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Crónica:FÚTBOL | Ida de los cuartos de final de la Copa del Rey

El Barça se para también en la Copa

El equipo azulgrana estuvo irreconocible y fue apuntillado por el Zaragoza gracias a un penalti inventado por el árbitro

Descolocado en la Liga, el Barcelona se complicó ayer la vida en la Copa. Inútil atacando, el árbitro le castigó de mala manera con un penalti que a fin de cuentas supuso un premio excesivo para el Zaragoza. El colegiado estuvo tan mal como los dos equipos en un partido futbolísticamente negado. La falta de gobierno de unos y otros posibilitó el intervencionismo de Megía Dávila, que ante la dejación de funciones de los contendientes, se dijo: ésta es la mía, y se marcó un penalti que a buen seguro dará mucha carnaza, tanta al menos como las salidas nocturnas de Kluivert, que a falta de fútbol ayudan a pasar la vida en el Camp Nou.

Los azulgrana fueron un plantel tan irreconocible que no hubo ni noticias de Ronaldinho para suerte de un Zaragoza tan esforzado como afortunado. La lesión de Iniesta ha condicionado tanto la alineación y el juego del Barcelona como la llegada de Davids, que marca el paso incluso cuando hay que posar para la fotografía oficial. Rijkaard se ha plegado al pitbull holandés y ayer guardó a los futbolistas livianos que le quedaban para darle más altura y músculo al equipo. Frente al Zaragoza, formó el tridente (Saviola, Kluivert y Ronaldinho) y a sus espaldas el entrenador dispuso a tres centrocampistas robustos (Cocu, Gerard y Davids), físicos, directos y frontales. Por la misma razón que cargó la divisoria de piernas, el técnico prescindió de Xavi y, ya puestos a afrontar un partido sin el medio centro, dedujo Rijkaard que para nada necesitaba a los extremos, y tampoco resultó.

BARCELONA 0 - ZARAGOZA 1

Barcelona: Víctor Valdés; Reiziger, Oleguer, Márquez (Luis García, m. 81), Óscar López; Gerard, Cocu (Xavi, m. 46), Davids; Saviola, Kluivert (Overmars, m. 71) y Ronaldinho.

Zaragoza: Lainez; Rebosio, Milito, Álvaro, David Pirri; Galletti, Cuartero (Generelo, m. 67), Ponzio, Savio (Cani, m. 40); Drulic y Yordi (Villa, m. 46).

Gol: 0-1. M. 74. Villa transforma por bajo un penalti señalado por el árbitro en una pugna entre Gerard y Drulic.

Árbitro: Megía Dávila. Amonestó a Álvaro, Cuartero, Kluivert, Gerard, David Pirri, Ponzio, Davids, Oleguer, Generelo, Ronaldinho y Overmars.

Camp Nou. Unos 44.000 espectadores.

Puesto en la cancha, el Barcelona se miró y no se reconoció, circunstancia que permitió al Zaragoza ubicarse sin prisas y desplegarse con gusto. Apostados en la línea media, agrupados los delanteros y los defensas con los medios, presionaron y bien los maños, que se manejaron con una suficiencia desconocida si se atiende a su triste paso liguero por el estadio. En su debut, Víctor Muñoz endureció tácticamente al equipo, que desde la simple lectura de la alineación pareció tener una pinta más valiente y contundente que hace 15 días.

Entre lo que sabía el entrenador forastero y lo que desconocía el local, que han visto los mismos partidos del equipo azulgrana, uno en calidad de comentarista y el otro como técnico, el Barcelona quedó neutralizado. El encuentro resultó futbolísticamente descorazonador. Hubo mucha tralla, faltas reiteradas, tarjetas para unos y otros, desafíos personales y ninguna visión de conjunto. Pasaron frío los dos porteros, y sólo el árbitro calentó a la hinchada, desesperada con tanta murga.

Tras arrancar con dos remates muy interesantes, el Zaragoza se quedó parado mientras el Barcelona no sabía cómo conectarse. Falto de línea de pase, mal puesto y sin jugadores de banda, el equipo azulgrana no tuvo fluidez ni llegada sino sólo energía por no llamarle dureza. Apareció de nuevo el embudo, que se tragó irremediablemente a Ronaldinho, víctima igualmente de la irracionalidad de su propio equipo y de la cordura del contrario.

Una lesión de Cocu ayudó a Rijkaard a corregir parcialmente la contienda en el descanso. Apareció Xavi en escena y el equipo azulgrana fue cuanto menos más reconocible y ortodoxo, aunque igualmente manso. Al Zaragoza, que había procurado que la pelota la jugara siempre Oleguer, se le abría un nuevo frente: los azulgrana ganaban pase interior, pero no desborde, por mucho que Saviola se abriera por el margen derecho y Ronaldinho se arrancara desde el izquierdo.

El Zaragoza se abandonó por el tono del partido. Acostumbrado a perder, el equipo aragonés se frotaba las manos con el empate a cero. Acomodados los maños en la defensa de su portería y desorientado el Barcelona en la búsqueda de la contraria, la contienda degeneró en una refriega barata. Maltratada la pelota, el partido demandaba una intervención de autor, de Ronaldinho, o una sacudida desde el banquillo, así que entró Overmars y salió Kluivert. La hinchada se arremangó en espera de mejores noticias, y entonces ocurrió que el árbitro se inventó un penalti por una entrada de Gerard a Drulic.

Al Barça de nada le sirvió poner en escena a la munición que le quedaba en el banquillo, atacar finalmente a los débiles laterales forasteros, presionar desde el punto de penalti, ni tampoco el aliento de la hinchada, cabreada por el atrevimiento del colegiado. El Zaragoza resistió a pie firme y aguarda la vuelta en La Romareda con el viento a favor. Para el Barça, la Copa pinta ya tan mal como la Liga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de enero de 2004