Cerco a los periodistas vascos
Los informadores denuncian que la violencia les impide trabajar en libertad
El intento de asesinato de dos periodistas vascos -Aurora Intxausti,
redactora de EL PAÍS, y Juan Palomo, de Antena 3- y del hijo de ambos, de
18 meses, ha hecho saltar las alarmas entre los profesionales del
periodismo y ha puesto de manifiesto el cerco de violencia que teje el
nacionalismo radical en torno a los informadores que trabajan en Euskadi.
José Luis Barbería, corresponsal en San Sebastián, ha hablado con un amplio
grupo de reporteros que cubren diariamente la situación política vasca. El
miedo, y el propio pudor a convertirse en protagonistas de la noticia, ha
hecho que los testimonios sean anónimos. El tiro en la nuca y la bomba han
pasado de ser una amenaza latente a una realidad innegable en la actividad
cotidiana de un colectivo diezmado por el cansancio y el desánimo, y
sometido a todo tipo de presiones. El mundo de HB, y también buena parte
del nacionalismo, ha interiorizado que los periodistas son "agentes" del
"conflicto".


























































