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Crónica:FÚTBOL | 25ª jornada de Liga

Osasuna reclama un psicoanálisis

Su único disparo a puerta, de Delibasic, le basta al Mallorca para empatar en El Sadar

Osasuna necesita un psicoanalista. Y rápido. Si no lo sientan en el diván es probable que se siga hundiendo en la mediocridad de la clasificación mientras su juego refulge y brilla con la misma intensidad que en el primer tramo de la Liga, cuando todos se admiraban del cambio de mentalidad de este equipo timorato y de provincias. Si históricamente los navarros aguantaban interminables cercos en su portería sin encajar un gol, en la actualidad lo más común es que con un solo disparo desarbolen su zaga. Delibasic lo comprobó en la tarde de ayer. Su volea, único tiro a puerta del Mallorca en 90 minutos, encontró las redes cuando los locales todavía estaban organizando sus posiciones. Ni Eto'o, demasiado alejado del área como para resultar peligroso, ni Campano ni Nené (ni sus respectivos sustitutos Finidi y Toni González) lograron acercarse a la meta de Sanzol y sólo una entrada de Colsa, a veinte minutos del final, pudo ser tildada de peligrosa.

OSASUNA 1 - MALLORCA 1

Osasuna: Sanzol; Izquierdo, Josetxo, Cruchaga, Antonio López; Puñal, Alfredo; Valdo, Aloisi, Moha (Rivero, m. 63); y Rosado (Morales, m. 74)

Mallorca: Leo Franco; Cortés, Ramis, Nadal, Poli; Campano (Finidi, m. 51), Colsa (Marcos, m. 70), Pereyra, Nené (Toni González, m. 51); Eto'o; y Delibasic.

Goles: 0-1. M. 6. Delibasic volea con la zurda un mal despeje de la zaga osasunista. 1-1. M. 17. Jugada de estrategia botada por Puñal y que culmina Aloisi.

Árbitro: Medina Cantalejo. Amonestó a Nadal, Puñal, Alfredo, Josetxo, Leo Franco, Poli, Finidi y Morales.

14.033 espectadores en El Sadar.

Mientras, los locales tiraron de pizarra para dejar en vergüenza a la defensa balear, capitaneada por un lento y dubitativo Nadal. Tras el gol del empate de Aloisi, con todo el encuentro por delante todavía, comenzó el cuento kafkiano de Osasuna: un laberinto alambicado de ocasiones perdidas, injusticias, mala suerte y, por supuesto, sin explicación aparente. Un muro invisible impedía que las internadas de Moha, Valdo o Aloisi acabasen con el premio del gol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 2004