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Seve se enfada con El Niño

Ballesteros critica con dureza a Sergio García y le acusa de pedir dinero para formar parte de su equipo en el Seve's Trophy

Machico (Madeira) / Madrid

"Sergio García dice que no puede jugar el Seve's Trophy [torneo bienal que, al estilo de la Copa Ryder, enfrenta a los mejores jugadores de la Europa continental con los de Gran Bretaña e Irlanda] porque está comprometido con un torneo en Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, ha llegado su agente y me ha pedido dinero por participar [la tarifa de García ronda los 170.000 euros]. Y no creo que sea justo para los demás miembros del equipo pedir dinero. Son sólo tres días de competición y los del equipo perdedor percibirán un mínimo de 90.000 euros. Si no juega, es su problema. El torneo se disputará". El segundo Seve's Trophy se celebrará del 19 al 21 de abril en Druids Glen, a 30 kilómetros de Dublín.

Severiano Ballesteros, la gran figura del golf español, uno de los jugadores más grandes de siempre, está enfadado con García, uno de sus herederos, uno de los jóvenes más atractivos. Y eso, en un mundo hecho de reglas de etiqueta y de tradiciones, de charlas de vestuario y de aprendizaje de normas que se pasan de los padres a los hijos, eso en el golf es mucho.

La cosa era más o menos así: el golf en España era un desierto. Pero apareció a finales de los setenta, desde un prado de Pedreña (Cantabria), Ballesteros, un veinteañero, y lo inventó todo. Ganó el Open Británico (tres veces), ganó el Masters de Augusta (dos), logró que los europeos continentales entraran en la Ryder, se convirtió en el golfista más popular de Europa y América. Una década después, siguiendo su senda, surgió José María Olazábal. Siguió su ejemplo. Escuchó sus consejos. Ganó torneos. Ganó también un par de Masters. Se hizo un jugador importante.

La siguiente generación es la de García, El Niño. Ha llegado rompiendo. A su aire. Siguiendo su propio ritmo interior. No ha ganado aún ningún grande, pero es uno de los jugadores más populares. Un hombre que se debe a su público. Todo sonrisas y explosiones de espontaneidad. Un comportamiento difícil de digerir para la mayoría de los establecidos, que se sorprenden, como se sorprendió Olazábal hace un par de semanas cuando Sergio le envió a su caddie para preguntarle si podían entrenarse juntos.

"No le doy consejos sencillamente porque no me los pide", dijo recientemente Olazábal de García, quien el domingo, en el bunker del hoyo 18 de Bay Hill esperó varios minutos pacientemente para dar su bola mientras García, su compañero de partido, recogía un ramo de flores de una niña entre el público."Olazábal es un ejemplo", dijo Ballesteros; "ha ganado dos Masters, ha ganado este año en América y está deseando jugar. No ha cambiado en absoluto".

Olazábal y el resto de los jugadores, son diez por equipo, están deseando jugar el torneo, organizado por Amen Corner, la empresa de Ballesteros, por dos razones: el dinero que se reparte y, sobre todo, homenajear a Seve en una competición que nació hace un par de años -ganó el continente al equipo liderado por el escocés Colin Montgomerie- y que aspira a asentarse como una de las citas ineludibles del golf europeo.

"Le envié a Sergio una carta hace siete meses y no me respondió", relató ayer Ballesteros en Machico, donde hoy comienza el Abierto de Madeira y donde el cántabro, inspirado por un tatuaje en su brazo izquierdo -el gesto de triunfo del propio Seve tras un putt victorioso en Saint Andrews, en el Open Británico del 84-, intentará pasar el corte; "le envié otra hace tres meses, también sin respuesta. Así que, al final, le telefoneé. Es un poco descortés no responder".

El día anterior por la noche, García, que está en Ponte Vedra (Florida), donde hoy empieza el TPC, había explicado que Ballesteros había entendido sus explicaciones. "Esto es lo que pasa a veces", dijo García; "si hubiera un clon de Sergio, sería capaz de jugar en todas partes y todas las semanas, pero desgraciadamente sólo hay un Sergio García".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de marzo de 2002