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Entrevista:ROMÁN SÁNCHEZ | Marinero | AVENTUREROS

"NO ME GUSTAN LOS TEMPORALES, PERO ME LOS COMO"

El mar hermoso y fuerte, el mar salado y amargo, que puede susurrar a tu oído, que puede atronar con su estruendo, que puede arrancarte el aliento', decía Conrad. ¿Es el mar la gran aventura?

Respuesta. En competencia con la alta montaña. Ambas experiencias proporcionan un contacto brutal con la naturaleza, hacen vivir todo su poderío. Yo he hecho también montaña.

P. Y espeleología, qué espanto.

R. Llegué a bajar a 400 metros. Lo dejé porque había perdido flexibilidad. Y le diré una cosa, no puedo con la escalada, porque sufro de vértigo.

P. ¿Es cierto eso?

R. Cuando subo a la jarcia, padezco mucho. Pero lo hago porque soy el capitán.

P. Bueno, también ha habido grandes marinos que se mareaban.

'Tengo vértigo. Cuando subo a la jarcia, padezco mucho. Pero lo hago, porque soy el capitán. Muchos grandes marinos se marean'

'Soy partidario de no abandonar el barco. Les cuesta mucho hundirse y siempre tienes más posibilidades que en un bote'.

R. Sí, yo he conocido a buenísimos pilotos profesionales que les pasaba eso.

P. ¿Qué tal navega este pailebote?

R. Bien. Hemos hecho pocas salidas, pero hemos tenido alguna navegación gloriosa. Es un barco magnífico. Tiene algunos problemas debido a su edad, 80 años, y las vicisitudes que ha atravesado.

P. ¿Se supone que el capitán se desposa con el barco. ¿Ustedes ya han entablado relaciones sentimentales?

R. Digamos que aún estamos festejando.

P. ¿Cuál es el origen de su vocación marinera?

R. No tengo ningún marino en la familia. Mi padre era aficionado al mar y tenía una barquita de motor, ya de mayor. Pero me llevaba al puerto a ver los barcos, y, como él leía cosas del mar, yo también leía. Creo que sobre todo la lectura es lo que me ha llevado al mar: Alain Gerbault, Joshua Slocum, Vito Dumas y su Los cuarenta bramadores, Moitessier... Conrad, claro. Y, sí, también he leído a O'Brian, al que, a pesar de que por lo visto nunca navegó, no le he encontrado nunca ningún fallo. Cuando no supe qué estudiar, mi padre me sugirió náutica. Como me gustaba la radio, acabé como oficial radiotelegrafista en la marina mercante. Aún domino el idioma de Morse.

P. ¿Tenía una idea romántica de ese mundo?

R. Sí, pero se me pasó. Como disfrutas de verdad del mar es navegando a tu aire, con viento, el barco rápido y bien; eso no se puede comparar con nada. La libertad que te da el mar es enorme, y ése es su principal atractivo.

P. A costa de riesgo.

R. Siempre hay, y eso tiene su parte de atractivo, pero, si es ponderado, si el barco está en buenas condiciones, el riesgo se hace muy pequeño.

P. ¿Entiende a la gente que tiene miedo al mar?

R. Sí, claro. La gente tiene miedo de lo que no conoce. Y conocer el mar requiere tiempo. Pero es algo que está al alcance de todo el mundo. Claro, que te puede pasar que cuando empiezas te venga una mala experiencia; eso es cuestión de suerte. También te puede tratar bien el mar y dejarte tiempo, y entonces, cuando un día vienen mal dadas, has tenido más plazo para estar preparado, y es más fácil afrontarlo. La fuerza del mar es un espectáculo brutal. Todos tenemos en algún momento miedo al mar, pero te sobrepones. A mí me gusta navegar, pero no me gustan los temporales; si vienen, pues me los como.

P. ¿Es el gran héroe de nuestro tiempo el navegante solitario?

R. Ir solo siempre tiene mucho de aventura, también la escalada en solitario. Para navegar así tienes que estar en un momento bueno, muy equilibrado de cabeza. Si te gusta el mar, es el reto final. Yo volveré a hacerlo, creo, pero con un barco con menos problemas que el Finisterre.

P. ¿Cuál ha sido su momento más aventurero?

R. Llevando una goleta a través del Atlántico se nos abrió una gran vía de agua a 700 millas de cualquier tierra. Los que iban a bordo no eran gente de mar, pero la mayoría estuvo a la altura. El peor tiempo lo he cogido en el golfo de Cádiz, un vendaval, temporal de suroeste; el viento y el mar te lanzan contra la costa. Navegando en mercante, lo más malo que he pasado fue una travesía del golfo de León, yendo a Génova, El capitán, un insensato, decidió cruzar en vez de costear. Lo pasamos fatal. Al día siguiente encontramos que el mar se había llevado treinta metros de regala, arrancados de cuajo. El Mediterráneo es más serio que el Atlántico; en éste las olas son más grandes, pero más largas, se manejan mejor. No he navegado en los mares australes.

