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Crónica:FÚTBOL | Quinta jornada de Liga

El Málaga, a lo práctico

El equipo de Peiró desmonta al Atlético, que termina sufriendo tres expulsiones

Decía Joaquín Peiró en la víspera del partido que, a estas alturas de la vida, su colega Luis Aragonés y él se conocen bien. Por eso, sabiendo que el contraataque es el mayor peligro de su adversario, el conjunto andaluz se cuidó mucho de andar manoseando la pelota en la zona medular hasta llegar poco a poco al área. ¿Por qué? Por la fuerte presión planteada por los rojiblancos, que dieron el aviso nada más comenzar con un lanzamiento al palo de Luis García. Fue precisamente después de un balón robado en una zona peligrosa en la que el Málaga tocaba sin frutos ofensivos.

Recibida la advertencia, el conjunto local creyó que sería más sencillo entregarse al juego directo y pasar por alto el medio del campo, donde Emerson, Movilla y Albertini eran demasiado para Romero y Sandro. El media punta tinerfeño quedó sumergido por el juego directo y aéreo de sus compañeros y no fue el referente ofensivo que está siendo en este curso. Una de las razones de tal disposición atacante era la presencia del gurú de los balones divididos, Darío Silva. La historia se repetía una y otra vez: balón largo peinado por Dely Valdés y peleado por el uruguayo. Demasiado previsible. Sandro se aburría y quizá por eso, frustrado, andaba peleándose con uno y otro.

MÁLAGA 3| ATLÉTICO 1

Málaga: Contreras; Josemi, F. Sanz, Roteta (Litos, m. 81), Valcarce; Gerardo, Romero, Sandro (Manu, m. 66), Musampa; Darío Silva y Dely Valdés (Miguel Ángel, m. 68). Atlético: Esteban; Aguilera, Hibic, García Calvo, Sergi; Contra (José Mari, m. 53), Albertini, Emerson, Movilla, Luis García (Javi Moreno, m. 62) y Fernando Torres. Goles: 1-0. M. 44. Dely Valdés, de penalti. 2-0. M. 66. Burgos rechaza un penalti lanzado por Dely Valdés y Fernando Sanz marca- 3-0. M. 73. Manu, duro y seco a la escuadra. 3-1. M. 86. José Mari, de tiro raso. Árbitro: Bernardino González. Amonestó a Roteta, Migúel Ángel, Fernando Sanz, José Mari, Aguilera y Movilla. Expulsó directamente a Esteban (m. 63) y a Emerson y Albertini (m. 94) por dos amarillas. Unos 19.000 espectadores en La Rosaleda.

Tras cinco partidos en el banquillo, Movilla fue titular y formó una doble media punta junto a Emerson. Sólo cuando alguno de los dos recibía la pelota, el Atlético se acercaba al área, pero los balones no llegaban a Fernando Torres. La cadena que comenzaba en Albertini no terminaba en el joven delantero. El italiano estuvo desorientado, le costaba sacar el balón controlado y tampoco tuvo alternativas por las bandas, ambas bien vigiladas. La doble media punta formada por Movilla y Emerson no dio los frutos deseados, aunque el centrocampista madrileño estuvo activo a rachas, pero sin hacerse con el control del partido como lo hacía cuando jugaba en el equipo andaluz.

Con un gol en contra ya no valía el contraataque. Así que Aragonés preparó a su equipo para ensanchar el campo y tomar la iniciativa: José Mari y Movilla por las alas y Javi Moreno y Fernando Torres para esperar desde el área las evoluciones de los primeros. Pero el Atlético no terminó de coger el hilo a su nueva disposición y llegó el momento clave del partido: Burgos rechazó un penalti y un defensa, Fernando Sanz, se coló en el área y marcó. En ese momento acabó el encuentro para los rojiblancos, que se habían quedado con diez por la expulsión de Esteban al cometer esa falta. Quedaba apenas un tercio de partido.

El equipo madrileño era incapaz de trenzar y llegar arriba con cierta claridad. Ni siquiera algunas jugadas de estrategia provocaron murmullos en la grada. No había motivos porque el Málaga se aprovechaba fácilmente de los espacios y desórdenes defensivos de su oponente, sobre todo con la velocidad de Darío Silva, y se plantaba en el área atlética con facilidad. Así que Peiró le aplicó a Aragonés su propia medicina. El tercer gol era cuestión de tiempo. Lo hizo Manu, que no deja de sorprender.

A partir de ahí todo el arsenal ofensivo desplegado por Aragonés en la segunda mitad se quedó en nada. En veinte minutos el Atlético tenía que remontar tres goles con diez jugadores y con un obstáculo mucho peor, el de su propia frustración. La goleada pudo ser de escándalo, pero José Mari maquilló el resultado justo antes del pitido final mientras Emerson y Albertini eran expulsados por protestar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de octubre de 2002