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"Había que ganar para acabar con la ansiedad"

Gregorio Manzano sabía que una derrota en el día de su estreno en la Liga en el Calderón iba a sembrar de incertidumbre su proyecto. Así que, terminado el encuentro, al técnico jienense le sobraba satisfacción, especialmente por el trabajo psicológico ahorrado y las dosis de presión despejadas.

"Teníamos que ganar para acabar con la ansiedad de la primera victoria", señaló. Sin embargo, el 1-0 final no se produjo como consecuencia del buen juego, algo que admitió Manzano: "El Albacete ha trabajado muy bien en el medio del campo y eso nos ha supuesto falta de movilidad. En vez de abrir a las bandas, nos hemos precipitado en el centro". El ex entrenador del Mallorca reconoció que el equipo despierta mucha ilusión, "pero", matizó, "queda bastante camino por recorrer".

Uno de los futbolistas que no pudo emprender el inicio del viaje esperanzador del Atlético fue Ibagaza. Sólo apareció por Sevilla, en el primer partido, durante un tramo del segundo tiempo. Ayer, ni siquiera se sentó en el banquillo al no superar los problemas musculares del sóleo de su pierna izquierda. "No tuvo la sensación que tienen todos los profesionales antes de saltar al campo", dijo Manzano al respecto.

No fue la única incidencia previa al partido. El árbitro del mismo, Pérez Burrull, acudió al vestuario antes del comienzo para comunicar al Mono Burgos que no podía salir enfundado en los pantalones largos habituales debido a una reciente prescripción de la UEFA. El portero argentino exhibió entonces unas bermudas y las medias bien estiradas, de modo que sólo lució las rodillas.

El Albacete de César Ferrando regresó siete años después al escenario en el que obsevó como comparsa la conquista del último título de Liga del Atlético. "Hacemos lo que podemos", apuntó el entrenador para justificar la inocencia en el área rival de su equipo, timorato todo el encuentro porque, según subrayó, "no se creía que podía ganar".

Y ni siquiera empató por la inspiración en el lanzamiento de falta de Jorge, quien, como informó Gregorio Manzano, se pasó buena parte del entrenamiento del martes ensayando esta suerte en la misma portería en la que marcó ayer. "Las metía todas el chaval", agregó el jienense. "Es el día más feliz de mi vida; además se lo quería dedicar a mi padre porque el martes fue su cumpleaños", destacó el jugador grancanario.

El palco del Calderón enseñó una imagen poco frecuente: Jesús Gil, sentado en segunda fila, detrás de Enrique Cerezo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2003