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Andy Chango asegura que cada vez se siente menos rockero

El cantante argentino edita 'Salam alecum!', su disco más íntimo

Lo suyo es el culto al exceso. Andy Chango (Buenos Aires, 1970) pertenece a la hornada de músicos argentinos que llegó a España tras los pasos de Ariel Rot y Andrés Calamaro. El compositor, cantante y pianista edita Salam alecum!, su álbum menos rockero, con el que estrena discográfica. "La multinacional para la que trabajaba no encontró políticamente correcto que incluyera canciones que podrían considerarse antiamericanas"

"Soy judío, palestino, amigo de Alá, de los 40 ladrones y de Alí Babá", canta el músico en una de las estrofas del tema que da título al disco, que sale a la venta la próxima semana. "La gente que acude a mis conciertos pertenece a ese público marginal, culto y amigo de las libertades que no se siente tocado en su sensibilidad porque haya un estribillo que diga talibán", añade el cantante sobre Salam alecum! Otra de las letras polémicas, Ya llegó el morito, que Chango describe como un canto a la paz, incluye la voz de Faissal, un niño de 10 años que recita un texto en marroquí.

Alto, desgarbado, charlatán, irónico y sensible, Chango pertenece a esa categoría de músicos con enorme facilidad para componer. "Si un disco tiene 14 canciones, a mí me sobran 300 días al año para hacer lo que me gusta. Soy un colgado y un lunático, pero no puedo permitirme el lujo de perder el tiempo", aclara Chango, que va a ser padre por primera vez. Ninguno de sus amigos le ha felicitado, pero su madre, su hermana y su novia creen que será buen padre. Tras un primer disco dedicado a las drogas, un segundo en el que cantaba a un antihéroe angustiado, el músico reaparece esta vez con un CD más "íntimo y menos rockero". En Salam alecum! colaboran Jaime Urrutia, Josele Santiago, Ariel Rot, Urquijo y Luis Antonio de Villena, e incluye por primera vez en la carrera de este cantante dos canciones de amor, en las que no habla de sí mismo. "Todo un éxito teniendo en cuenta que soy argentino".

Descendiente de gallegos y ucranianos, no llegó a España para ganar dinero. En Buenos Aires, donde vivió hasta 1996, tenía una casa de tres pisos, un grupo, una discográfica y un cerebro frito. "No era una época crítica, pero mi forma de ser no era bien vista", dice el cantante, que hace unos meses volvió a Argentina con Albert Pla, su guitarrista y su novia y se encontró con que los amigos estaban "desesperados y sin trabajo", dice. "El único consuelo es que muchos se están viniendo para acá".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de octubre de 2002