cohesión sin el diálogo. Ni que las cosas funcionaran sin autoridad. La firmeza ha definido nuestra forma de dirigir el partido.

P. ¿Le molesta que se le vea como el Alfonso Guerra de Zapatero?

R. Mire, yo me veo como José Blanco. Respeto y aprecio el trabajo que a lo largo de muchas años ha hecho Alfonso. Recuerdo siempre que fue la primera llamada que hice cuando entré en este despacho. Cada uno tiene sus formas, y yo tengo las mías. En cualquier caso, a mí no me molestaría que me comparasen con Alfonso porque él, junto con Felipe, protagonizó una historia brillante, la mejor historia del partido socialista. Nosotros ahora la queremos superar.

P. Pero cuando llegaron dieron ustedes la impresión de que se proponían imponer un corte generacional que iba a dejar en la cuneta a los protagonistas de aquella etapa, ¿no?

R. Lo que ha ocurrido es que cuando una nueva generación hace el relevo a otra generación que había aportado tanto a la historia del partido socialista, es indudable que exista hacia esa nueva generación desconfianza, que se produzca un sentimiento que haga preguntarse: "¿Serán capaces de conducir la nave?". Lo cierto es que nosotros hemos reivindicado como nadie la etapa anterior, el papel de Felipe González en la modernización de este país. No renegamos nunca de nuestro pasado y siempre dijimos que nuestro proyecto era un proyecto incluyente. También dejamos claro que los protagonistas de esta nueva etapa iban a ser los nuevos dirigentes del PSOE. Es cierto que se produjeron actitudes de cierta irritación. Eso era algo normal, porque éramos una nueva dirección de personas desconocidas, que no habíamos estado en primera línea y que nos sentíamos muy identificados con la etapa anterior.

P. La verdad es que aquella aparición en escena del comité de notables visualizó, mejor que cualquier declaración de intenciones, que habían triunfado las tesis de la "cohabitacion" con la vieja guardia. Me gustaría conocer la reflexión interna que les llevó a tomar esa decisión.

R. Quisimos mandar un mensaje inequívoco a la sociedad: "Estamos preparados para gobernar". Y la preparación tenía que venir de las personas que tenían experiencia por haber formado parte de otros Gobiernos. Pero también venía de la experiencia profesional y política acumulada por una generación que asumió la responsabilidad de dirigir el partido a partir del XXXV Congreso. Puedo aceptar que esa voluntad de síntesis no se había visualizado hasta la presentación del comité de notables, pero le puedo asegurar que ésa fue la voluntad personal de Zapatero, sin renunciar al protagonismo de la nueva dirección. Lo que quisimos con aquella comparecencia del comité de notables fue romper con la idea, alimentada desde la derecha, de que nuestro partido no tenía capacidad de gobierno, después de haber estado gobernando durante 14 años.

P. Sólo se permite el zapaterismo, ¿no?

R. Le aseguro que mientras estemos en la dirección del PSOE, tampoco habrá zapaterismo. Sería caer en viejos errores.

P. Me imagino que le habrá resultado muy laborioso ese encaje de bolillos en el que están casi todos, ¿no?

R. Ese encaje de bolillos sí que ha sido laborioso, pero políticamente no nos ha resultado complicado porque había un deseo unánime de que acertáramos, de superar una etapa política tremebunda como la de Aznar. Puedo asegurarle que me siento muy gratificado de haber podido integrar a todo el mundo, incluso a gente que ha mantenido posiciones críticas.

P. Sólo se les han quedado fuera Javier Solana y... Felipe González. ¿Por qué? ¿Por qué no se deciden a repescar a Solana, que ya no le quisieron de candidato a la alcaldía de Madrid? ¿Para cuándo le van a echar un cable?

R. Le aseguro que Javier Solana está llamado a tener grandes responsabilidades en un futuro inmediato. En cuanto a Felipe, lo cierto es que tomó una decisión que fue la de no formar parte de las candidaturas en estas elecciones. Pero todo el mundo sabe que tiene todo el respeto y toda la admiración de la dirección y del partido. Y yo creo que se siente a gusto con el papel que él mismo ha elegido.

P. Me imagino que se quedó usted helado cuando le oyó aconsejar a Zapatero lo de "se gobierna en Moncloa y no en Ferraz".

