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Entrevista:RAFAEL SANUS | Obispo emérito

'La Iglesia no es consciente de que vive en una sociedad democrática'

El obispo Rafael Sanus (Alcoy, 1931) es uno de los referentes más sólidos de la Iglesia valenciana, por su amplia formación intelectual y su talante dialogador. A finales de 2000 dimitió como obispo auxiliar de Valencia por 'falta de sintonía' con el arzobispo.

La dimisión del obispo Rafael Sanus abrió una crisis en la Iglesia valenciana con amplios ecos en la curia española y en el Vaticano. Su carácter transparente y conciliador chocaba cada vez más con el del arzobispo Agustín García-Gasco, cuyos lindes con el nacionalcatolicismo son confusos. Sanus, nombrado obispo auxiliar en 1989 por el Papa a propuesta del antecesor de García-Gasco, Miguel Roca Cabanellas, fue rector del colegio del Corpus Christi de Valencia y administrador de la archidiócesis. Ahora es un sabio libre y socarrón, y el sábado será homenajeado la revista cristiana Saó.

Pregunta. ¿Cómo llena ahora su tiempo?

Respuesta. Lo tengo muy ocupado. Me dedico a las funciones fundamentales de un obispo, que son celebrar la eucaristía y predicar.

'El veto del PP para el Consell Valencià de Cultura me produce extrañeza y dolor'

'El arzobispo de Valencia actúa más como un monarca que como un pastor'

P. ¿Trabaja más que antes de dimitir de obispo auxiliar?

R. Sí, sí. Tengo muchas visitas de religiosos y seglares. Y tengo la ventaja de que el obispo emérito está libre de toda la dimensión administrativa y jurídica que comporta la curia diocesana. Y eso es la flor y nata del ministerio, lo que más me gusta.

P. Usted declaró en la sede de la Conferencia Episcopal que la Iglesia no acaba de sintonizar con una sociedad radicalmente pluralista. ¿En base a qué hechos extrae esta conclusión?

R. La Iglesia no ha tomado consciencia suficiente de que está en una sociedad democrática y pluralista. Teniendo en cuenta que los cuarenta años de la época anterior marcaron mucho a la Iglesia, no es fácil cambiar totalmente de actitud. La Iglesia se encuentra un poco incómoda, y esa incomodidad hace que no conecte con la gente que ha aceptado la democracia y la libertad de expresión y de pensamiento. Los individuos cambiamos más deprisa que las instituciones. Si además la mayoría de obispos han sido formados en la etapa anterior, pues es muy difícil dar ese paso.

P. Pero ya han pasado muchos años desde entonces...

R. Los psicólogos dicen que lo que más pronto envejece son los esquemas intelectuales, y cambiarlos cuesta mucho. El cardenal Vicente Enrique y Tarancón estuvo muy acertado ahí. Se dio cuenta de que el nacionalcatolicismo ya no tenía vigencia, y esa idea, apoyada por muchos obispos, permitió que la Iglesia cambiara radicalmente. Pero las cosas del subconsciente tardan en diluirse.

P. Usted dio la extremaunción a Tarancón. ¿Con el murió sólo una persona o un modo de entender la Iglesia?

R. Un modo de entender las relaciones entre Iglesia y la sociedad. Algún quedan algunos obispos taranconianos.

P. Usted está ahí.

R. Estoy ahí, pero a mí tardaron mucho en hacerme obispo. No pude colaborar directamente con él.

P. ¿Se fue del Arzobispado de Valencia por falta de sintonía o por algo más profundo?

R. Falta de sintonía. El arzobispo y yo coincidimos en el credo, es decir en el contenido de la fe, pero en la manera de explicarlo ya discrepamos.

P. Se insinuó que su marcha se fundamentaba en su resentimiento por no haber sido promocionado.

R. Se ha dicho por alguna prensa, sobre todo. Yo me he esforzado en explicar que nunca me he imaginado ser arzobispo de Valencia, pero no hay manera. Es verdad: nunca me hizo ilusión.

P. ¿El arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, por decirlo al modo del cardenal Ratzinguer, actúa más como un monarca que como un pastor?

R. Sí. Y conste que Ratzinguer cuando escribió eso no se inspiró en nuestro arzobispo, pero coincide.

P. Su renuncia ha puesto de relieve la división existente en la Iglesia valenciana. ¿Existía esta división antes de García-Gasco?

R. Existía, pero no de una manera tan agudizada. La Iglesia siempre tiene un poco de recelo a los movimientos progresistas dentro de sí misma. Por poner un ejemplo, ha sido más complaciente con Lefebvre que con la Teología de la Liberación. La división no era tan acusada porque existían vías de comunicación, pero con este arzobispo se cerraron y se fue produciendo un alejamiento entre los movimientos de base y la curia.

P. ¿Con García-Gasco hay un retorno hacia el nacionalcatolicismo en la Iglesia valenciana?

R. Lo que se puede decir es que el arzobispo sí que tiene una cierta mentalidad nacionalcatolicista, pero no se produce un retorno de la Iglesia valenciana hacia allí.

P. ¿Estaba justificada su expulsión de la residencia que ocupaba como superior del Seminario del Corpus Christi?

R. Yo creía que no. Me extrañó mucho. Me dolió por el hecho y por el modo cómo se hizo, que fue humillante para mí, porque le tengo mucho cariño al colegio del Patriarca.

