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COLUMNA

El AVE del PP

Ya sé que es muy fácil. Pero no puedo resistirla. La comparación. Entre el AVE del PSOE y el AVE del PP, el de Andalucía y el de Cataluña, el de Barrionuevo y el de Cascos. Una golosina que, en estos tiempos tan amargos para un columnista, no se puede, no se debe eludir (tampoco quiero). Ya será difícil no entregarse a la delectación propia del caso, el regodeo metafísico. Y controlar las metáforas que se disparan solas. Recuerdo, como si los estuviera leyendo, aquellos comentarios a la coña sobre la Expo 92 y todos sus proyectos complementarios. La certeza, inflada de sarcasmo, que tenían los derechones acerca de cómo los socialistas iban a hacer el ridículo internacional más espantoso, de la mano de Felipe González. Pues todo les saldría mal y, por supuesto, el tren de alta velocidad sería una cómica tortuga. Pero el tren de alta velocidad andaluz fue una centella, segura y exacta, como la Expo, y no nos lo perdonan.

Siempre se dijo que el argumento para llevar el AVE a Andalucía antes que a Cataluña era que, si se hacía al revés, nunca llegaría al Sur. Seguiría su camino fulgurante hacia las frías riquezas del Norte y Andalucía quedaría definitivamente descolgada. La teoría era buena. Es más, tenía un corolario: la única manera de que llegara también a Málaga y a otras capitales andaluzas era que primero llegara a Córdoba y a Sevilla. Y está ocurriendo. (Por cierto, como siempre defendimos en esta columna). Lo malo es que la segunda parte, la catalana, y la tercera, ya no quedaron en manos del PSOE, sino de éstos tan listos del PP. Y claro, como tenían que hacerlo mejor, apostaron por un AVE todavía más rápido, más moderno, más maravilloso; tan rápido y tan moderno y tan maravilloso, que no existe. Que no es que falle en algún pequeño detalle, comprensible por las prisas electoreras, sino en todo: en señalización, en frenado, en obra civil, en presurización... (No me montaré yo en ese chisme así como así). Vamos, que sólo existe en el casco calenturiento de Álvarez Cascos, "el mejor ministro de Fomento que ha tenido España", en palabras de Fraga. Será por la decisión de alejar al Prestige y por la común afición a cazar urogallos. Y por la resistencia, también mancomunada, a dimitir, que es lo que tenían que haber hecho hace mucho tiempo, ambos dos, cogiditos de la mano.

En fin, que en lugar de un ave de última generación, lo de Lérida más parece una gaviota embadurnada en chapapote. (Voy a tener que empezar a controlarme).Y todo porque, en lugar de contratar un consorcio franco-alemán, de probada solvencia, han montado un chiringuito hispano-italiano.

Y ahora las metáforas políticas. ¿Tendrá esto alguna relación con los alineamientos de la dividida Europa? ¿Y con la guerra de Irak? ("Irak y No Volverak", dice un amigo mío). Me inclino por que sí. Seguro que el caballero Berlusconi anda por medio, con su sonrisa metálica. Y que todo esto no es más que una analogía del ente político, pura revancha contra el eje franco-alemán, que está sacando los pies del plato del Imperio. Pero ojalá la metáfora siga y la guerra del consorcio Bush & Blair & Aznar tenga que replanteárselo todo y, como el AVE del PP, frenar y subirse al otro tren, el de la paz. Con lo pedazo de listos que son.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de marzo de 2003