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Angélique Kidjo traza un puente musical entre África y Bahía

La cantante de Benin publica la segunda parte de su trilogía

Tras Oremi, disco centrado en Estados Unidos, y a la espera del tercer volumen, que la ha de llevar a Cuba, Haití y Nueva Orleans, de regreso a África, llega Black Ivory Soul, que traza un puente entre Benin y Bahía. Angélique Kidjo compone con Carlinhos Brown, canta con Dave Matthews y rinde homenaje a Miriam Makeba: 'Gracias a ella, el que me llamasen puta por cantar ya no me afectaba, me reafirmaba'.

Black Ivory Soul se inicia con Refavela, de Gilberto Gil, y establece un puente entre Benin y Bahía. 'Cuando sigues la ruta de los esclavos tienes que pasar por Bahía. Empecé la trilogía en 1998 con Oremi, que trata de Estados Unidos, y después serán Cuba, Haití, Nueva Orleans, algún país del Caribe, y África para cerrar el círculo'.

Angélique Kidjo recoge en el disco una frase del sociólogo Roger Bastide: 'En el suelo sagrado de Bahía he visto un árbol con el tronco cubierto de caracolas y cuyas raíces empujan desde más allá del oceáno, desde la tierra de África'. 'Al llegar a Bahía empecé a preguntarme hasta qué punto los esclavos habían regresado para influenciar la música de mi país, la comida, las palabras... En fon, el idioma de mi padre, se emplean términos portugueses. Tenedor se dice garfo, la llave es chave', cuenta. 'La gente piensa que, al haberse convertido Benin en un país francófono, los franceses llegaron antes, pero los portugueses fueron los primeros colonizadores. Ellos empezaron el tráfico de esclavos. Mi madre tiene sangre portuguesa y yo crecí en una comunidad mestiza cuyo canto tradicional, el bouniyan, se asemeja a la samba. Ésa es mi cultura'.

Su primer viaje a Brasil data de 1996. 'Me mató ver a niños en la calle entre la indiferencia más absoluta. Gente atiborrándose y tirando la comida mientras en la esquina hay niños de tres y cuatro año pidiendo limosna. Hay una canción para ellos, Les enfants perdus, y he trabajado con una asociación de Bahía que les enseña a través de la música que la pobreza no es una maldición, ni algo genético, sino que uno puede salir de ella y conservar siempre su dignidad'.

El disco contiene también colaboraciones con Carlinhos Brown: 'Es peor que Astérix. Si yo me caí en una olla, él lo hizo en un caldero. Se le ocurren diez ideas por segundo y es difícil seguirle'. La producción lleva la firma de un Bill Laswell que esta vez no se impone. 'Su personalidad no es más fuerte que la mía. Sé exactamente lo que quiero'.

Recuerda a Serge Gainsbourg, a los 11 años de su muerte, con Ces petits riens. 'Creo que era alguien fundamentalmente solitario. Y sus mejores amigos, las palabras. Con dos o tres llegaba a contarnos toda una historia, nos llevaba de un mundo a otro'. Otra canción está dedicada a Miriam Makeba: 'Como mujer africana, nos abrió el camino y no se lo agradeceremos jamás lo suficiente. Me hizo comprender que era posible tener una carrera internacional y una vida familiar. Que me llamasen puta por cantar ya no me hacía nada; al contrario, me reafirmaba'. A Dave Matthews le hizo cantar un proverbio yoruba: 'Un pájaro no aguarda hasta la muerte para volar'. 'Que uno sea joven o viejo no tiene importancia, porque la sabiduría no se mide en el número de años', asegura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de junio de 2002