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Crónica:VUELTA 2002 | Decimocuarta etapa

La Vuelta se tropieza con el infierno

Llega el Angliru, tras una etapa marcada por una caída que afectó a más de 60 corredores

Hay infierno. Y hay infierno.

Está la ascensión al Angliru (13 kilómetros al 10,13%), el paso más duro del ciclismo, el lugar límite. El lugar donde casi todo está permitido. Casi todo. No todo. Un ciclista no se baja de la bici. Es su orgullo. Es lo último que se les pasa por la cabeza cuando están que no pueden más, bajarse, echarse la bici al hombro y continuar andando. Antes prefieren hacer trampas, agarrarse a un coche, a una moto, pedir un empujón al aficionado compasivo. Pero eso no son formas de enfrentarse al desafío. 'No al Angliru', dice Juan Antonio Flecha, ciclista del iBanesto.com, corredor de equipo que puede permitirse, quizás, el lujo de encontrarle el lado poético a eso tan prosaico que es el sudor, la incapacidad, los 900 metros de la Cueña les Cabres, 300 pedaladas de 3 metros cada una, un desarrollo de niños, a 30 pedaladas por minuto, y aun así con dolor, clavado en el tramo ese tan mítico del 23,6%. Añade Flecha: 'El Angliru es especial. Es una oportunidad para ponerte a prueba, luchar contra uno mismo. El Angliru es irreal. Es llegar a la zona más dura, la que comienza a siete kilómetros de la cima y es cruzar como una puerta invisible. Eso es el infierno. Entras en un mundo de niebla, estás rodeado de gente, percibes los empujones, oyes resoplidos, todo a tu alrededor es alboroto, pero estás solo. Más solo que nunca. Con un único aliado, la mente. Estás rodeado de público, de gente que ha ido sólo por verte sufrir, espera nuestro sufrimiento, no espera demostraciones tácticas ni estratégicas. La inteligencia no existe. Estás solo y eres egoísta. Pedaleas por ti mismo, para demostrarte que puedes. Entonces, allí, no corres para ganar, sólo buscas tu satisfacción, puedes con la situación adversa, te sientes fuerte. Te sientes un alpinista. Sientes la satisfacción de haber subido, sin más. Y tu premio es ese rayo de sol que ves al final, en la explanada donde todo termina, donde se acaba el infierno. Mientras lo atraviese, mi mente sólo pensará en ese rayo de sol'.

Vuelta 2002| 14

Santander-Gijón, 190 kms. ETAPA 1. S. Smetanin (Jazztel), 4h 17m 23s 2. O. Laguna (Relax), a 1m 57s 3. A. Furlan (Alessio), 2,39s. 4. E. Zabel (Telekom), m.t. 1. O. Sevilla (Kelme), 50h 11m 24s 2. A. González (Kelme), a 1s 3. R. Heras (US Postal), a 1m 42s 4. I. Mayo (Euskaltel), a 2m 4s ETAPA DE HOY Gijjón-Alto de El Angliru, 176 kms. ETAPA DE MAÑANA Descanso

Hay otro infierno ciclista, otro terror que no admite poesía, sólo sangre y crujir de huesos. Algunos lo llaman montonera, lo que suena ligeramente despectivo, como si los ciclistas fueran cualquier cosa que se puede amontonar. Son las caídas colectivas. Ayer hubo una que dejó a medio pelotón maltrecho, a más de 60 corredores cortados, que envió a tres ciclistas a su casa, lisió a una docena más, que dejó a todos impotentes, con un insulto en la boca. Ocurrió porque una moto se puso a adelantar a otra, y al pelotón, que rodaba enfilado a 70 por hora en persecución del ruso Smetanine, al que nunca cazó, por una carretera estrecha. Una moto rozó a la otra y le arrancó de cuajo un espejo retrovisor. El objeto, incontrolado, siguió rodando por la carretera. Un corredor esquivó, otro no pudo, otro se cayó y fue un dominó vivo y gigante, horroroso. Todos los baldados apenas podrán dormir. Se ahorrarán la pesadilla de soñar con el Angliru.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de septiembre de 2002