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Entrevista:AIMAR | Centrocampista del Valencia | FÚTBOL | 24ª jornada de Liga

"Mi fútbol empieza a dejar algo para recordar"

Persona muy especial, dentro y fuera del campo, Pablo Aimar siente, a los 24 años, que su fútbol empieza a trascender, a dejar algo para el recuerdo: ¿belleza, quizás? En su tercer curso en el Valencia, lleva cuatro tantos y seis pases de gol. Hoy, el Valencia se enfrenta al Madrid en un choque al que cuesta quitarle la etiqueta de decisivo.

Pregunta. ¿El miedo es inevitable ante los partidos grandes?

Respuesta. No es miedo, es ansiedad. Media hora antes es un momento feo, quieres que empiece, pero, por supuesto, es mejor sentir eso que no sentir nada.

P. ¿Intimida el Bernabéu?

R. No. Por suerte he jugado en grandes estadios, como el Azteca de México. Es admirable que hayan hecho esa obra para ver el fútbol. No estoy contento con mis partidos en el Bernabéu. Bueno, quizá en el último [en la Copa del Rey] entré mucho en juego. Pero el equipo que va allí tiene poco la pelota.

"Ser valiente no es pegar una patada, sino pedir la pelota cuando nadie la quiere"

"Suena bastante mal decir 'quiero ser como Zidane'. Es el 'número uno' y hace cosas por instinto"

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P. En ese partido de Copa, Beckham, Guti y Solari se juntaban para cerrarle los espacios.

R. Ellos le van agregando cosas a ese gran juego que tienen.

P. Tras dos encuentros ausente, en los que el Valencia ha goleado, ¿le entran dudas sobre sí mismo?

R. En lo personal, no. Si hubiese jugado yo, habríamos ganado igual. Otra cosa es que le entren al técnico y decida dejarme fuera.

P. ¿En qué fase de su carrera se encuentra?

R. La temporada ha sido muy buena. Estoy en un momento en que empiezo a dejar algo: me gustaría que, de aquí a los 27, que se alcanza la plenitud, se me recordase. Estoy en una fase de consolidación. He hecho buenas cosas y me gustaría hacer muchas más.

P. ¿Su espejo es Zidane?

R. Me gustaría. Pero suena bastante mal decir 'quiero ser como Zidane', porque le viene una pelota a dos metros y tira un sombrero. Es complicadísimo. Hace esas cosas por instinto, no es que esté pensando en eso. Es el número uno.

P. ¿A usted le falta mala leche?

R. Cuando tengo que ir fuerte para defender un balón o para que no me hagan daño, lo hago. Me han expulsado varias veces. Pero no siempre tener huevos, ser valiente, es pegar una patada o dar gritos; tener huevos es pedir la pelota cuando nadie la quiere y cuando nada sale.

P. ¿Demasiado buena persona?

R. No, dentro del campo, no.

P. ¿Y fuera?

R. Sí, fuera, creo que sí. No es una pregunta para mí, pero la gente que me conoce... espero que no me mientan. Cada uno es como le han educado sus padres. Quizá nadie les da gracias a los padres por haberse matado para que uno comiera todos los días, pero yo estoy agradecido. Mis viejos son grandes personas.

P. ¿Dónde está su vanidad?

R. Todos tenemos un poco. Supongo que es necesaria porque cuando entras en un estadio, donde hay tanta gente, en vez de darte vergüenza ocurre lo contrario.

P. Su entrenador, Rafa Benítez, dice que es usted demasiado generoso, que quiere participar demasiado en el juego.

R. Siempre me dice que es mejor tocar una pelota en el área que no seis lejos de ella. Intento mostrarme para dar una solución a mis compañeros. Hay que aprender cuándo es mejor estar cerca de un compañero para una pared, o lejos para estar cerca del área.

P. Pero Benítez también le pide que no pare de correr.

R. Somos un equipo que se caracteriza por recuperar balones, apretar mucho al rival y no descansar casi en ningún momento. No tenemos mucho la pelota ni intentamos un juego vistoso. Nuestro fuerte es otro y nos da resultado.

P. ¿Se desgasta más que Zidane y Valerón?

R. Hago un buen desgaste, pero va con el estilo de mi equipo. Jugamos más atrás y nos quedan 50 metros para llegar al arco. Y ellos son dos jugadores más grandes que yo, que, con el tiempo, han ido quizá eligiendo mejor. Hay que aprender a no ir a por esa pelota, o a no bajar a dar un apoyo. Quizá debo ser más racional y, aunque disfrute menos porque toque menos balones, pueda beneficiar al equipo. En Argentina tocaba muchísimos más balones, como le pasaba a Riquelme, que estaba a 60 metros de la pelota y se giraban para pasársela. Acá debes acostumbrarte a jugar de primeras... No sé cuándo me iba más contento a casa, creo que en Argentina.

P. ¿El líder del vestuario?

R. Los capitanes: Albelda y Baraja, pero también Ayala, Cañizares y Carboni tienen su liderazgo.

P. ¿El mejor y el peor momento de su trayectoria?

R. Los más lindo fue el grupo del Mundial sub 20 de Malaisia 97, que empezó con un título en el Suramericano en Chile y terminó con un Mundial: Samuel, Riquelme, Cambiasso, Placente... Lo peor, los primeros meses en Valencia y la final de la Champions [ante el Bayern en Milán]: yo no estaba jugando bien, había llegado hace poco, y ...después perderla. Cualquier derrota es muy fea porque si un chico queda mal en un examen, lo sabe él y dos más; pero si nosotros tenemos un mal día...

P. Según un estudio de La Gazzetta dello Sport, en la época de Luis Suárez, los fantasistas tenían cuatro segundos para inventar una jugada. Ahora uno. ¿Suficiente?

R. Para algunos sí. Hay poco espacio y hay que moverse mucho más. Pero creo que los grandes jugadores de entonces se adaptarían al juego de ahora.

P. El guitarrista Paco de Lucía dice que la técnica debe estar muy asimilada para olvidarla, ¿también en los grandes futbolistas?

R. Yo tengo que estar concentrado en un balón que viene fuerte o que va a picar mal para pararlo. A mí no me sale porque sí.

P. Estudia guitarra, por cierto.

R. Tenía una, pero es muy difícil. Por supuesto que me encantaría ponerme un chip y saber tocar como un gran guitarrista.

P. ¿Cómo soporta la fama?

R. La popularidad dura siete años porque en los primeros años no te conoce nadie y, en los últimos, tampoco. Pero no voy a extrañar cuando no me conozcan. No dejo de hacer nada: voy a cenar, al cine... En Buenos Aires, si eres del River, los del Boca sí te insultan por la calle y es incómodo.

P. ¿Por qué causa furor entre los japoneses?

R. Es extraño que en un lugar tan lejano y con una cultura tan distinta te conozcan. Lo he pensado y quizá, como ellos son bajitos, a mí y a Saviola nos ven parecidos.

P. ¿Alguna película para recomendar?

R.

Dos. Lugares comunes y 21 gramos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2004