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Crónica:Cuartos de final de la Copa del Rey | FÚTBOL

El Atlético mancha el centenario

Los rojiblancos, incapaces de abrir a un Recreativo muy defensivo, quedan eliminados

El Atlético tiró ayer toda posibilidad de título en su centenario. Un equipo menor, que se limitó a defender su ventaja y su territorio, le dejó fuera de la Copa y en muy mal lugar. Pusieron voluntad los rojiblancos, pero ni tuvieron calidad ni inteligencia. Un conjunto peor, más limitado en medios y en futbolistas, le robó la cartera con muy poco. Y eso condena al Atlético a ser tratado como un cuadro vulgar, muy distante al de sus mejores días. Su pecado no fue de actitud sino de impotencia.

ATLÉTICO 0 - RECREATIVO 0

Atlético: Burgos; Contra, Hibic, García Calvo, Sergi; José Mari, Emerson, Albertini, Luis García; Correa (Moreno, m.56) y Fernando Torres (Aguilera, m.31). Recreativo: Luque; Merino, Loren, Iker Begoña, Pernía; Diego Camacho; J. García, Viqueira (Cubillo, m.94), Bermejo, Benítez (Galán, m.33); y Xisco (Raúl Molina, m.69). Árbitro: González Vázquez. Amonestó a Pernía, Camacho, Javi Moreno y J. García. Los responsables médicos del Atlético de Madrid entregaron una placa de agradecimiento a sus colegas del Recreativo de Huelva que asistieron a Aguilera, capitán rojiblanco, durante la parada respiratoria que sufrió en el partido de ida, en el Nuevo Colombino hace una semana.

El partido le pidió al Atlético paciencia. Profundidad, ambición, ataque por los costados, determinación, algo de claridad, pero sobre todo calma y cordura. El partido, en suma, le pidió al Atlético que renunciara a su propia idiosincrasia, a la sangre caliente, el vértigo, la velocidad y todo eso, y se comportara con frialdad extrema. Indiferente al planteamiento del Recreativo, tan práctico para sus intereses como desesperante para los del adversario, y también al marcador, que le condenaba de salida y le amenazaba, por tanto, a caer en el fatal terreno de los nervios. Es decir, el partido le pedía al Atlético que hiciera lo que peor sabe.

Y el Recreativo, que sabía de las limitaciones del enemigo en el perfil que demandaba el duelo, reforzó la convicción en su estrategia, pendiente exclusivamente de su propia portería. Una actitud ruin si su equipaje fuera el de un equipo grande, pero totalmente comprensible cuando se tiene que convivir entre la élite con poco, con nada. El Recre se dedicó a cortarle el aire al Atlético, a presionarle con fiereza cuando la pelota rebasaba la línea de medio campo, a no concederle tiempo ni para pensar ni para respirar. Y se dedicó a ganarle minutos al cronómetro, a perder el tiempo, a exagerar el dolor al mínimo choque, a abrir pequeños combates, tanganas en zona de nadie, que no le convenían a los locales.

Al Atlético le costó meterse en la eliminatoria, interpretarla. Sobre todo, porque confundió la calma que se le exigía con lentitud. Se le pedía una pausa en el cerebro, en las pulsaciones, pero no en el ritmo del juego. Buscó las bandas, se tiró hacia delante, pero siempre en situaciones de desventaja, en acometidas que le llegaban blandas a la numerosa defensa del Recreativo -una línea de cuatro al borde del área y otra de cinco unos metros por delante-. Echó de menos más calidad entre su plantel, algún jugador que tuviera regate, habilidad para el uno contra uno. Estaba Torres, pero su ingenio precisa de los espacios que ayer no tenía.

Poco a poco, el Atlético descubrió, especialmente al final del primer periodo, que el Recre no era para tanto, que su portero temblaba y que sus defensas, aunque lucieran un cuchillo entre los dientes, eran frágiles y vulnerables. No le costó acorralarle, pero sí fabricar ocasiones. Finalmente, todo su repertorio, sus actos de fe, partían a balón parado. Pero como no estaba Stankovic, tampoco por ahí se mostraba especialmente dañino.

Luis Aragonés intentó darle un giro de tuerca al encuentro con la salida de Javi Moreno por Correa. José Mari le dejó la banda derecha a Contra y se situó de media punta. La sensación mejoró. El Atlético descubrió el primer toque y los apoyos por el centro como argumento de ataque y asustó del todo al Recre, que exageró su atrincheramiento. Por pura presencia en el área rival, el gol no se descartaba. y el desenlace se intuía incierto.Hasta que Luis Aragonés se concedió el capricho de sentar a Torres, que si, que no estaba acertado, pero cuya genialidad surge en cualquier momento. Y el Atlético, desde ese preciso instante, no volvió a aparecer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de enero de 2003