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Crónica:FÚTBOL | Décima jornada de Liga

El Depor resiste al contagio de Van Gaal

Dos goles en los últimos minutos derrotan al Barcelona en un choque escaso de fútbol y sobrado de táctica

A la tiranía de la táctica que impuso Van Gaal en Riazor le sobraron ocho minutos. Los encajes de bolillos del holandés, que otra vez puso a su equipo patas arriba, acabaron contagiando a su colega Irureta y por el camino se quedó el fútbol, que no apareció en toda la noche. Los espectadores se tuvieron que tragar un peñazo de mucho cuidado, aunque Van Gaal parecía que iba a salirse con la suya tras haber enredado al Depor en la confusión. Así fue hasta el minuto 82, cuando sucedió lo imprevisto, una irrupción en el ataque de un lateral. Scaloni derribó a última hora el enrevesado artilugio de Van Gaal, que no había mandado a sus hombres a luchar contra lo impredecible del fútbol.

DEPORTIVO 2 - BARCELONA 0

Deportivo: Juanmi; Scaloni, Héctor, Romero, Capdevila; Sergio, Mauro Silva; Makaay, Fran (Víctor, m.75), Amavica (Acuña, m.29); y Tristán (Luque, m.63). Barcelona: Bonano; Reiziger, Puyol, De Boer, Navarro; Cocu, Xavi, Mendieta (Rochemback, m.62), Motta; Saviola (Dani, m.71) y Kluivert. Goles: 1-0. M.82. Scaloni aparece en el área de Bonano desde la derecha y, tras un amago de Makaay, conecta un centro raso de Víctor con un derechazo. 2-0. M.85. Víctor penetra en el área del Barça, lo cierran tres defensas y deja hacia atrás para Luque, que culmina la jugada con un disparo limpio a la escuadra, desde la media luna. Árbitro: López Nieto. Amonestó a Motta, Cocu, Kluivert, Reiziger y Fran. Estadio de Riazor. Unos 35.000 espectadores.

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El partido fue como una indigesta empanada táctica, con todo lo malo que eso implica: el fútbol quedó ahogado con tanto movimiento de piezas, y el protagonismo de los entrenadores eclipsó a los futbolistas. Todo eso hay que agradecérselo a Van Gaal, que no pierde ocasión de dejar su firma en todos los partidos. Y anoche volvió inventarse uno de esos revoltijos tan suyos. Dejó toda la banda derecha para Reiziger, con apoyos esporádicos de Xavi, y junto a los dos medios centros colocó a Mendieta, escorado a la izquierda, por donde entraba también Motta. Da la impresión de que Van Gaal hace todas sus alineaciones en función del contrario, sea quien sea. Y tal vez lo que pretendía era aprovechar la desprotección defensiva de la banda derecha deportivista, donde Scaloni era el único jugador que defendía.

A Van Gaal estuvo a punto de sucederle lo mismo que en Santander, donde se sacó de la manga otro jeroglífico táctico y el Racing le marcó en el primer minuto de partido. La tradición continuó en Riazor, cuando Mauro Silva robó el primer balón del choque, se fue hacia arriba y dejó a Makaay libre para encarar al portero. Entre la sorpresa del atacante, que no se esperaba aquello tan pronto, y la rápida reacción de Bonano, Makaay mostró que, de vez en cuando, hasta a él le puede fallar el pulso. Si alguien interpretó la jugada como un presagio de lo que se le venía encima al Barça, se equivocó radicalmente. Porque, poco a poco, Van Gaal acabó saliéndose con la suya.

El Barça jugó el partido a la pata coja, apoyándose únicamente en la izquierda. Pero eso acabó también poniendo patas arriba al Depor, que no estaba preparado para enfrentarse al galimatías. Sergio tuvo que escorarse a la derecha para tapar las subidas de Mendieta y el cuadro de Irureta quedó en inferioridad en los alrededores del círculo central. Penó por ello y además no supo explotar el agujero que tenía el Barça en la derecha, por donde Capdevila apenas subió para apoyar a Amavisca. Como el Barça está más acostumbrado a lidiar con la confusión, acabó desconcertando al Deportvo, que ya no volvió a ver la pelota. Y fue entonces cuando Irureta se vangaalizó.En un gesto inaudito en él, el técnico del Depor hizo un cambio táctico en el minuto 25 y el sacrificado fue Amavisca, que había recibido el premio de la titularidad por su sonada irrupción en Milán y que se fue del campo con gesto crispado, sin poder disimular lo que probablemente sentía como una humillación. Irureta introdujo en su lugar a Acuña, con el propósito de igualar fuerzas en el medio del campo. Pero lo cierto es que el partido cambió muy poquito. El fárrago táctico se había apoderado de él sin remedio.

El Barça siguió tocando y tocando con bastante comodidad y muy poco resultado. Al principio, siempre da gusto ver al Barcelona enhebrando el juego con paciencia, como en los buenos tiempos del dream team. Pero al cabo de un rato queda la sensación de que todo ese recital de 'tuya mía' es una pura insignificancia, un peloteo banal que sólo tendría sentido si el fútbol se dirimiese por tiempo de posesión. El Barça tocó y tocó, sin pasar de ahí. Y los magníficos delanteros que había en el partido - Makaay y Tristán contra Kluivert y Saviola- quedaron condenados a ver el juego desde la distancia.

Cierto que al Barça no le iba mal así, después de que Van Gaal hubiese anticipado que no le hacía ascos al empate. Y además, los azulgrana estuvieron levemente por encima del Deportivo, que ni siquiera pisó el área. En un partido casi sin ocasiones, pareció un milagro la que crearon al cuarto de hora de la segunda parte Saviola y Motta, cuyo tiro sacó muy bien Juanmi. Por lo demás, el Depor no ofreció nada de nada, excepto la constatación de lo sorprendentemente bien que funciona la defensa de cuatro laterales, en la que descolló un espléndido Héctor, bien secundado por la sobriedad de Romero.

No parecía que hubiese nadie capaz de sacar al partido del empate sin goles, hasta que en la recta final apareció el típico protagonista que nadie espera, en este caso Scaloni, que repitió una jugada a la que le ha cogido el tranquillo: un balón suelto en el vértice del área que colocó al palo contrario con un remate diagonal. Con el Barça hundido, aún hubo tiempo para que Luque hiciese el segundo para desgracia de Vaan Gaal, que tuvo que guardarse para mejor ocasión su milagroso elixir táctico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de noviembre de 2002