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Reportaje:

Escenarios de película al sur de Praga

Moravia muestra su histórico esplendor a la sombra de la capital checa

Partiendo de Praga, una ciudad que espera este año a más de 150.000 españoles, se descubre una sucesión de castillos, palacios y jardines en Brno, Olomouc y Kromeriz. El plató ideal de 'Amadeus'.

Muchos españoles visitan Praga cada año y se vuelven sin haber visto nada más de la República Checa. Es una lástima, algo se pierden. Varias zonas son especialmente atractivas para ausentarse de uno mismo. Por ejemplo, Karlovy Vary y las diferentes ciudades balneario, en el noroeste; las muy bellas y turísticas localidades de Bohemia del sur, alrededor de Ceské Budejovice, y al Este, la región de Moravia central y del Sur, en el centro de las rutas que comunican Viena con Praga, o Cracovia con Bratislava. Hasta ahora por allí no se acerca un español ni siquiera por error, desde principios del siglo XVII, cuando enviamos los ejércitos en apoyo del emperador austriaco para defender la fe católica y aplastar la protestante.

Muy cerca de Brno está Olomouc, la ciudad más monumental de la República Checa después de Praga. Su música es la 'Sexta sinfonía' que Mozart compuso en recuerdo de los meses que pasó aquí restableciéndose de una enfermedad contraída en Viena a los 11 años

El complejo de Lednice y Valtice, con los palacios neogóticos de los Liechtenstein y sus jardines de robles tricentenarios, islas, lagos y ruinas artificiales en ríos desviados de su curso por mor de la amenidad del paisaje, compone el parque más extenso de Europa

Disfrutan de la región meridional morava los austriacos, que cruzan la frontera para pescar en los lagos, comprar barato en los mercados, visitar la casa perdida de los antepasados o pasar un fin de semana en alguno de los llamados 'hoteles con encanto', pero el turismo de masas no ha llegado a esta región llana, ondulante, recorrida por tranquilas carreteras secundarias, de márgenes arbolados, con cruceiros, entre prados, vegas y tierras de labranza que se aprietan en minifundios regados por una orografía generosa. En cada ciudad se encuentran incólumes las construcciones medievales, las iglesias y monasterios con sus chapiteles fantasiosos rematados por largas agujas finas como estiletes (la abadía cisterciense Porta Caeli cerca de Tisnov, el monumental monasterio benedictino en Rajhrad, la catedral de San Pedro y San Pablo en Brno), y los edificios civiles de la arquitectura habsbúrguica, que da un carácter familiar a toda Centroeuropa. Las comunidades judías que secularmente vivieron aquí protegidas de los pogromos por los Habsburgo fueron exterminadas por el invasor alemán, y han dejado el gueto de Boskovice, las sinagogas y cementerios de Mikulov, Bréclav, Stráznice y Brno. En las ciudades moravas, una plaza central con edificios medievales y renacentistas, alrededor de una columna de la peste, erigida por los supervivientes de las plagas para agradecer a la Virgen o al Señor que la plaga ha pasado y para encomendarle los familiares que se ha llevado. Por todas partes, palacios barrocos, belvederes, colegios jesuitas, huellas del paso de la Compañía venida a evangelizar el país después de que la aludida revuelta de los protestantes checos fuera sometida en la batalla de la Montaña Blanca, en 1620, el año negro para el nacionalismo checo.

Moravia del Sur es para los cineastas el plató soñado para rodar las películas de época, desde Amadeus o Inmortal beloved, dedicada a Beethoven, a la nueva versión de Doctor Zivago, porque aquí se conservan como nuevos los palacios de la monarquía imperial y real y casi intactas las calles medievales (ideales para las escenas de ambiente popular) y los jardines florales (perfectas para las escenas románticas) con laberinto de boj y templete donde un péndulo de Foucault cuelga sobre un suelo de mármol cubierto de hojas muertas que arrastra el viento, y columnatas rematadas por las estatuas renegridas de los héroes de la mitología; por ejemplo, en Kromeriz.

