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COLUMNA

Corpus Barga

Hay ciudades gordas y ciudades flacas. Madrid, por ejemplo, está creciendo más que engordando. (...) París es la más esbelta. Nueva York la más alta. Viena es más elegante, pero está más entrada en carnes. Ciudades gordas son las del Mediterráneo... ¡Qué curvas en las plazas y, sobre todo, en las afueras! 'Las ciudades castellanas viejas no es que sean delgadas, es que están en los huesos'. Así escribía Corpus Barga, nombre literario de Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna. Lo eligió por haber nacido el día del Corpus en 1887. Era tío del gran Ramón y uno de los mejores periodistas del primer tercio del siglo XX, de la redacción de El Sol. En el exilio dirigió la Escuela de Periodismo de la Universidad de San Marcos de Lima. Sus memorias en tres volúmenes, Los pasos contados, fueron una revelación en nuestra época. Murió en Lima en 1975.

Arturo Ramoneda ha preparado, para Alianza, una edición de los artículos madrileños de Corpus Barga. Su prosa tiene cierto aire de familia con la de Ramón. No hace greguerías, pero sí frases rotundas. En un artículo de los años de la República dice: 'Ya no se ven señoritas cursis por la mañana en la calle de Alcalá'. En otro de la misma época: 'El siglo XIX continúa paseándose todas las tardes por el Retiro en coche abierto'.

De Madrid dice que 'no es Florencia ni París pero de Las Vistillas a la montaña del Príncipe Pío, tiene abierto el costado a una naturaleza que ha visto todo el mundo con los ojos de Velázquez'. Otra definición de Madrid: 'Es una ciudad para que llegue en avión a la terraza del Palace Greta Garbo con una misión secreta y para que se pare ante un escaparate Charlie Chaplin'. Llama a Madrid en guerra 'la capital más indefensa de Occidente', donde ha habido que hacer 'el baluarte para la defensa de la cultura'. Le obsesionan los ruidos de Madrid y cuenta en una crónica, en tono de humor, un bombardeo de los 'nacionales'. La gente del café donde se encuentra pide consumiciones a voz en grito y un contertulio le dice: '¡Nada! Que Madrid sigue siendo la ciudad más ruidosa del mundo. ¡El bombardeo apenas se oye!'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de junio de 2002