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Crítica:HUELVA | LA LIDIA

Centenario, pero menos

Del cartel inaugural, reses de Saltillo para Litri y Machaquito, al cartel del Centenario media un abismo y estremece pensar lo que puede ocurrir con el del segundo, si es que llega.

Esta vez fue un Centenario con espontáneo, un ciudadano oriental que se hincó de rodillas ante el primer toro, una vez devuelto. Si esto llega a ocurrir en 1902, lo sacan a hombros. No obstante, en estos tiempos, visto el cariz que tomaban los acontecimientos, algunas voces propusieron que el presunto chino volviera a salir y no faltaron quienes lo proclamaron triunfador. Emilio Silvera aportó un toreo de geometría variable, excéntrico para desviarlo hacia fuera y tomándole de fuera para que sólo se produjera un contacto tangencial. Remató al segundo con una estocada baja que fue recibida por sus paisanos tal como debieron celebrarse los volapiés de Machaquito. No era lo mismo pero daba igual: se pidieron dos orejas, se condedió una que el diestro dejó sobre la arena. El segundo, más que inválido estaba impedido y lo peor es que, a pesar de ser una sardina, llegó a la muleta con peligro. El quinto salió con más carne que cuernos y sin intención de embestir, lo que Ponce puso de manifiesto.

Pereda / Silvera, Ponce, Finito

Tres toros de José Luis Pereda, 4º, 5º y 6º, y tres de La Dehesilla, el primero sobrero. Emilio Silvera: ovación y oreja y dos vueltas. Enrique Ponce: aplausos y ovación. Finito de Córdoba: aplausos y aplausos. Plaza de La Merced, conmemoración de su centenario, 5 de septiembre. Más de media entrada.

Finito sustituyó a El Juli. El tercer toro, hacia la mitad de la faena, se encogió y parecía a punto de caer, sin duda víctima de sus propios excesos. En efecto, Finito hizo la faena de reglamento que a todo el mundo aburre y puso fin a un Centenario venido a menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de septiembre de 2002