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Reportaje:Mundial 2002 | Brasil se corona por quinta vez

El alemán más brasileño

Schneider, un hallazgo de Toppmöller, confirma su calidad en la final

'Después de la final, ya veremos quién ha sido más brasileño, si yo o ellos'. Con esta broma en su página web, el centrocampista alemán Bernd Schneider retaba a los brasileños a demostrar quién era el futbolista más técnico de la final. Y se admiten discusiones, pero la actuación de Schneider fue excelente en este apartado: regates de cintura, pases en profundidad y una constante participación en la creación. En efecto, su ex compañero brasileño en el Bayer Leverkusen, Emerson, le había apodado el brasileño, puesto que era incapaz de pronunciar el mote que lo acompañó desde niño: Schix, algo así como pelotero en el argot de su grupo de amigos, allá en Jena, en la localidad de la ex Alemania del Este donde nació.

La explosión de Schneider, que en noviembre cumple 29 años, ha sido tardía. La UEFA lo describe como un jugador de 'perfil bajo'. Su cartel en Alemania ha sido escaso hasta hace poco. Su titularidad se discutía. Y sólo la atrapó tras un gran partido ante Ucrania en la repesca para la Copa del Mundo. En realidad, su crecimiento ha coincidido con la llegada de Klaus Toppmöller como técnico al Bayer Leverkusen. 'No hay un jugador más técnico que Schneider. Y aún no ha tocado su techo', ha dicho de él Toppmöller, un halago considerable si se piensa que en ese mismo equipo figuraban Ballack, Zé Roberto y el turco Bastürk.

El Mundial ha cotizado a Schneider. El Barça ya ha hablado con su agente. Y el jugador dice que le encantaría, pero Reiner Calmund, el jefe del Bayer, se niega a sufrir otra baja de peso (ya ha traspasado a Ballack y a Zé Roberto).

'He jugado más de 70 partidos esta temporada y me pregunto si me queda gasolina', escribía Schneider, antes de la final. ¡Y vaya si le quedaba! Su exhibición de energía fue fabulosa. En ausencia de Ballack, barrió todo el frente del media punta, por el centro y por ambos lados. Por el izquierdo se topó con su defensa preferido: Roberto Carlos. 'Me gustaría enfrentarme a él', dijo antes de las dos finales en las que se han visto las caras, la de la pasada Copa de Europa y la del Mundial. En ambas ganó el brasileño.

'Tenía 16 años cuando cayó el muro de Berlín. Como deportista, me esperaba un buen futuro; del resto no me enteraba de nada', explica el centrocampista, que jugó en el Carl Zeiss, el Eintracht de Francfort, y, desde 1999, el Leverkusen. 'Tengo fama de flemático, pero no lo soy', añade Schneider, que comparte habitación con Neuville en el Bayer y en la selección. Y lo cuenta con humor: 'Al menos no roncamos ninguno de los dos'.

'Como a todos los futbolistas de mi edad, me hubiese gustado ser Maradona', indica Schneider, que de pequeño estudió para mecánico. 'Estoy deseando que lleguen las vacaciones. El tiempo es un lujo', dice. Y ahora tendrá tiempo. Para su novia Carina, para su hija Emely ('cuando termino un entrenamiento, me voy corriendo a verla'), y para sus aficiones: Internet, la Play-Station y el rock duro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de julio de 2002