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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

Noche frenética en el Calderón

El Atlético se sobrepone a la baja de Torres brindando a su público un emocionante duelo frente a un Racing intimidante

Hay noches en que el Calderón vibra como una coctelera y el público se harta de sufrir como dice la canción de Sabina. La de ayer fue una de esas noches típicas, cargadas de situaciones emotivas y desconcertantes. La gente no tuvo lugar a quitar ojo del partido y se debió marchar contenta después de comprobar el carácter del Atlético, equipo difícil de resignar, pertinaz, sanguíneo. Eso lo sostuvo cuando le faltaron otras cosas. Y ayer, contra el Racing, lo primero que echó de menos fue a Torres, lesionado en los primeros minutos. Sin su referencia principal el Atlético volvió a jugar como lo hacía en su época de Segunda, un tic que todavía lleva como un estigma de aquella pasión. Recuperar la pelota le llevó el resto del partido.

ATLÉTICO 2 - RACING 2

Atlético de Madrid: Juanma; Gaspar, Santi, Lequi, Sergi; De los Santos; Álvaro Novo, Ibagaza, Nano (Musampa, m. 60); Paunovic y Fernando Torres (Rodrigo, m. 23).

Racing de Santander: Ricardo; Afek, Pablo Casar, Juanma, Ayoze; Nafti (Jonatan, m. 76), Diego Mateo (Matabuena, m. 50); Morán, Benayoun, Regueiro (Javi Guerrero, m. 76); y Bodipo.

Goles: 0-1. M. 53: Matabuena. 1-1. M. 63: Paunovic. 2-1. M. 70. Musampa. 2-2. M. 80. Jonatan, de penalti.

Árbitro: González Vázquez. Expulsó por doble amonestación a Diego Mateo (ms. 48 y 70), la segunda cuando estaba en el banquillo tras ser sustituido. Amonestó a De los Santos, Musampa, Gaspar, Ibagaza, Lequi, Santi, Benayoun, Juanma, Pablo Casar y al entrenador del Racing Lucas Alcaraz.

Unos 50.000 espectadores en el Vicente Calderón.

El Racing salió al campo a presionar al Atlético de forma que perdiera la agresividad del arranque. Subió las líneas y quitó balones en campo contrario con un despliegue bien organizado. Cuando tuvo la pelota la movió y la armó sin precipitación. El efecto fue inmediato: el Atlético perdió el balón y Torres se quedó solo como única salida. En ese ecosistema, Lequi, que reconoce que le gustan los pelotazos, disfrutó de numerosas ocasiones de lucirse. En una de esas, Torres atrapó un pase y se escapó con su habitual sentido de la verticalidad. Fue la última vez que los hinchas vieron en acción a Torres en plenitud porque fue derribado y lesionado.

Sin Torres en el campo, el Atlético debió modificar su manera de jugar para adaptarse a las limitaciones que encontraba. Como no había nadie que rompiera por velocidad, los pelotazos se hicieron inútiles. Entonces Lequi, Sergi y De los Santos bajaron la cabeza y buscaron otra salida. La descubrieron en Ibagaza, el único jugador capaz de desatar el nudo. Un tipo al que no se le puede tirar una pelota a cargar pero que, con un pase al pie, sabe mover a todo el equipo alrededor de ideas ofensivas. Ayer, además, asumió la responsabilidad con la determinación de un líder.

El primer gol del Racing, una extravagancia que comenzó y terminó en Matabuena -cinco veces remató ante el desorden de la defensa del Atlético, hasta marcar- puso las cosas muy cuesta arriba para los locales. Fue lo lógico. El Racing nunca tuvo que alterar su guión y el Atlético debió improvisar. El Racing jugó bien y el Atlético jugó bastante mal hasta entrada la segunda parte.

El Racing no tiene jugadores fantásticos. Pero juega tan bien que da esa impresión. Es raro verle jugar en largo y se aferra al piso como si la gravedad le intimidara. El centro del campo numeroso, con cinco jugadores aplicados que saben pasar el balón, hace al efecto: la pasan atrás y adelante, afuera y adentro, como mandan ciertos cánones ancestrales. Tal vez no sea justo decir que el Racing es un equipo valiente. Lo que es seguro es que la pelota no lo asusta. Al que menos, a Benayoun, el media punta que armoniza todo y el que se jugó el partido en un mano a mano final con Ibagaza. Fue el paradigma de duelo futbolero.

Benayoun es un enganche entre muchos que ha habido y que habrá. El talento se le supone incorporado, como a todos los enganches. Lo que le distingue es que está rodeado por un grupo que le responde con coherencia. Del otro lado, Ibagaza vive más aislado, por delante de gente como Lequi, Nano o De los Santos, que probablemente le tengan menos en cuenta. El juego del Atlético es más directo, quizá porque responde a la presencia de Torres. Pero ayer, sin Torres, los jugadores debieron asociarse para resolver el problema de forma colectiva. Ahí apareció Ibagaza.

Sin Torres los centros de Nano -generalmente a ciegas- se hicieron innecesarios. El extremo fue sustituido por Musampa, hombre de más llegada. Con este cambio, y gracias a un Ibagaza muy dinámico, el Atlético levantó vuelo. El penalti fallado por el argentino no desmereció su partido y quizá lo impulsó a perseverar.

El gol de Paunovic, después de un tiro de Ibagaza desde fuera del área, y la remontada, a cargo de Musampa, consagró el juego del Atlético. El equipo se sobrepuso a una situación difícil ante un rival muy poco compasivo como para disculpar los líos ajenos. Para perdonar, ya había perdonado Bodipo tras quedarse solo con el balón muerto, después de un vergonzoso error de Juanma en la primera mitad.

El gol del empate, un penalti ejecutado por Jonatan, premió las virtudes del Racing y castigó las vacilaciones de la defensa del Atlético, tan precaria como siempre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 2003