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Crónica:VUELTA 2003 | Octava etapa

Aitor revive

Nozal mantiene el liderato el día en que el ganador de 2002 empieza a mostrar más capacidad

O los directores son gente demasiado voluble o la realidad es demasiado tozuda. O nadie sabe nada. O los ciclistas son gente libre. Asustan cuando se les ve por la mañana tan seguros de sí mismos, con las ideas tan claras cuando reúnen a los corredores en el autobús y les dan doctrina y órdenes estratégicas. Luego hablan y opinan. Ningún detalle se les escapa, ningún matiz. Son grandes maestros del ajedrez. U hombres del tiempo: a tal hora la borrasca y en tal puerto el anticiclón. Luego, por la tarde, la carita triste tras el volante, un ojo en el cronómetro contando el retraso de los suyos, otro ojo en el podio viendo al del equipo rival recibir el ramo de flores. Y eso que se han pasado la etapa tomando decisiones y comunicándolas a los suyos vía el terrible pinganillo. O por eso.

Algunos ejemplos: Manolo Saiz pasó unos momentos tan malos en el Portillon, que a punto estuvo de ordenar a Quim Rodríguez, el astuto ciclista de Parets, que se parara, que dejaran que siguiera la fuga sin él y que esperara para ayudar a Nozal y Galdeano en el llano hacia Vielha, que el equipo había reventado. Pero ni el equipo había reventado ni Rodríguez se paró, sino que, después de recibir nuevas órdenes -"sigue a Aitor Osa a todas partes"- y obedecerlas volvió a ser el Quim descarado que fue desde debutante. Se puso a rueda del rubio de los Osa -que ayer sí que comió y aguantó hasta el final-, y como un jinete con la fusta le fue ordenando acelerar hacia la cima de Pla de Beret, donde, con la facilidad que se le supone, superó al laborioso ciclista del iBanesto.com. La victoria no hizo sino entristecer más a Manolo Saiz, quien, casi con lágrimas en los ojos, declaró: "No nos gusta ganar así". Quién lo podía pensar.

Más: el Portillon fue duro y selectivo porque Eusebio Unzue mandó a todos sus escaladores, conducidos por Piepoli, hacer una radiografía del grupo compacto. Además, había visto signos de flaqueza en Heras. Cuando se produjo el corte consiguiente -al que contribuyó un Aitor González redivivo- el gran damnificado, el hombre que exhibió sus flaquezas, fue Mancebo, el líder nominal del equipo de Unzue. Y a Heras, por si acaso, lo reintegró al grupo de los buenos Unai Osa, otro discípulo de Unzue. Finalmente, el más débil del US Postal no resultó ser Heras, sino el líder virtual Beltrán, cuyo tran tran se atrancó en los falsos llanos de Beret.

Así es la Vuelta, dicen, una carrera única porque deja a todos los sabios con cara de estúpidos. Y quien ayer apostaba por Heras o Beltrán, montañeros ligeros, hoy lo hace por Igor o Aitor, rodadores ágiles. Con lo cual no es extraño que haya líderes de todo tipo: oficiales, naturales, virtuales, a la sombra, increíbles o imposibles. Por lo menos, y no es consuelo escaso, esta tan curiosa Vuelta está sacando a la luz el gran talento de dos ciclistas muy buenos, que están por encima hasta del pinganillo, dos ciclistas con iniciativa: Isidro Nozal y Alejandro Valverde, que añadieron a su demostración del Aubisque la víspera un nuevo número en Beret ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 2003