Crítica:TEATRO | 'Wit'Crítica
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¡Qué grande es!

Fue un estreno de relumbrón, un llenazo de famosos que, al acabar la función, terminaron todos puestos en pie en una larga y rendida ovación ante el trabajo, realmente impresionante, de una actriz enorme que se prodiga poco en los escenarios. Pese a la indudable calidad del texto de Margaret Edson, lo imponente es el vuelo de la interpretación que Rosa Maria Sardà realiza desde una conmovedora sencillez. Al fin y al cabo, Wit narra la vida de una enferma terminal de cáncer desde que le descubren la enfermedad hasta la muerte y no pide otra cosa que afinar el tono de una narración, casi un monólogo, que se mueve en equilibrio precario entre lo trascendente y lo irónico, entre lo poético y lo cotidiano.

Wit

De Margaret Edson. Traducción: Juan Vicente Martínez Luciano. Dirección: Lluís Pasqual. Intérpretes: Rosa Maria Sardà, Fernando Guillén, Teresa Lozano, Mercè Pons, Pau Miró, Anna Alarcón, Xesc Cabot, Yago Morera, Jaume Najarro. Escenografía e iluminación: Lluís Pasqual. Teatre Borràs, Barcelona. 21 de noviembre.

Humanizar, poetizar, intelectualizar el cáncer. Eso es lo que consigue Margaret Edson en un texto estructuralmente endeble pero brillantísimo en su aproximación al lenguaje científico de la muerte desde la poesía metafísica de John Donne (1572-1631), al hacer que la protagonista de la obra sea precisamente una profesora universitaria especializada en el poeta. Wit es un ir y venir entre el monólogo lanzado directamente sobre el público, casi a la manera del cabaret literario, y pequeñas escenas teatrales con médicos y enfermeras, lo que es, sin duda, el aspecto menos conseguido de un texto que concentra su máxima potencia en la primera media hora.

En todo caso, Wit no sería lo que ahora es sin el trabajo de Rosa Maria Sardà, que sabe saltar de un registro a otro con precisión y rapidez. Desde el primer monólogo de la actriz, en su primera aparición con camisón de hospital y arrastrando el gota a gota, Rosa Maria Sardà se mete al público en el bolsillo. A su lado, un grupo de secundarios de lujo como Fernando Guillén, Teresa Lozano, Mercè Pons y Pau Miró dan vida a personajes de ínfimo valor teatral que tienen como única función hacer que la obra progrese en pequeñas escenas de hospital.

La dirección de Lluís Pasqual se ajusta a dos de las exigencias básicas de este montaje: primera, servir con nitidez un texto cargado de valores literarios; segunda, hacer que la Sardà esté en todo momento en su lugar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de noviembre de 2003.

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