R. ¡En absoluto! La función del partido es apoyar al Gobierno. Pero es también dar consistencia y coherencia a todo el proyecto socialista. Yo escuché ese día a Felipe González, pero también escuché al presidente del Gobierno decir que se gobernaba desde La Moncloa, pero que se gobernaba escuchando también la opinión del partido. De todas las experiencias de los Gobiernos socialistas tenemos que tener en cuenta los aciertos, pero también los errores. Y de éstos tenemos que aprender para no volver a cometerlos. Creo que el partido socialista tiene que tener un papel decisivo a la hora de gobernar para ser un engranaje entre el Gobierno y la sociedad, para garantizar que no se pierda la sensibilidad, para tratar de que el poder y la ciudadanía estén muy cerca. El partido tiene que tener un papel decisivo en la acción del Gobierno, y eso no es contrario a que se gobierne desde La Moncloa. Yo me reúno con el presidente todos los lunes, y creo que eso es bastante elocuente.

P. A lo peor le sale a usted un Miguel Boyer con cara de Pedro Solbes. ¿Quién ganaría la batalla si el vicepresidente económico decide que hay que apretarse el cinturón y a usted le toca defender la posición de la gente, de los del "no nos decepciones"?

R. Mire, nosotros tenemos un compromiso con los ciudadanos y el compromiso es nuestro programa electoral. Y le puedo asegurar que el partido va a ser exigente respecto al cumplimiento del programa electoral. También le puedo asegurar que el más exigente en el cumplimiento del programa electoral va a ser el presidente del Gobierno, porque es un hombre de palabra, que cumple lo que promete. Le aseguro que él mismo será el que evite que se produzca esa situación a la que usted hace referencia.

P. Imagine que Solbes se sienta encima de la caja, como hacen los responsables económicos. ¿Cómo cree usted que acabaría un conflicto de prioridades entre el Gobierno y el partido?

R. Yo no estoy en política para hacer futuribles. Pero la lógica establece que los Gobiernos tienen que responder al caudal de confianza que la gente deposita en ellos, de acuerdo con los programas electorales. Lo que pasa es que estamos asistiendo al espectáculo que está dando el PP, que parece que le escandaliza que el Gobierno cumpla lo que promete. Lo que también está claro es que al Gobierno al que le corresponde establecer las prioridades y al partido le corresponde apoyarlas. Nosotros hicimos un programa electoral calculando honradamente lo que pensamos que podíamos llevar a la práctica. Y salvo sorpresas, y partiendo de la confianza en que el Gobierno del PP no nos haya engañado respecto a la situación económica del país en relación a las cuentas públicas, nuestro programa se podrá llevar a la práctica.

P. En el programa del PSOE figura tambien la "desideologización" de la educación, la supresión de la enseñanza obligatoria y puntuable de la religión. ¿Están ustedes preparados para hacer frente a la cruzada de la jerarquía católica y del PP?

R. Estoy convencido de que, al igual que ha pasado en otras etapas de Gobiernos socialistas, al final prevalecerá el sentido común. Y a través del diálogo podrá haber un punto de encuentro y respeto mutuo entre el Gobierno y la jerarquía católica.

P. Además de antipatriotas por traer a las tropas de Irak y conniventes con el terrorismo a cuenta del tripartito, ahora son ustedes socialistas anticristianos.

R. Mire, hay una vieja máxima en política que dice que cuando el enemigo se equivoca no hay que distraerlo.

P. ¿Cuántos puntos les hizo crecer la gestión del 11-M por parte del Gobierno del PP?

R. Es muy difícil de evaluar eso. La gestión que se hizo del 11-M fue una gestión reincidente, sobre otras gestiones que el Gobierno [del PP] había realizado de forma ineficaz. Eso estimuló la participación del electorado, que fue un elemento determinante para la victoria socialista. No fue una cuestión de puntos, sino de una oleada de cambio que el PP no pudo parar.

P. Me gustaría saber si no ha tenido siquiera un minuto de lógica tentación para vengarse con una sonrisa, ante el espejo, de quienes le infravaloraban como Pepiño el de Lugo.

R. Le aclaro que a mí nunca me han llamado Pepiño, sino Pepe Blanco. Y le aseguro que la satisfacción que me produjo haber podido dirigirme a todos los españoles anunciando la victoria socialista me hizo olvidar todas las circunstancias adversas que tuve a lo largo de estos cuatros años. Ese momento no ha tenido precio en mi vida.

José Blanco, secretario de Organización del PSOE.
José Blanco, secretario de Organización del PSOE.RICARDO GUTIÉRREZ

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de mayo de 2004.

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