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Reportaje:

A recordar se aprende jugando

La Universidad de Cádiz y la Diputación ponen en marcha un proyecto para estimular la memoria de los ancianos

Lo único que Rosa sabía hasta hace unos días sobre los ratones es que había que huir de ellos. Ahora ha descubierto que es mejor jugar con ellos. Rosa tiene 71 años y forma parte de un proyecto conjunto de la Universidad de Cádiz (UCA) y la Diputación.

El programa Conservación y rendimiento de funciones cognitivas en personas mayores mediante nuevas tecnologías pretende motivar la memoria de los ancianos para frenar el proceso degenerativo.

La Diputación de Cádiz pondrá 48.000 euros durante los dos años que dure el proyecto y la Universidad aporta seis psicólogos, cuatro de profesores de la UCA y dos becarias. El pasado mes de mayo, este grupo de psicólogos empezó a evaluar a 99 ancianos de la residencia geriátrica José Matías Calvo. Entre ellos, seleccionó a 45 cuya memoria no está especialmente dañada. Los especialistas los dividieron en tres grupos y, en estos dos años, comprobarán cuál es el progreso de cada uno de los participantes.

Con la ayuda del ratón

Durante media hora en las mañanas de los lunes, miércoles y jueves, una de las salas de la residencia se llena de una actividad inusual. Un grupo trabaja con el ordenador; otro, con lápiz y papel, y un tercero utiliza una técnica mixta: ordenador y lápiz y papel.

El proceso es lento. Para que ellos puedan controlar su memoria y no al contrario. La psicóloga Inma Menacho enseña a Juan, Mercedes, Rosa y Josefa, con una media de 75 años, a manejar el ratón. "Si no aprendéis cómo funciona el ratón", les explicaba Inma, "no podréis hacer nada después".

La psicóloga les puso una pegatina en el ratón para que no se olviden de que es ahí donde tienen que pulsar para que el ordenador les haga caso.

Ayer se dedicaron a pintar con un programa específico y después podrán utilizar otros juegos más complejos. Rosa pintó su nombre en la pantalla. Muy despacito, fue escribiendo una a una las letras. Sin parar de reír, le comentaba a su compañera de mesa sus progresos: "Mira, he pintado mi nombre. ¡Pero me ha salido con zeta! ¡Roza en lugar de Rosa!".

La motivación de los participantes es una de las satisfacciones del doctor José Ignacio Navarro, director del proyecto: "Ellos se dan cuenta de que pueden hacer más cosas, de que sirven para algo. Se sienten útiles y mejoran su autoestima". Para el psicólogo, la memoria de estos ancianos es como un coche que está en ralentí. "Su vida diaria es muy monótona: ir al comedor, cuidar de su higiene, ver la televisión y dormir. Su memoria es como un coche. Si lo tienes en ralentí, no anda hasta que le metes una marcha. Funciona, está encendido, pero no anda. Nosotros les estamos metiendo la marcha".

La idea de este programa es que los ancianos conviertan la actividad mental en rutina, que incorporen en su quehacer diario los ejercicios. "Está estudiado que cuando se usa de una forma activa el cerebro, tarda más en deteriorarse", asegura el doctor Navarro, que está utilizando también este programa como proyecto de investigación.

Fuera de las clases no deben dejar de jugar con la memoria. Los psicólogos les recomiendan que vean los informativos, lean cualquier texto o piensen cinco minutos antes de dormir sobre lo que han hecho ese día. Los psicólogos les enseñan que tienen tres retos que empiezan por erre: registrar, retener y recordar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2003