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Reportaje:FIESTAS A LO LARGO DEL CAMINO FRANCÉS | A SANTIAGO SIN PERDER DE VISTA EL MAR

Gigantes y gaiteros para alegrar la larga marcha

Año santo, jacobeo, jubilar. Santiago, 25 de julio, domingo. Durante todo 2004, el Camino por antonomasia, aquel que desde el medievo ha venido uniendo hombres, culturas, países y actitudes ante la vida, el hilo conductor y precursor de la idea de Europa, se verá transitado por el incesante fluir de peregrinos. Primer jacobeo del milenio, las ciudades, aldeas y pueblos que lo jalonan conservan infinidad de celebraciones festivas, algunas nacidas al abrigo del propio Camino.

La primera de ellas fue la apertura de la Puerta Santa de la catedral compostelana, el pasado 31 de diciembre, mientras que el ciclo culminará el último día de 2004, con el cierre de la misma. Esta conmemoración se lleva a cabo cuando la festividad del apóstol coincide en domingo, lo que no volverá a repetirse hasta 2010. Durante este año, los creyentes que pasen por la Puerta Santa y participen enteramente en la liturgia ganarán indulgencia plenaria por un privilegio establecido en 1187 por el papa Alejandro III.

Al abrigo del Camino fueron levantándose monasterios, hospitales, lazaretos, calzadas, puentes, iglesias, cementerios y hospederías. Para ayudar a los peregrinos, algunas iglesias, como las navarras de Santa María de Eunate y del Santo Sepulcro, en Torres del Río (ambas del siglo XII y planta octogonal, a imitación del templo del Santo Sepulcro de Jerusalén), contaban con faros, o linternas, con llamas encendidas permanentemente y destinadas a orientarles. En muchas iglesias y hospitales de zonas escarpadas no dejaba de sonar la campana, como punto de referencia en la noche o en la niebla; en Puente la Reina (Navarra) todavía repican cada noche desde la iglesia del Crucifijo, de los padres reparadores, según un ritual por el que antaño se avisaba al caminante de que las puertas de la ciudad se iban a cerrar. Los habitantes de El Acebo (León) estaban exentos de impuestos a cambio de que mantuvieran en pie y visibles cientos de estacas que marcaban la ruta a los peregrinos, a pesar de la nieve: próximo está el temible puerto de Foncebadón.

Todo ello, parte de historia, parte de leyenda, ha ido conformando los protagonistas, ceremonias y escenarios de muchas de estas celebraciones.

Santo Domingo de la Calzada

Creada por obra y gracia del santo que le da nombre (empezó a levantarse en torno a su sepulcro), la villa riojana celebra las fiestas en su honor entre el 10 y el 15 de mayo. En ellas, la cofradía forjada por el caritativo ermitaño en el siglo XI (lo que la convierte en la institución de apoyo a los peregrinos más antigua de Europa) desempeña un papel fundamental.

Desde el día 1 y hasta el 12 (festividad de Santo Domingo), uno de los cofrades da sendas vueltas por el casco antiguo, al amanecer y al anochecer, tocando un tambor, en recuerdo de la actividad desarrollada por el patrono de las obras públicas y los ingenieros de caminos, quien guiaba de esta forma hasta su albergue a los peregrinos perdidos.

Los diversos actos constituyen una especie de retablo vivo y colorista relacionado con el devenir de la ciudad y su patrono, desde el desfile de los carneros, lustrosos y engalanados, con los que se condimentará el almuerzo del santo, hasta las diversas procesiones (de las prioras, del pan del santo, del peregrino, de la rueda, de Santo Domingo). Suena el tamboril y la gaita, bailan los danzadores y se reparte multitudinariamente la cebolleta, acompañada de pan y vino; y el almuerzo del santo, laboriosamente cocinado con la carne de los carneros, legumbres y hortalizas, y acompañado de pan y vino. El 1 de mayo, la cofradía distribuye el pan del santo, el mollete, que la gente conserva, sin consumirlo.

San Juan de Ortega

Nacido como Juan Velázquez en Quintanaortuño (Burgos) en 1080, la romería en su honor se celebra el primer sábado de junio. A ella acuden 28 pueblos -algunos de nombres tan evocadores como Villaescusa la Solana y Villaescusa la Sombría- con sus cruces, insignias y enormes pendones, esforzadamente manejados por sus portadores. Durante la procesión se entonan los gozos al santo patrono de los aparejadores.

Peregrino él mismo a Tierra Santa, de donde trajo numerosas reliquias, san Juan de Ortega dedicó su vida a proteger a quienes se dirigían a Compostela, levantando a sus expensas en medio de los montes de Oca una ermita para cuidar el alma y un hospital para cuidar el cuerpo. A partir de ahí nacería el monasterio, cuya hospedería tiene fama de ser una de las más acogedoras del Camino.

Santiago

Las fiestas en honor a Santiago se prolongan en Compostela durante 15 días en torno al 25 de julio, cuando tiene lugar la ofrenda al apóstol, poniéndose en marcha el botafumeiro, incensario de 80 kilos de peso, que vuela a lo largo del transepto de la catedral hasta lo alto de la bóveda, manejado por expertísimas manos. La víspera se lleva a cabo el espectáculo de luz y sonido conocido como quema de la fachada, delante de la filigrana en piedra de la catedral y con una plaza del Obradoiro llena a rebosar. Las monumentales calles y plazas de la ciudad se convierten en inmejorable escenario para el desfile y concentración de gigantes y cabezudos, conciertos, recitales, danza y representaciones teatrales.

San Andrés

A san Andrés se le festeja en Estella (Navarra) en dos ocasiones: en torno al primer domingo de agosto, y en su fecha, 30 de noviembre, trasladada al fin de semana más cercano. En verano, sus cuatro famosos gigantes bailan y desfilan acompañados de cabezudos, peñas, acordeonistas, gaiteros y txistularis. La bajadica de la Virgen del Puy, la despedida de las autoridades entre el flamear de rojos pañuelos (pañuelada), los encierros y las danzas completan la fiesta.

En las plazas de los Fueros y de Santiago se desarrollan las celebraciones invernales, que cuentan asimismo con gigantes, gaiteros, feria y torico de fuego (de pirotecnia) que corre entre el alborozo de los chavales. La iglesia de San Pedro de la Rúa (de los siglos XII y XIII), al pie de la peña de los Castillos y en tiempos cementerio de peregrinos, alberga una gran reliquia de san Andrés, portada por el obispo de Patras (Grecia) para depositarla en la catedral de Santiago. Quiso el destino que falleciera aquí, hacia 1270, convirtiendo los estelleses desde entonces a san Andrés en su patrono.

- María Ángeles Sánchez (Elche, 1952) es autora de Fiestas populares. España día a día (Maeva).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de febrero de 2004