La Casa de Orange sigue a la gresca

La cosas empiezan a aclararse en la corte holandesa, pero no por ello mejora la situación de la princesa Margarita de Borbón Parma, sobrina de la reina Beatriz, y de su marido, Edwin de Roy van Zuydewijn. La pareja había denunciado sin éxito las investigaciones sobre el pasado de él, que ha sido tratado, aseguran, como si fuera un indeseable. Era verdad, y el propio Gabinete personal de la soberana autorizó las pesquisas en los años noventa. Según revelaba ayer el diario De Telegraaf, fue necesario porque De Roy tenía antecedentes penales y la casa de Orange prefería no contar a un delincuente entre sus parientes. El esposo de Margarita fue detenido por robo en Amsterdam en su adolescencia, pero no acabó ante los jueces por ser menor de edad. En el expediente que se le abrió también constaba que vivía por encima de sus posibilidades económicas. Además del enorme interés mostrado por la biografía del consorte de una sobrina, el asunto ha destapado el mutismo con que actuó el Gabinete regio. Los ministros de Justicia e Interior no fueron informados de sus averiguaciones. Tampoco el primer ministro de la época, el socialista Wim Kok, sabía nada. Un detalle significativo acerca del control político ejercido sobre una monarquía parlamentaria, que será objeto de discusión la próxima semana en el Parlamento. Por otra parte, la Embajada holandesa ha hecho pública una nota a petición de los padres de Margarita de Borbón y la familia real holandesa en la que afirman lamentar "la reciente colaboración de la princessa en una serie de artículos para determinadas revistas. La familia no se reconoce en la imagen presentada en esos artículos". -

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 07 de marzo de 2003.

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