Frascos de cristal

En otros pueblos, en Kléntnice, por ejemplo, pegados a las casas de una o dos plantas de los barrios periféricos, detrás de lo que parece la puerta de un garaje particular de la familia de al lado, se abren las escaleras que llevan al subsuelo, donde el señor Kazik o el señor Prochazka guardan en barricas y en frascos de cristal unos cientos o miles de litros de vino de su cosecha particular. De estos pueblos han desertado los jóvenes, y quizá, si no fuera por los visitantes de Praga o de Viena o por los grupos de negociantes, estas bodegas particulares sin carteles publicitarios ni signos indicativos a la puerta se echarían a perder.

Llega, pues, el grupo al recinto abovedado de ladrillo que rezuma humedad, y todos se sientan en los bancos y mesas forradas de hule. La señora Kazik va trayendo platos de la cocina tradicional checa -carne de cerdo o pato asado con knedlíky (pastas de harina o patata que acompañan los platos de carne en salsa); embutidos y pepinillos; ensaladas (que aquí suelen aliñar con agua y limón), bramboracky (tortillas fritas de patatas con ajo), lívance (tortas dulces con arándanos) y frutas-. El señor Kazik extrae el vino de las barricas, aspirándolo a través del orificio practicado en la parte superior por una flauta de cristal con un depósito cerca del extremo de la boca. Se hacen catas de las especialidades de la región. Una pareja de músicos toca címbalo y acordeón. Kazik recuerda el dicho moravo: 'Si bebes cerveza, duermes; si bebes whisky, enloqueces; si bebes vino, cantas'. Así que todos cantan a los ojos negros y demás atractivos de una tal Catarina.

Durante el invierno la región duerme, a la caída de la tarde corre por las calles desiertas un frío cortante y el silencio encoge el ánimo. La llegada de la primavera anima la región; abre las puertas de los edificios notables, de los museos locales y de los jardines franceses, y el país muestra su cara más amable y próspera durante el verano, y hasta las fiestas mayores de cada pueblo, que generalmente se celebran en septiembre, coincidiendo con la vendimia.

En Brno, la capital industrial, se celebra los días 5-9 de junio. Las compañías de teatro callejero, los castillos de fuegos artificiales, los torneos medievales en el casco antiguo, los conciertos al aire libre, reciben cada año cerca de 200.000 visitantes, la mitad de los vecinos de esta ciudad. La otra gran fiesta, el Festival Internacional de Música, que desde hace 40 años incluye la especialidad de la 'música a petición' de los oyentes, tiene lugar desde el 25 de septiembre al 12 de octubre.

Se llega hasta Brno desde Praga por 200 kilómetros de autopista. Los festejos se concentran al pie de los dos castillos de la ciudad: Veverí, del siglo XIII, en el casco histórico, y, en el cerro que domina la ciudad, Spilberk, una fortaleza y ciudadela que defendió la capital morava de los asedios husitas (protoprotestantes checos, 1415-34), húngaros (siglo XV), suecos (1645) y prusianos (1742 y 1866). Desde 1621 hasta la ocupación nazi fue convertida en cárcel temida en media Europa, cuyas mazmorras o 'casamatas' se han convertido en atracción ciertamente pintoresca, truculenta. En los alrededores de la ciudad se libró la batalla de Austerlitz (2 de diciembre de 1805), la gran victoria de Napoleón contra los austriacos y los rusos; el campo de batalla donde murieron 25.000 hombres es también una atracción muy apreciada especialmente por los visitantes procedentes de los tres países que entonces eran imperios.

Hasta la destrucción del habsbúrguico después de la Primera Guerra Mundial, Brno fue el mayor centro industrial de la monarquía, conocida como 'Manchester austrohúngara'. Ahora es la capital industrial checa, con un recinto ferial que acoge cerca de 40 ferias internacionales al año. Varios de sus pabellones son un manifiesto de la mejor arquitectura moderna, que, al amparo de las industrias textiles, mecánicas, de construcción y de transporte, arraigó hasta la Segunda Guerra Mundial, y cuyos logros, obra de arquitectos austriacos, checos y alemanes, salpican los barrios: las casas de Arnost Wiesner, de Bohuslav Fuchs, o la célebre villa Tugendhat, creada por Mies van der Rohe.

