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CARTAS AL DIRECTOR

Sierra Ministra no está en peligro

Leo con asombro y preocupación el alegato que, desde Barcelona, hace una lectora a propósito de la posible construcción de un parque eólico en la provincia de Guadalajara. Soy viejo militante de Greenpeace y todavía me asombro de la ingenuidad o desconocimiento del que hacen gala pequeños grupos locales que invocan el medio ambiente para descalificar de hecho las pocas energías renovables y limpias que nos quedan. Los aerogeneradores modernos (que no los de hace 10 años o más) sencillamente no matan aves debido asu enorme altura y baja velocidad de giro. No se conoce un solo caso de alondra de Dupont u otra especie muerta en choque con un aerogenerador. Por otra parte, el impacto de la construcción de un parque es tan asumible que, una vez construido cumpliendo las normas ambientales más básicas, sólo son visibles las torres... y aquí viene, una vez más, el factor subjetivo. Por lo que a mí respecta, amo los molinos; me gustan más que los rascacielos, más que las chimeneas de las centrales térmicas, más que las macropresas y mucho más que las nucleares. Y sé que, aun siendo una energía "intermitente" no lo es cuando se la considera a nivel nacional, con lo cual la falta de viento en una región se compensa con el viento de otra. De ahí que se pueda decir que gracias a los parques eólicos ya en funcionamiento, España se ha ahorrado ya un par de centrales nucleares como las de Trillo o Vandellós l. Naturalmente, los aerogeneradores cuestan dinero, y mucho. Por eso hemos exigido al Gobierno que dé el trato que merecen las energías limpias, para que los que las ponen ganen dinero (como lo gana un tendero o un agricultor). Porque sabemos que ni las organizaciones ecologistas ni las monjitas de la caridad tienen como objetivo el abastecimiento sostenible de energía eléctrica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de enero de 2004