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Crónica:

Furor en Hong Kong

El Madrid, con un Zidane estelar, alivia sus tensiones a costa de un débil adversario

Como la gira por Asia se presta a lo inesperado, el combinado que formó la federación de Hong Kong salió a practicar fútbol-kung fu y el Madrid le respondió con el furor del dragón. A la sombra de los rododendros y las cañas de bambú, en el fondo de un valle umbrío que se eleva hacia las colinas de la isla, el estadio de la ciudad fue testigo de las patadas voladoras y otras acciones marciales que héroes y villanos se intercambiaron hasta que el agotamiento convirtió el encuentro en un aburrimiento total.

No cabe duda de que el pretexto del partido amistoso sirvió a los jugadores del Madrid para desahogarse después de una estancia bastante tensa en la antigua colonia británica. Los galácticos vieron en los chavales del combinado a la viva representación de los desaprensivos que les han acosado durante su estancia: nada menos que esos coloridos periódicos sensacionalistas imposibles de leer; esos diarios que han perseguido a los futbolistas del Madrid en sus correrías nocturnas, les han hecho fotos comprometedoras y les han acusado de vagos, arrogantes y casquivanos en pintorescos caracteres ideográficos.

HONG KONG 2 - REAL MADRID 4

Hong Kong: An; Yau, Zhang (Cheung, m. 68), Chan (Man, m. 80), Leung (Luk, m. 58); Li, Lee, Wang (Lau, m. 65), Cheung; Yao y Hao.

Real Madrid: Casillas; Salgado (Miñambres m. 75), Helguera (Bravo, m. 84), Pavón, Roberto Carlos; Beckham, Makelele (Cambiasso, m. 65), Zidane (Solari, m. 65), Figo (Guti, m. 46); Raúl (Portillo, m. 75) y Ronaldo (Morientes, m. 65).

Goles: 0-1. M. 6. Figo, de penalti. 0-2. M. 12. Pase de Raúl a Ronaldo, que marca con la zurda. 1-2. M. 25. Wang, de cabeza. 1-3. M. 33. Pase largo de Beckham y remate de Ronaldo. 1-4. M. 34. Globo de Raúl sobre An. 2-4. M. 46. Li aprovecha un rechace en el área de Casillas.

Árbitro: Fong Yau Fat.

45.000 espectadores.

El entrenador blanco, Carlos Queiroz, formó al equipo más fácil de armar. La jerarquía de los jugadores tiene un carácter tan marcado y tan institucional que se hace difícil imaginar un Madrid con otra alineación distinta cuando comience la competición. Hasta Pavón parece un fijo en el once inicial. De otro modo, ¿a quién quitar? ¿A Beckham para poner a Guti? ¿A Zidane para poner a Solari? ¿A Ronaldo o a Raúl? Es cierto que el nuevo cuerpo técnico es partidario de las rotaciones, pero es difícil concebir aventuras de partida. Sobre todo, si juegan como ayer durante los primeros 45 minutos.

El conjunto de Hong Kong, que contó con algún internacional chino, no pudo evitar perder la pelota por espacios eternos. Cinco minutos era capaz de tenerla el Madrid en territorio chino, de aquí para allá. Con Zidane más participativo que nunca, intercambiándose con Figo entre la media punta y la izquierda del medio campo. Con Beckham metiendo pases largos a Ronaldo, con Roberto Carlos cambiando de juego para Beckham, con Makelele limitándose a recuperar y pasar, a veces oficiando de tercer central... Y con Raúl y Ronaldo girando arriba. La coordinación y el entendimiento que exhiben incitan a pensar en un futuro mágico. Pero, como dijo ayer un miembro de la expedición, "esta pretemporada, desde el punto de vista físico, es un misterio: puede acabar de cualquier manera".

Por suerte, dicen los jugadores, el de ayer fue el único compromiso que quedaba por zanjar en China. Por lo visto, el país más poblado del mundo les ha terminado por asfixiar. Los reclamos incesantes, los fanáticos, y la expresividad sin tapujos que exhibe la gente con el equipo han sido interpretados con fastidio por los futbolistas, jóvenes, acostumbrados a vivir recluidos en paraísos de intimidad y confort occidental. Para colmo de males, el clima un tanto relajado que ha rodeado al equipo en los últimos días no ha sido del agrado del presidente, Florentino Pérez, que ha decidido ajustar los tornillos del orden interno.

Quizá la visita del actor chino Jackie Chan, ayer por la mañana, al hotel de concentración inspiró a los futbolistas. Los inconvenientes sufridos en Hong Kong debieron de enfurecerlos y salieron al campo con el rictus histriónico de quien se dispone a saldar una cuenta en una película de karatecas. Beckham iba a todos los cruces como un poseso. Figo quería todos los balones: se apropió del penalti cometido sobre Roberto Carlos y, de momento, nadie se atreve a quitarle el cargo de primer lanzador. Ronaldo intentaba hasta triciclos y Zidane se mostraba extrañamente desafiante con sus oponentes. El francés rozó la burla. Pisó la pelota hasta hartarse, amagó una vez, dos veces, la mostró, la escondió, hizo como que se iba y volvió. La gente, al verlo desde las gradas, enloqueció de perplejidad y alegría. Los jugadores chinos, que lo sufrieron, le tiraron alguna patada y hasta se le colgaron de la chepa, frustrados.

El Madid jugó muy bien hasta que no pudo soportar el cansancio. Los futbolistas no están para alharacas de más de 40 minutos. Lo que quedó de partido tras el intermedio fue como rellenar un formulario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003