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Las milicias arrasan la capital de Timor ante la pasividad del Ejército indonesio

La capital de Timor Oriental, Dili, ardía ayer por los cuatro costados

mientras la población trataba de huir desesperadamente del caos que se ha

apoderado del territorio, según los relatos que, a falta de periodistas que

pudieran desplazarse por la ciudad, facilitaban los religiosos que se han

quedado para prestar ayuda a las víctimas de las milicias proindonesias.

Con total impunidad, ante la mirada cómplice de las tropas indonesias -a

pesar de la declaración de la ley marcial en el territorio- y sin reacción

por parte de la comunidad internacional, las milicias parecen haberse

lanzado a la ejecución de una política de tierra quemada. Los testimonios

procedentes de Dili recogen las amenazas de los enemigos de la

independencia, que han prometido arrasar la capital antes de separarla de

Indonesia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de febrero de 2003