P. ¡Uf!, mire la Sydney-Hobart del 98, con olas de hasta 24 metros, los mejores tripulantes del mundo tumbados sobre velas mojadas y vomitando en cubos; seis muertos, 55 rescatados de milagro...

R. Muy duro. Pero las regatas son otro mundo que a mí no me interesa demasiado. No digo que los regatistas no quieran el mar igual, pero ahí entra la competición. Y en el mar, la velocidad por la velocidad creo que no tiene sentido.

P. ¿Ha tenido una tormenta perfecta?

R. No, y espero no tenerla.

P. Que entre agua parece lo más peligroso.

R. Lo más peligroso cuando navegas en solitario son los otros barcos. Tienes que dormir un momento u otro, y cuando lo haces estás en manos del azar.

P. ¿Qué no perdona el mar?

R. Los errores y la falta de humildad. Ambas cosas las pagas muy duramente.

P. Un consejo para navegantes.

R. Serenidad y no tener prisas. Por muy mal que estén las cosas, siempre hay tiempo. Hay que mantener la calma. Es vital descansar, dormir seco y no agotarse.

P. Usted naufragó.

R. Sólo una vez. Fue un poco tonto.

P. ¿Qué hacer en ese trance?

R. Depende. En principio, soy partidario de no abandonar el barco; les cuesta mucho hundirse, y siempre tienes más posibilidades que en un bote. La seguridad ha de ser activa, no pasiva. En la balsa estás vendido. Hay mucha gente que navega pensando en que, si algo sale mal, ya vendrán a buscarles. Y eso es una mala estrategia.

P. ¿Significan algo los animales en el mar?

R. Cuando navegas solo, los delfines. Hay una comunicación, porque te miran de verdad, no con la mirada muerta de los peces. El mar es muy grande y estás muchos días sin ver vida. Cuando la ves, te gusta. En el Atlántico he visto esas grandes medusas que despliegan una alta membrana para desplazarse con el viento, navíos de guerra portugueses se llaman, y son muy peligrosas. He visto miles y miles, todas navegando en la misma dirección. ¡Y los peces voladores! Los ves saltar a cientos en el aire al mismo tiempo. Si caen en cubierta, te los comes. Es menos romántico pero más interesante, cambias tu monótona dieta.

P. ¿En qué barco le hubiera gustado navegar? ¿En el Cutty Sark? ¿En el Victory?

R. No, no. Demasiado grandes. Y los barcos de vela modernos no me gustan demasiado. En el Spray de Slocum.

P. ¿Qué te hace el mar?

R. Respetuoso. Aprendes a conocerte mucho -y a aceptarte- y a no echar la culpa a los demás de tus problemas.

P. La gente de mar son ustedes, paradójicamente, más bien secos. No se puede decir que les gusten las florituras ni los adjetivos.

R. Seguramente el mar te acostumbra a ser directo, a ir al grano.

P. ¿Hay espacio hoy para la aventura?

R. Pues claro, ¡todo el mar!

LOBO DE MAR

Román Sánchez (Barcelona, 1952) ha navegado mucho. En solitario, la gran prueba del marino a vela. Y también en buques mercantes, la época romántica de los cuales, opina, finalizó con la llegada de los contenedores y la inmediatez de la descarga, que ha acabado con la vida portuaria. Ha sido también patrón de charter con una goleta en la Costa Brava, ha estado en una embarcación de salvamento en Canarias ('lo que más hacía era sacar muertos del agua; una vez rescatamos a unos piragüistas que hacían la travesía Canarias-Barbados, se habían destrozado las manos de tal manera que se les veían los huesos'), ha dado clases de náutica y se ha dedicado a reparar barcos. Su biografía se divide en ciclos que acaban con una ruptura y un nuevo hacerse a la mar. Además de las actividades relacionadas con el mundo marino, ha sido promotor de conciertos de rock, guía e instructor de monitores de montaña y fotógrafo profesional. Este mismo año ha publicado su primer libro, Contra los alisios (Editorial Noray), en el que relata su travesía por el Atlántico en solitario desde Buenos Aires a Canarias. Hoy es el patrón del pailebote Santa Eulalia, que pertenece al Museo Marítimo de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de agosto de 2002

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