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FÚTBOL | Milito y Márquez refuerzan las defensas del Madrid y el Barça, respectivamente

El 'mariscal'

El relevo de Hierro, de 22 años y 1,76 metros, el líder carismático de Independiente, sufrió el secuestro de su padre hace un año

Buenos Aires
El Real Madrid cerró ayer "el discurso sobre el central", según comentó el director deportivo del club, Jorge Valdano, tras la adquisición del defensa argentino Gabriel Milito, de 22 años. "Quedan pendientes algunos flecos, pero el contrato es por cuatro años", añadió el dirigente. El coste de la operación sobrepasa los 3,5 millones de euros. La llegada del ya ex defensor de Independiente de Avellaneda, que pasará el reconicimiento médico el 17 de julio, rompe la política de Zidanes y Pavones aplicada por Florentino Pérez. Milito jugará como comunitario. Por su parte, Rafael Márquez, de 24 años, será presentado hoy como jugador del Barcelona tras superar ayer la revisión médica. El central, primer mexicano que juega en el Barça, firmará un contrato por cinco temporadas, a razón de 1,25 millones de euros más incentivos por año. Márquez es el segundo fichaje de la nueva directiva presidida por Joan Laporta, después de la incorporación del portero turco Rustu, y se convierte en el sexto extracomunitario en la nómina del club cuando la normativa federativa sólo permite tener a tres en el campo y un cuarto en el banquillo.

En el fútbol argentino hay códigos y señales que anticipan a ojos expertos la calidad de lo que se nombra. Si a un defensa argentino los aficionados de su equipo le llaman mariscal y los hinchas de los rivales no discuten ese rango ni la autoridad que otorga la jerarquía, pues esa es una marca indiscutible de clase: A Gabriel Milito, de 22 años, todavía le dicen Gaby en casa, pero en el campo es, por presencia y categoría de jugador, El mariscal.

Para tener idea de lo que el apodo significa la historia remite a más de treinta años antes: el último mariscal fue el capitán de Argentina en los años sesenta y setenta, Roberto Perfumo. Ambos parecen unidos ahora por una línea de juego que puede trazarse en pocas palabras. Gabriel Milito marca, quita balones, toca y sale jugando siempre seguro, con la mirada al frente. Pone la pierna allí donde haga falta, no se arrruga, tiene ambición, actitud y ganas. Mide 1,76 y la escasa altura para el puesto de defensa central le restó el mérito a su capacidad para el juego aéreo. Todavía hoy la prensa discute si en el nuevo equipo argentino que está formando el selecionador, Marcelo Bielsa, el titular debe ser el más alto, Coloccini, o Milito. Bielsa no tiene esas dudas, probablemente van a jugar los dos en una línea de tres. Aún cuando cierra mejor la jugada hacia su pierna izquierda, Milito ya ha ocupado todos los puestos de la defensa.

Su vida y su carrera están marcadas por dos golpes duros. La grave lesión -rotura de ligamentos cruzados de la pierna derecha- que sufrió en un partido ante el Rosario, en marzo de 2001, de la que tardó ocho meses en recuperarse hasta que volvió a jugar en noviembre de ese año, y el secuestro de su padre, Jorge, el 29 de agosto de 2002. A Jorge Milito le secuestraron junto al chalé familiar, al sur del gran Buenos Aires. Por su rescate se pagaron más de 30.000 dólares. Estuvo 18 horas vendado y atado a una cama.

Gabriel fue la columna, el sostén anímico, el líder y el capitán del Independiente que conquistó el torneo Apertura de 2002. Los dos equipos tradicionales de la ciudad de Avellaneda, al sur de la Capital Federal, el Racing y el Independiente, se entrecruzan en la vida de los Milito. Diego, de 23 años, es el delantero del Racing. Gabriel, de 22, era el defensa central de Independiente, hasta el pasado fin de semana, cuando en el último partido frente al San Lorenzo su entrenador, Óscar Ruggeri, le retiro a poco del final. El público se puso de pie para despedirle. Todos sabían ya que era su despedida del equipo que vio nacer al último Mariscal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 2003