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GENTE

'NO ERA MI HORA', DICE EL MARINERO LARA

'No era mi hora. Sabía que llegar iba a llegar, por mucho que tardara. En ningún momento me iba a quedar allí. Yo, con 19 años, no me iba a quedar ahí, en la mar', comentó. Patricio Lara Ayllón, el joven malagueño que el pasado domingo cayó por la borda del remolcador Mar Caribe (ver EL PAÍS de ayer) y logró llegar a nado a Isla de Tarifa (a unas cinco millas de distancia), no se considera un héroe. 'Héroe es el que salva vidas a la gente, yo lo que he hecho es poner en práctica el instinto de supervivencia que tenemos todas las personas', sostuvo. Por encima de todo, esta experiencia le ha aportado un conocimiento 'exacto' de lo que padecen los inmigrantes indocumentados que cruzan el Estrecho en pateras. 'En esos momentos fue cuando comprendí la situación de los inmigrantes, lo que pasan. Yo tuve la suerte que a muchos de ellos, que han muerto, les faltó', afirmó. Patricio relató ayer su odisea. A las 23.00 del domingo se dispuso a arrojar por la borda de babor algunos residuos. Tropezó y cayó al mar. Nadie vio el accidente. Tampoco pudo pedir auxilio porque sus primeros esfuerzos fueron nadar lo más rápidamente que pudo para que las turbinas de los motores no le absorbieran. De repente se encontró en medio del Estrecho, asustado, en una noche cerrada, con un poco de oleaje y con una luz muy difusa a lo lejos. Tan adversa tesitura no le hizo perder la calma. 'Me puse nervioso sólo unos segundos, pero mantuve siempre la cabeza fría. En cuanto vi que el barco se fue, decidí tranquilizarme porque con nervios el mar te come', relató. Patricio se desprendió de las botas y la ropa hasta quedarse en calzoncillos. Entonces comenzó a nadar. Pronto sufrió el primer imprevisto serio. 'Sufrí tirones y calambres, pero decidí relajarme y tomarme las pulsaciones', explicó. Nada le hizo parar. Ni siquiera el miedo que sentía porque se le acercara 'algún tiburón chico que hay por la zona'. Sufrió 'un bajón' cuando una lancha tipo zodiac de la Guardia Civil, que le buscaba, pasó a apenas 150 metros sin que se detuviese pese a sus gritos de auxilio. 'Fue el peor momento', suspiró. Tras luchar unos instantes con esta decepción, reanudó la marcha. Después de seis horas y casi cinco millas (más de ocho kilómetros) de brazadas escuchó el rompeolas de unos acantilados. Minutos más tarde tocó tierra en Tarifa. Patricio ha reposado las últimas 48 horas en el hospital naval de San Carlos de San Fernando (Cádiz), donde recibió la siguiente felicitación de Francisco Torrente Sánchez, almirante jefe del Estado Mayor de la Armada: 'Sólo con una gran entereza, voluntad de vencer y pericia se puede conseguir que un accidente así tenga tan feliz desenlace'. El joven sólo pensaba ayer en el alta médica y en un permiso para ir a casa. 'Permiso concedido', contestaron sus mandos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de junio de 2002