P. Su dimisión provocó una situación curiosa: nunca se había visto a la izquierda defendiendo a un obispo.

R. Fue una sorpresa y una alegría. Me apoyó más la izquierda que la derecha, y eso fue para mí un motivo de satisfacción. Cuando me hicieron obispo auxiliar tenía una cosa muy clara: tenía que ser obispo de todos y para todos. Entonces, tenía contacto con todos los partidos, y ese diálogo que mantenía quizás influyera en la reacción.

P. ¿Cómo ha vivido el hecho de el PP vetara su nombre para el Consell Valencià de Cultura?

R. Con extrañeza y dolor. ¿Qué razón puede tener el PP para ello? Ninguna. Especialmente me molesta que la actitud del PP se deba a un veto del arzobispo. No comprendo el veto del arzobispo y menos comprendo la actitud del PP. ¿No habíamos quedado que el nacionalcatolicismo había terminado?

P. ¿Condenar el uso del preservativo cuando el sida está matando a la gente no es una contradicción?

R. Me parece que sí. En eso la Iglesia es un poco contradictoria. Si se te engangrena el brazo, te lo cortan para vivir. ¿Qué es más importante, el preservativo o el brazo? El sexto mandamiento dice: no fornicar, pero hacerlo con preservativo o sin preservativo es secundario. Es como el quinto mandamiento, que dice: no robar. Si robas con guantes o sin guantes, qué más da. Digo yo.

P. ¿Le parece una 'utopía marxista' la ley de parejas de hecho?

R. No. Me parece un hecho novedoso que no acabo de comprender y que no sabemos cómo se desarrollará. Pero está ahí. Son parejas que tienen niños y a menudo mantienen más la estabilidad que un matrimonio canónico o civil. Es un nuevo fenómeno y hay que acogerlo, considerarlo.

P. ¿Es cierto que usted tenía más vocación agrícola que religiosa?

R. [Suelta una carcajada] Que me ordenaran cura es la decisión más acertada que he tomado en mi vida. Pero si no hubiese sido cura, me hubiese gustado ser labrador. Aún tengo vocación de labrador. La adquirí de niño en Planes, donde pasé la guerra, de la mano de un labrador aventurero, el tío Quiquet. Me influyó mucho en el amor a la agricultura, cosa rarísima para un alcoyano, porque en Alcoy es más difícil encontrar un labrador que una aguja en un pajar.

P. Tampoco debió ser fácil tener una vocación religiosa en el anticlerical Alcoy.

R. Alcoy no ha sido demasiado beato nunca. Allí las dos comunidades, de creyentes y no creyentes, están perfectamente diferenciadas, aunque no separadas. Yo tenía amigos anarquistas en una tertulia semanal. Era una tertulia, plural, política, científica... En Alcoy ha habido muchos autodidactas. Había personas que trabajaban en el telar y llevaban un libro de Platón bajo el brazo. '¡Esto es miel!', decían. No sólo leían a Bakunin, leían también a Platón y a Aristóteles.

P. Usted estudio derecho antes de ingresar en el seminario.

R. Fue una vocación más bien tardía. En el segundo curso, el cura que me confesaba me lo planteó. Me impresionó, porque yo desde niño tuve una gran admiración por el sacerdocio. Y entonces, a los veinte años, se me destapó.

P. Ya casi tendría novia.

R. ¡Una media novia! Me gustaban mucho las chicas. Y había una que me parecía interesante. Era muy alcoyanita y muy... Sí, nos entendíamos bien.

P. La Iglesia es muy estricta con los defectos y las minusvalías físicas. ¿Le ha ocasionado algún problema tener un solo brazo?

R. Necesité una dispensa papal para poder entrar en el seminario y ser sacerdote. Luego necesité otra para ser obispo.

P. No se puede decir que nunca ha sido arzobispo por esa razón.

R. No, no. Es posible que haya influido, con otros factores, para no ser obispo de otra diócesis.

P. ¿Fue un accidente?

R. ¡En Planes! Cuando yo me sentía labrador. Me gustaba llevar los animales a beber. Un ocho de septiembre por la tarde llevé una burra a beber, y al regreso la puse al trote porque había unas chicas. ¡Boum!, me caí. Y de ahí vino todo.

P. ¿Es cierto que una de sus grandes frustraciones es no poder llevar corbatas?

R. ¿Usted cómo se ha enterado de eso? No es una de mis grandes frustraciones, pero sí una frustración. Cuando estaba en el Patriarca pasaba por delante de Loewe y me tiraba media hora mirándolas.

P. Tiene ceniceros, ¿pero ya no fuma?

R. Oh, qué más quisiera.

P. ¿No es pecado?

R. ¿Usted no fuma?

P. No.

R. ¿Si fuera pecado, fumaría?

P....

R.Tengo 71 años. ¿A los 71 años vale la pena dejarse de fumar? De algo hay que morir, ¿no?

P. ¿Beber café licor tampoco es pecado?

R. Nooo. ¡Es una virtud! Los alcoyanos decimos que tenemos un bon beure. El café es euforizante. Es difícil emborracharse. Te da una euforia, una simpatía, un sentido del humor...

P. No es habitual que un obispo desfile en las fiestas de Alcoy. Y menos que lo haga en el bando de los moros.

R. Pero siempre he desfilado de paisano. De niño me vestía y salía con los cristianos, con Els Contrabandistes. Luego ya no he salido más. Pero en entradetes, sí. ¡Disfrutaba de la música, la filà y un puro en la boca! Había uno que me decía llorando: '¡Don Rafael, esto es el cielo! ¡Esto es el cielo!'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de octubre de 2002