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COLUMNA

Europa

A finales de los ochenta, con George Bush padre en la presidencia de los Estados Unidos, Felipe González puso en marcha el Programa 2000, que entre otros objetivos se proponía impulsar la construcción política de una nueva Europa que se extendía desde la península ibérica hasta los montes Urales. Esa misma idea estaba en las cabezas de François Mitterrand y Helmut Kohl, que vieron en el emergente González al hombre capaz de liderar un proyecto que no sólo resultaba atractivo para Bettino Craxi o Giulio Andreotti, sino que también compartía un John Major cansado de los efectos de ser la comparsa de la Casablanca. A ellos se unía Mihail Gorbachov, que estaba abriendo la mentalidad de una Unión Soviética que tenía intacto su potencial bélico y guardaba grandes reservas de recursos energéticos en la zona del Cáucaso, y que necesitaba tanto la tecnología europea como Europa precisaba el mercado del Este. Ese proyecto de Europa autosuficiente se convirtió enseguida en la principal preocupación de Pentágono. Sin embargo, empezaron a ocurrir demasiadas casualidades en un mismo sentido. Al canciller Kohl se le complicó la vida en su propio partido con escándalos de cuentas ocultas. A Mitterrand le surgió una hija y un pasado colaboracionista con los nazis. Craxi se vio inmerso en varios escándalos y tramas de financiación ilegal, y Andreotti quedó reducido a un apéndice de la mafia. A Major le afloraron sobornos y amantes. Gorbachov quedó aplastado bajo el muro de Berlín y arrollado por un tonel de vodka llamado Boris Yeltsin. Y a Felipe González le estalló el GAL y la corrupción en la cabeza. Y Europa dejó de ser un problema para Estados Unidos por unos años, hasta que resurgió con el euro. Ahora Bush hijo remata la faena de Bush padre con una guerra cuyo principal objetivo es el desguace de Europa. Lo demás (la amenaza de un enemigo que no le dura ni un asalto o el control de unos recursos energéticos que en veinte años serán prehistoria, puesto que desde el 11 de septiembre de 2001 los científicos norteamericanos se emplean a fondo en el motor de hidrógeno) sólo es tinta de calamar. El blanco de Bush es Europa. Y José María Aznar, el taco de su escopeta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de marzo de 2003