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Un juzgado sevillano da la razón a una empleada amonestada por 'comunista'

El fallo ve un 'comportamiento antisindical'

Un juzgado sevillano ha condenado a la empresa Bowling Sevilla a cesar su 'comportamiento antisindical' y a indemnizar con 1.000 euros a una trabajadora que fue expedientada, entre otras razones, por 'ser comunista' y acudir a su trabajo con un top y sin sujetador. La sentencia considera probado que los problemas para la empleada empezaron cuando fue elegida delegada de personal y que, por tanto, se han vulnerado los derechos de libertad sindical.

Yolanda Muñoz, de 24 años, conoció ayer la sentencia que le da la razón y estaba contenta, pero no satisfecha. 'Creo que es un poco floja. Por 1.000 euros cualquiera se puede permitir el lujo de tratar así a los trabajadores'. La defensa había solicitado 25.000 euros por daños morales, al considerar que, además de la vulneración de la libertad sindical, la empleada había sufrido trato vejatorio y lesiones físicas. Sin embargo, la indemnización dictada por el Juzgado de lo Social número cinco de Sevilla se queda en 1.000 euros porque considera que esos otros presuntos delitos deben depurarse por la vía penal.

Yolanda llegó como camarera a Bowling Sevilla, una bolera con servicio de restauración situada en el barrio de Sevilla Este, en octubre de 2000, pero sus problemas laborales empezaron en agosto de 2001, cuando fue elegida delegada de personal. Apenas dos meses después, la joven intentó convocar una reunión para plantear algunas quejas laborales y la administradora, Patricia Barea, le advirtió de que 'en su casa nunca iban a tener reuniones con los comunistas', según recoge la sentencia, que señala que en el juicio, que se celebró en marzo, Barea subrayó que 'no reconocía al sindicato CC.OO'.

Unos días después, siete de los 17 trabajadores de la empresa convocaron una huelga, que al final no se llevó a cabo, 'sin que la empresa diera una contestación favorable de su no celebració', según el fallo. De aquellos siete trabajadores, seis fueron despedidos poco después y a Yolanda le prohibieron trabajar en la barra y le llamaron la atención por vestir una camiseta ceñida y no llevar sujetador 'en un lugar donde se celebran cumpleaños', dijo Barea en el juicio.

En octubre la joven sufrió quemaduras de segundo grado en el brazo derecho 'a causa de la utilización de un desengrasante que le fue proporcionado por la empresa para que limpiara la cocina', advierte el fallo, que no considera probado que le dieran este producto intencionadamente.

El 28 de diciembre, Bowling Sevilla le abrió un expediente sancionador y se le dio permiso remunerado hasta que se resolviera, aunque la empleada no cobra desde noviembre. Según recoge la sentencia, cuando se le informó del expediente, Yolanda fue objeto de insultos como 'golfa' y 'comunista', preferidos por algunos responsables de la empresa. Si la empresa acata la sentencia tendrían que aceptar el regreso de Yolanda. La joven afirma que se quedará 'si cambian las cosas'. De lo contrario, está dispuesta a empezar de nuevo su batalla sindical.

Patricia Barea, sin embargo, aseguró ayer que lo que le entregaron a Yolanda el 28 de diciembre era 'la carta de despido' y que la joven 'no va a volver' porque era 'insubordinada' y no hacía bien su trabajo. 'Se dedicaba a darle consumiciones gratis a todos los de CC.OO', aseguró Barea, 'y hubo que prohibirle acercarse a la caja y a la barra, pero jamás he maltratado a un empleado'.

Barea, que se enteró de la sentencia por este periódico, recordó que la empleada pedía 25.000 euros y que se han quedado en 1.000. 'Por algo sérá', subrayaba la administradora, que admitió que le solicitó a Yolanda que usara el uniforme en vez de camisetas ceñidas 'porque esto no es un sitio de alterne'.

Barea admitió también haber despedido a siete empleados 'porque amenazaban continuamente con huelga'. 'O echábamos a todos o nos hundían la empresa', dijo la administradora, que afirma que 'los comunistas' han ocasionado daños en su local por valor de tres millones de pesetas. 'Quemaron neumáticos, pintaron la fachada y echaron silicona en las cerraduras', asegura Barea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de marzo de 2002