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FÚTBOL | Decimocuarta jornada de Liga

El peor traje de Simeone

Más supersónico que nunca, Ronaldo tardó en desquiciar a Simeone menos de lo que le lleva a Manzano ajustarse el nudo de la corbata. Sin tregua, sin cháchara de ningún tipo, en 16 segundos el brasileño metió el turbo, Simeone le quiso frenar de mala manera al borde del área y el Bernabéu se quedó atónito. Y Manzano purgando su pésima decisión, la cual no rectificó en toda la noche, para desgracia del ídolo del Manzanares, que con tantas arrugas no merece tortura semejante.

Manzano quedó en evidencia tras los cuatro primeros toques de jugadores blancos. Raúl, Beckham, Zidane y Roberto Carlos condujeron la pelota hasta Ronaldo, un delantero sin pausa, que no negocia tiempos con nadie. Sin más, el brasileño enfiló a toda mecha el área del Atlético. Simeone debió dar un paso atrás para que su enemigo tuviera que desacelerar y pensar. Pero salió de la cueva a toda pastilla, al más puro estilo Simeone, y se fue al suelo. Ronaldo brindó con el desatino del Cholo. Nada distingue más al brasileño que su habilidad en pleno vuelo. Con sencillez regateó al camaleónico central y burló a Burgos como un ángel.

Simeone, que tras muchas cicatrices se ganó a pulso su reputación como centrocampista, nunca ha sido central. Pese a que el Inter, que adora la producción de defensas, le probara en dicho cargo, al argentino le falta instinto y temple para el puesto. Sacar la escoba en el medio es una cosa y adivinar las tretas de los delanteros es otra. En el eje la sangre puede hervir; en la zaga se precisa intuición, sosiego. Son oficios diferentes, por más que diga el manual de Manzano, empecinado en cambiar el traje de Simeone. Y encima en el peor escenario posible y ante el delantero más rutilante del planeta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de diciembre de 2003