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Necrológica:NECROLÓGICAS

Pedro Lezcano, escritor y político

Pedro Lezcano, poeta canario que nació en Madrid hace 82 años, falleció anteanoche en Las Palmas, su tierra de siempre, donde fue impresor y editor y donde también cumplió con creces su doble vocación, la lírica y la política. Ésta la ejerció sin desmayo, aun en los tiempos de la dictadura franquista, y por su compromiso con la libertad sufrió persecución. Padeció un consejo de guerra por la publicación de un poema que justamente se llamaba Consejo de paz, en el que zahería el espíritu militarista de la época.

Lezcano, un ajedrecista consumado, era también un gran micólogo, y un buceador; hasta hace muy poco siguió sumergiéndose en su querido mar de Fuerteventura, adonde iba todos los años en verano, hasta que ahora una enfermedad le hizo pasar -otra vez, estuvo muy enfermo en los últimos tiempos- primero por el quirófano, luego por un posoperatorio muy difícil y finalmente por una agonía cuya eventualidad él enfrentó hace tiempo con esta amargura: 'He vivido demasiado, tendría que haberme muerto yo'. Esto lo dijo recientemente, cuando falleció una hija suya, dejándole una honda herida sentimental.

Fue un gran poeta, uno de los mejores de su generación de posguerra en España, como indicó en Tenerife su íntimo amigo Carlos Pinto Grote. Como cultivó la pasión por ayudar a otros -como editor y como político-, pocas veces hizo valer esa calidad, que sin embargo sí fue apreciada por un público cada vez más amplio; su ritmo, aplicado a versos llenos de ironía y también de rabia social en una época de desánimo colectivo, fue percibido por músicos, como Mestisay u Olga Manzano y Manuel Picón, que convirtieron versos suyos en éxitos como canciones. Dos poemas de Lezcano fueron también emblema de la lucha antifranquista en Canarias, singularmente aquel Consejo de paz ('Muchachos que soñáis / con las proezas y las glorias marciales, / bajaos del corcel, tirad la espada...') y el Romance de la verdad y la mentira ('Gentes hay que van diciendo / ser dueños de la verdad / la verdad no tiene dueño...'). Cultivó también el teatro, como autor y como director (en asociación con su hermano Ricardo, que le sobrevive), y la narrativa, y en la faceta política pública aceptó en la democracia figurar en listas electorales de izquierda que le llevaron a la presidencia del Cabildo grancanario.

Era un hombre extremadamente austero, de una enorme independencia personal, también como político; por sus virtudes literarias tuvo los más diversos galardones en su tierra, entre ellos el Premio Canarias de Literatura, la ciudad de Las Palmas le hizo ciudadano de honor y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria le concedió el doctorado honoris causa. Aprovechó todos esos acontecimientos para alejarse de una imagen de autocomplacencia; su crítica a todo lo que le rodeaba empezaba por sí mismo. Combinó con sabiduría el humor y la amargura, y su acidez siempre tuvo una enorme dosis de ternura. En una entrevista reciente dijo: 'Yo pensaba que morirse era irse y que el mundo se iba al mismo tiempo. Pero el mundo se queda, mi mundo querido sigue exactamente igual, pero está lejos ya'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de septiembre de 2002