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Rijkaard: "Hay que cuidar a Ronaldinho"

Corría el minuto 77 cuando Ronaldinho se disponía a sacar un córner. En ese momento, en la banda se izó el cartelón con su dorsal, el 10. Rijkaard había decidido prescindir de el brasileño, que con cara de pocos amigos se fue, despacito, cruzando por detrás de una portería antes de sentarse en el banquillo y contarle sus penas a Rüstü, el portero suplente. La decisión de Rijkaard de relevar a Ronaldinho sorprendió a todos los presentes. Tan cierto es que arrastraba molestias como que tendrá un descanso inmediato, pues no jugará la próxima jornada de Liga por acumulación de amoestaciones. Pero Rijkaard prescindió de él y luego llegó el gol del Zaragoza, el fiasco y la eliminación. ¿Por qué sustituyó a Ronaldinho?, se le preguntó al técnico holandés en la sala de prensa. Y así respondió éste: "Tenemos que cuidarle", antes de entrar en disquisiciones sobre la soledad de Saviola en el ataque.

Pero no fue el de Ronaldinho el único relevo sonado. Según la particular visión de Rijkaard, el Zaragoza alcanzó las semifinales por una razón simple: "Jugaron con más esperanza, creyeron en la posibilidad de empatar y fueron más fuertes que nosotros en algunos momentos de la segunda parte". Por esa superioridad física del rival justificó la sustitución de Davids, pues "trabajó mucho pero al final vi que sufría". Menguada su resistencia, prefirió buscar en el banquillo la agresividad que faltaba.

Diferente fue la razón por la que dio entrada a Saviola: "Kluivert recibió un golpe y me obligó a cambiarle". El alcance de la lesión del holandés, que en principio afecta al ligamento de la rodilla izquierda, no fue aclarado por los médicos del club.

Fue un paso atrás y lo mejor es pasar página. Así podría resumirse la sensación que transmitieron Rijkaard y sus jugadores tras el choque. "Es un paso atrás que duele por inesperado", dijo el técnico, que sólo encuentra una solución a modo de consuelo: "Pasar página y pensar en los próximos compromisos". Y llegados a este punto, Rijkaard agradeció "el calendario, tan cargado que no permite pensar demasiado en lo sucedido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de enero de 2004