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Los detenidos por la explosión en una oficina de Correos ya son cuatro

La policía vincula a los supuestos terroristas con anarquistas italianos

Los detenidos por la explosión de un sobre-bomba en una sede de Correos son ya cuatro. Además de Amanda C. G., de 26 años, natural de Madrid, y Eduardo José A. S., de 20 y nacido en Valencia, que continuaban ayer en la Jefatura Superior de Policía de Valencia después de haber sido detenidos el lunes, la policía arrestó ayer a J.M.M., de 25 años, y MA.M.F., de 26 años. Interior y la dirección general de la policía confirmaron las dos últimas detenciones y señalaron que en breve serán trasladados a la Audiencia Nacional acusados de un delito de terrorismo.

A las 10.00 y a las 15.00, en la localidad de Llíria y en el barrio valenciano de Benimàmet, respectivamente, agentes de la brigada de Información de la Policía Nacional de Valencia detuvieron a otras dos personas, dos hombres de 25 y 26 años relacionados con la explosión de un sobre-bomba en la sede de Correos del número 175 de la calle de San Vicente el pasado 24 de mayo. Las detenciones, se produjeron simultáneamente a los registros de los domicilios de los dos detenidos el lunes, ubicados en el distrito de Marítim de Valencia. Varias cajas con documentación fueron trasladadas a las dependencias de la Jefatura Superior de Policía, donde permanecían ayer los cuatro detenidos en espera de ser trasladados a la Audiencia Nacional entre hoy y mañana para prestar declaración ante el juez. Se les acusa de un delito de terrorismo. La sede del Ateneo Libertario El Cabanyal también fue ayer inspeccionada por los agentes.

La policía mantiene abierta la investigación porque, además de las imputaciones que se deriven de los daños provocados por aquella explosión, en la que hubo un herido de consideración, el cartero Eugenio Sebastián Gil, de 51 años, y otros tres leves, trata de aclarar su posible vinculación con otros hechos ocurridos en Valencia. Entre esas acciones están: el incendio de una grúa-excavadora en El Cabanyal el 23 de mayo pasado; el incendio en un establecimiento de una cadena de pizzas en la calle de L'Alguer el 18 de noviembre de 2002; la colocación de un artefacto incendiario en el Centro de Formación Profesional El Cabanyal el 1 de abril de 2003; otro artefacto de similares características colocado en una oficina inmobiliaria de la calle de Sagunto el 8 de agosto de 2002; y el sabotaje a un cajero en la calle de Explorador Andrés el 20 de enero de 2003, según informó el Ministerio del Interior.

Pasaban pocos minutos de las 18.00 del lunes cuando varios agentes de la brigada de Información de Valencia, en coordinación con Europol, detuvieron en la calle de La Reina y en la calle de Barracas a Amanda C. G. y Eduardo José A. S. Habían abandonado la ciudad el mismo día de la explosión en Correos y regresaron pocas horas antes de ser detenidos. La policía, según fuentes de la investigación, los tenía identificados como activistas radicales de corte anarquista relacionados con el colectivo Malas Pulgas, que ocupó y convirtió en su centro social el futuro museo del maestro José Padilla, en Marítim.

Los nombres de los detenidos el lunes no aparecen en las diligencias judiciales abiertas tanto por el desalojo de dicho inmueble en octubre pasado como por los incidentes posteriores contra varias inmobiliarias de la zona, en los que resultó herido el gerente de una de ellas, que llevaron a prisión a tres de los cuatro detenidos por ello y cuyo caso está pendiente de una resolución del Tribunal Supremo porque el juez de Valencia entiende que debe ser juzgado por la Audiencia Nacional ya que, a su juicio, Malas

Pulgas es grupo terrorista.

La policía localizó a Amanda C. G. y Eduardo José A. S. en el entorno de grupos anarquistas radicales establecidos en Italia -a los que se imputan las acciones contra intereses españoles como las explosiones en oficinas de Iberia o del Instituto Cervantes en Roma- y también en Grecia. Para la policía, según informó el Ministerio del Interior, los cuatro detenidos están relacionados con acciones violentas y está claro que "están integrados en un grupo anarquista clandestino de corte radical que asume el uso de la violencia como instrumento revolucionario en su frontal lucha contra el actual orden constitucional".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 2003