Muy cerca de Brno está Olomouc, la ciudad más monumental de la República Checa después de Praga. Su música es la Sexta sinfonía que Mozart compuso en recuerdo de los meses que pasó aquí restableciéndose de una enfermedad contraída en Viena a los 11 años. Siete fuentes barrocas; la columna de la Santísima Trinidad que acaba de restaurarse, y entrar en el catálogo de patrimonio de la humanidad de la Unesco; la plaza Wenceslao, con la iglesia gótica del mismo nombre -la 'pequeña Notre-Dame', como la conocen aquí-, junto al palacio románico Premmyslovsky, que fue sede de la primera dinastía checa...

Y también Kromeriz, con el palacio arzobispal donde el Parlamento austriaco coronó a Francisco José como emperador en 1848. Y el complejo de Lednice y Valtice, con los palacios neogóticos de los Liechtenstein, y sus jardines de robles tricentenarios, islas, lagos y ruinas artificiales en ríos desviados de su curso por mor de la amenidad del paisaje, que compone el parque más extenso de Europa. (Esta familia católica, asentada durante 700 años en Moravia, y beneficiada por el emperador tras la batalla de la Montaña Blanca hasta convertirla en la mayor terrateniente de Moravia, después de la Segunda Guerra Mundial fue asimilada a los checos de etnia alemana, expulsada como la mayoría de ellos de territorio checo y despojada de sus tierras. Quizá le pasaron factura por lo de 1620. Ahora el principado de Liechtenstein es el único país del continente que no mantiene relaciones diplomáticas con la República Checa). Y, ¿por qué no?, Bulhary, junto al río Dyje, una localidad modesta que debe su nombre a la nutrida comunidad de checos de origen búlgaro y al vino Bago, de uva dulce y comestible, pero que una vez destilada y bebido en exceso produce fulminante demencia; Kléntnice, coto de caza de ciervos y una bodega en cada casa; Mikulov, al pie de la Colina Santa donde se venera a una virgen negra, parece la maqueta de un pueblo perfecto, presidida por el castillo de los Dietrichstein, donde la Gestapo en retirada quemó los tesoros artísticos expoliados en Checoslovaquia para que no cayeran en manos del ejército ruso... Como venimos viendo, en cada pueblo hay una arquitectura espléndida y flamantemente restaurada, una bodega de vino, una fiesta y la memoria de una guerra.

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos Prefijo telefónico: 00 420. Moneda: corona checa; un euro equivale a unas 31 coronas checas. Población: la República Checa tiene 10 millones de habitantes; Moravia del Sur, 1,1 millones. Cómo ir - KLM (902 222 747). Vuelos diarios a Praga; hasta el 10 de septiembre, desde Madrid y Barcelona vía Amsterdam, 215 euros más tasas. - Lufthansa (902 220 101). Vuela a Praga; hasta el 31 de agosto desde Madrid y Barcelona, 239 más tasas. - Czech Airlanes (915 42 61 66). A Praga desde Madrid, 294; desde Barcelona, 284 euros; ambos, más tasas. Viajes organizados - Catai (en agencias) ofrece un recorrido de cuatro días por Bohemia y Moravia del Sur desde Praga. Cuesta 497 euros por persona e incluye tres noches de hotel, transporte, guía y entradas a los monumentos. - Politours (en agencias) tiene un viaje organizado de una semana que incluye Brno, Olomouc, Lednice y Ceské, además de Praga y otros lugares. Cuesta 799 euros por persona, e incluye, además del circuito, visitas, alojamiento y vuelo desde España. - Viajes Mundo Amigo (915 24 92 10). Ofrece un viaje de 10 días que incluye Praga, Brno, Olomouc, Lednice y Kromeriz. Con alojamiento, vuelo desde España, guía y desayunos, desde 997 euros por persona en habitación doble. Información - Oficina de Turismo de la República Checa en Madrid (913 45 71 13 y www.visitczechia.com/es). - Oficina de Turismo de Brno (542 21 10 90; www.brno.cz). - Oficina de Turismo Olomouc (685 51 33 85). - www.czech-tourism.com/czbrno.htm cuenta con enlaces a agencias de viajes en la República Checa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de julio de 2002

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