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Entrevista:PEP GUARDIOLA | JUGADOR DEL ROMA | Liga de Campeones | FÚTBOL

"Querría que el fútbol italiano cambiase"

En Italia, donde al fútbol se le llama calcio, Pep Guardiola es un subversivo natural. Se presenta con un par de vaqueros y unas playeras blancas en una sala atestada de periodistas -difusores ideológicos del calcio- y dice: 'Hay que jugar a la palla [pelota]'. El hombre pronuncia la palabra 'palla' como si amenazase con arrojarla estruendosamente. En efecto. Un profundo silencio recorre su audiencia. Un escalofrío. Poco después, Guardiola sentencia: 'Se dice que el fútbol italiano está en crisis. ¿Por qué? ¿Porque no se gana o porque se juega mal? Yo, cuando he ganado es porque he jugado mejor que el contrario. Y para jugar mejor hace falta tener la palla. Hacer que corra veloz'.

"La naturaleza no me dio las piernas de Emerson. No soy lento, soy lentísimo"

"[En Italia] puedo ser disciplinado, puedo darlo todo menos mi cerebro; las ideas son mías"

Tras sembrar la perplejidad en el statu quo, Guardiola (Santpedor, 1971) explica su discurso con aparente ingenuidad: 'A la palla se juega porque hasta que no digan lo contrario en el campo hay un balón'.

A las órdenes del más italiano de los entrenadores, Fabio Capello, y con la misión de dirigir hoy al Roma en el estadio Olímpico, contra el Real Madrid. En esta extraña tesitura se encuentra Guardiola, importunado por un sector de la prensa local que observa su escasa masa muscular con sorpresa. 'Usted sin el balón no es rápido', le dicen; '¿cómo piensa solucionarlo?'.

Guardiola pone cara de póker cuando habla del escabroso asunto de la fuerza física: 'Para preparar los partidos aquí hay mucho trabajo físico, mucho trabajo de gimnasio. En Italia las prioridades se diversifican. En España el balón va desde la cocina hasta el salón. Incluso el trabajo físico se hace con balón. Con Cruyff jamás entré en un gimnasio. En once años, yo no entré a un gimnasio'.

Acólito de Johan Cruyff, fanático de la elaboración refinada, cabe preguntarse por los motivos que impulsaron al jugador catalán a alistarse en las legiones de Capello. 'Capello representa casi todo en Italia', dice; 'aquí dicen que ganar es lo más importante y evidentemente no hay ninguno que haya ganado más que él. Yo estoy intentando conocer qué es lo que quiere del equipo, para habituarme. Imagino que él sabe mis cualidades. Sabe que si a la hora de correr me compara con Tommasi, Emerson o Lima, tendré pocas opciones de jugar. Su naturaleza física es diez mil veces mayor que la mía. ¡Ya quisiera yo que la naturaleza me hubiera dado las piernas de Lima! El reparto no me ha beneficiado en este sentido. Porque yo no soy lento... soy lentísimo'.

'Imagino que si [Capello] me ha fichado es porque puedo aportar cosas que pueden servir al equipo', reflexiona el jugador; 'yo asumiré las funciones que me manden. Si quieren que rompa la presión con pases largos, cambiar de juego, buscar las amplitudes, perfecto. El problema es que no sé si estaré capacitado para todo lo que me pidan. Si no participo en la elaboración del juego, si tengo que ir al rechace... Puedo hacerlo, pero hay jugadores mucho más capacitados para eso... Pero si me lo piden soy disciplinado. Puedo ceder todo, menos mi cerebro. El cerebro y las ideas son míos. Cuando en el campo mi cerebro piense que tengo que actuar de una manera, lo voy a hacer. Luego al final igual no lo consigo y dirán que he fracasado. Pero mis conceptos de éxito y fracaso han cambiado. No son los mismos a los 20 años que a los 30'.

De momento, la adaptación de Guardiola al medio resulta asombrosa. Habla italiano como un catedrático y piensa instalarse en el barrio barroco de Roma, para empaparse de la magia de la ciudad. Afronta su experiencia en el calcio con espíritu juguetón. Quiere ponerse a prueba a sí mismo en una situación límite. En el peor escenario imaginable para practicar el deporte que ama: Italia, sumergida en una grave crisis de identidad, donde impera cierta pobreza en torno al juego, y donde el centro del campo es tierra baldía al dictado de los corifeos que cantan a la 'vogila de vincere' [la voluntad de vencer] como virtud fundamental.

'Ganar o perder es igual, la forma es lo más bonito', dice Guardiola. 'El año pasado decidí continuar en Italia porque me lo pasé bien jugando. Con el Brescia, con Mazzone, me sentí capaz de extrapolar aquí lo que aprendí en el Barça'.

'La Roma físicamente es muy fuerte con posibilidades técnicas muy interesantes', dice, de su nuevo equipo. 'No necesitamos mucho juego para ganar porque tenemos jugadores delante muy decisivos, como Batistuta o Montella. Montella define y juega maravillosamente bien. Batistuta me ha impresionado por los años que ha sobrevivido en Italia. Que un delantero sobreviva 12 años en Italia es un milagro. Es como Baggio. Lo que ha hecho Baggio y lo que sigue haciendo es para hacerle un monumento'.

'En España se prioriza la técnica como cultura', opina Guardiola. 'La Quinta del Buitre y Cruyff ayudaron mucho a establecer esta idea. En Italia, en general, lo que se hace es esperar al contrario para contragolpear. El problema es que para esto uno de los equipos tiene que atacar. Y a veces no ataca ninguno. Tienen miedo a perder el balón en el centro del campo, se asocian poco para tocar, juegan muy directos, más frontales. Es una forma de entender el fútbol con la que han ganado tres Copas del Mundo, Copas de Europa y muchos títulos. Cambiar eso no es fácil. Y ahora, como en el Mundial no les ha ido bien y en los últimos cuatro años los equipos italianos no han conseguido buenos resultados se plantean cambiar. No saben lo que les está pasando. Y yo no sé si la gente aceptaría un cambio en la manera de jugar. Pasa como en el Barça. Lo que instauró Cruyff es muy difícil de cambiar. ¡La gente está tan habituada a eso! Es parte de la cultura. Atacar, ser dominador del juego, que siempre se opte por el pase o que se conduzca para provocar el pase, nunca por conducir sin ton ni son... el concepto de dar velocidad al juego con el pase, de buscar el uno contra uno sólo con la gente de delante... Cambiar una cultura es muy difícil. En Italia sólo lo pueden hacer gente muy convencida como fue Sacchi, que fue revolucionario, o ahora Del Neri, en el Chievo... Si no aparece un revolucionario, Italia seguirá jugando al contrataque. A mí me gustaría que cambiara, que jugaran mejor y ganaran títulos, porque me han recibido'.

Por su instinto subversivo, el ex barcelonista se siente atraído por los elementos más creativos del fútbol italiano. Los visionarios, como Sacchi: 'El año pasado tenía el Milan Chanel y veía partidos del Milan de Sacchi. Tuve la sensación de que ese equipo hacía el fútbol que veremos en el 2020. Que ni ahora hemos llegado a eso, por lo arriesgado de la propuesta. Es totalmente falso que Sacchi haya fundado el fútbol italiano actual. Lo que fundó es la zona, cuando en Italia sólo se marcaba al hombre. Pero ese Milan se recuerda porque no sólo corría y presionaba. Hacían esto para tener el balón y para tenerlo cerca del área contraria. Y una vez que tenían la pelota... jugaban rápido, a uno, dos toques. '¡Ragazzi, come giocavano!'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de septiembre de 2002