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Español para extranjeros | HUMOR

Heno de Pravia

A poco que se fije, el visitante observará que el deporte nacional no es el fútbol, ni la chapuza entendida como una de las bellas artes, ni la cirugía estética, ni el adulterio, ni el transfuguismo, ni la basura televisiva, ni el ensayismo sobre la basura televisiva, ni ese "vuelva usted mañana" que tanto sublevó al malogrado Mariano José de Larra, ni la impotencia ante los terribles incendios forestales. El deporte nacional (de muchos países) es la maledicencia. No conforme con practicarla al detalle (es decir, de uno en uno), los nativos tienen a bien ejercitarla con colectivos enteros (a granel). La maledicencia a granel tiene dos vertientes: exterior e interior. Ejemplo de maledicencia exterior: un grupo de indígenas tomando un aperitivo en una terraza, viendo pasar a turistas de variada procedencia y denigrándolos en función de su origen, resistencia al sol o vestimenta. Que si los holandeses esto, que si los franceses aquello, que si las italianas cual, que si las inglesas tal, rajando con la misma alegría con la que el subsecretario de Turismo del Gobierno italiano Stefano Stefani describió a los alemanes como un pueblo de rubios nacionalistas que asaltan a voz en grito las playas italianas, criados entre campeonatos de eructos.

El insulto interior a granel presenta más matices y arrastra envidias y resentimientos atávicos que han enriquecido tanto el idioma como nuestra prodigiosa capacidad para el enfrentamiento gratuito. La tradición popular, fundamentada en una circulación oral de la información que ríete tú del Internet ése, ha ido extendiendo prototipos y plantillas poéticas que cada colectivo utiliza a su gusto para ensañarse con prójimos indefensos y mantener vivas competitividades dignas del programa Gran Prix o de aquel anuncio de Fairy entre Nosecuántos de Arriba y Nosecuántos de Abajo. Sabido es que, aunque no lo parezca, el insulto disminuye las probabilidades de llegar a las manos. Ya saben: perro mordedor, poco ladrador. Así pues, si el extranjero se toma la molestia de recorrer distintos lugares y culturas de la Península o de sus archipiélagos adosados, observará que los unos (de dónde sean) echan pestes de los otros (de dónde sean), y viceversa. Existen muchos expertos en la materia, pero si los meten a todos en un bombo y sacan sólo a uno, puede que les salga José Esteban, autor del interesante ¡Judas!... ¡Hi... de puta!, insulto y animadversión entre españoles. Crítico y novelista, Esteban se sumerge en las procelosas profundidades de nuestras desavenencias y compila, por orden alfabético, centenares de colectivos damnificados por esta piromanía verbal. Se agradece que no se rasgue la vestiduras y que analice el fenómeno con temple, ironía y distanciamiento: "En todo grupo humano existió siempre la tendencia a realizar estimaciones muy positivas de lo propio y muy negativas de lo ajeno".

Ejercicio del día. Señale cuál de estas dos estimaciones, ambas recogidas en el libro de Esteban, es positiva y cuál negativa. a) "El aragonés tozudo, el navarro fanfarrón, el andaluz pinturero, y el valenciano traidor", y b) "Lo mejor del mundo, Europa. Lo mejor de Europa, España. Lo mejor de España, Asturias. Lo mejor de Asturias, Pravia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de agosto de 2003