Reportaje:

Sólo una guerra rápida mejoraría la Bolsa

El inversor debe tomar posiciones defensivas en autopistas, alimentación y constructoras

Los analistas se convierten en en expertos geopolíticos y tiran de comportamientos pasados. El mejor escenario sería el de una guerra rápida que aleje temores sobre la economía y permita una relajación en los precios del petróleo. Por el contrario, si la contienda se alarga y ello se traduce en un alto precio para el crudo, las sombras de recesión que penden sobre las economías pueden materializarse. En el primer caso, serían los valores más sujetos al ciclo los que rápidamente se verían beneficiados. En el segundo, lo mejor es huir a gran velocidad de las bolsas.

Estas situaciones de guerra sí aseguran rápidos y cambiantes movimientos en el precio de las acciones. Unos movimientos que pueden aprovechar dos perfiles de inversores. De esta forma surgen oportunidades muy a corto plazo que permiten obtener elevadas rentabilidades, y también se pueden beneficiar de las turbulencias para hacer una cartera con un horizonte de inversión más lejano.

En estas situaciones hay que tener cintura para cambiar la cartera de valores defensivos a cíclicos si hay una solución rápida
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En la guerra del Golfo, tras la operación bautizada como Tormenta del Desierto, los valores dieron un brusco vuelco desde las pérdidas hacia las abultadas ganancias. Tanto en Europa como en Estados Unidos, los valores más beneficiados fueron las financieras, con rentabilidades en torno al 20%.

En el resto de los sectores, hubo importantes diferencias entre la Bolsa estadounidense y la europea. En Estados Unidos, tras las financieras fueron las firmas tecnológicas y las de consumo no básico las más beneficiadas. En Europa el protagonismo bancario dio paso a las acciones industriales, alimentarias y tecnológicas. Un paso desde las pérdidas del entorno prebélico a las jugosas ganancias tras los primeros ataques.

Félix González, director general de gestión de activos de Beta Capital, apunta que cuando estalle el conflicto será el momento de los valores más ligados a la marcha del mercado. Se trata, sobre todo, de valores tecnológicos. Esta estrategia sólo es válida para esas primeras sesiones de euforia en las que despiertan los valores de más riesgo. Sin embargo, con una perspectiva de más largo plazo, este experto recomienda los títulos de materiales, aquellos industriales o de transporte de mercancías que serán los más beneficiados.

"Si se quiere estar en Bolsa ahora, lo más conveniente es construir una cartera de títulos defensivos para luego cambiarlos por aquellos más ligados al ciclo económico. Una estrategia válida sólo en el caso de que la guerra sea favorable para Estados Unidos. Si, por el contrario, la situación se complica es el momento de reducir drásticamente la cartera porque existe un riesgo serio de recesión en las economías", apunta.

González destaca a Popular, Bankinter, Altadis, las autopistas o firmas como Tavex, valores idóneos para servir de refugio a los inversores. Eso sí, apunta que las eléctricas ya no cumplen en el mercado español esa característica de refugio por sus inversiones en Latinoamérica y también por su endeudamiento.

Los expertos de Merrill Lynch recomiendan que los inversores se mantengan refugiados en los valores europeos menos sensibles a la evolución de la economía.

Reducir el riesgo

Los analistas de una de las principales gestoras de fondos del mundo, Fidelity, ofrecen sus recetas de acuerdo a la necesidad de dinero que tengan los inversores y a su aversión al riesgo. Para aquellos que estén ya en los mercados y no precisen liquidez creen que la mejor opción es mantener esas inversiones e ignorar los vaivenes que sufrirán los distintos activos.

En los casos en que se pueda necesitar liquidez habrá que ir destinando el dinero hacia productos de renta fija o monetarios para reducir su nivel de riesgo, a sabiendas de que dejarían de ganar cuando se produzca la mejoría.

Por último, consideran una buena opción para bajar el riesgo de las inversiones la diversificación geográfica. Esto supone no tener todo el dinero en una misma zona como Europa o Estados Unidos, incorporando también economías emergentes o Japón que, en teoría, se muestran menos expuestas a una situación de conflicto.

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